Jonás El Profeta

Jonás (en hebreo, que significa «paloma»,  fue un profeta de Dios, en el Antiguo Testamento; es el quinto de los profetas menores e hijo de Amitai.

La Biblia revela algunos detalles que nos ayudan a conocerlo mejor (lea 2 Reyes 14:25). Por ejemplo, sabemos que procedía de Gat-héfer, que estaba a solo cuatro kilómetros (dos millas y media) de Nazaret, el pueblo donde unos ochocientos años después se  criaría Jesús. *

5 Pero cierto día, su vida dio un giro inesperado: recibió un encargo divino que le pareció extremadamente difícil: “Ve a Nínive”

6 “Ve a Nínive la gran ciudad —le ordenó Jehová—, y proclama contra ella que la maldad de ellos ha subido delante de mí.” (Jon. 1:2.)  Nínive —la capital de Asiria— estaba a unos 800 kilómetros (500 millas) en dirección este, y llegar allí a pie podría tomarle un mes. Pero eso no era lo peor. Una vez en la ciudad, tendría que proclamar la sentencia de Dios contra los asirios, un pueblo muy conocido por su extrema violencia y crueldad. Si la predicación de Jonás había tenido poco éxito con el pueblo de Dios, ¿qué podía esperarse de los habitantes paganos de la populosa Nínive? ¿Cómo le iría a un solitario siervo de Jehová en aquel peligroso lugar, al que posteriormente se llamó “la ciudad de derramamiento de sangre”? (Nah. 3:1, 7.)

7 No sabemos si estos eran los temores que rondaban la mente de Jonás. Lo que sí sabemos es cómo actuó. Jehová le dijo que fuera hacia el este, ¡y él huyó lo más lejos posible en dirección contraria! Bajó hasta la costa, hasta el puerto de Jope, y allí se embarcó hacia Tarsis. Según algunos comentaristas bíblicos, esta región se encontraba en España, a nada menos que 3.500 kilómetros (2.200 millas) de Nínive. De ser así, aquel viaje al extremo más lejano del mar Grande podía tomarle un año. Es obvio que Jonás no tenía la más mínima intención de cumplir la comisión de Dios (lea Jonás 1:3).

En lugar de predicar a los nínivitas, como Dios le había dicho decidió huir; quería irse lejos de la presencia de Dios. Después de embarcar, Jonás se durmió profundamente en las «partes más bajas» de la nave. Mientras tanto, los marineros se enfrentaron a un viento tempestuoso enviado por Dios que amenazaba con destrozar el  barco. Clamaron a sus dioses por ayuda y arrojaron objetos por la borda para aligerar la nave.El capitán de la nave despertó a Jonás, instándole a que también invocase a su «Dios».

13 De inmediato, Jonás les confiesa a los marineros que la culpa es de él. Les explica que es un siervo del Dios todopoderoso, Jehová, y que se subió al barco para huir de la comisión que su Dios le había encargado. Pero al desobedecerlo, los ha puesto a todos en peligro. Con el terror dibujado en sus rostros, los hombres le preguntan qué deben hacer para salvar la nave y sus vidas.  Jonás sabe que está en sus manos librarlos de una muerte segura. Así que, aunque le aterrorice la idea de morir ahogado en ese mar frío y enfurecido, les pide: “Álcenme, y arrójenme al mar, y el mar se les aquietará; porque me doy cuenta de que por causa de mí está sobre ustedes esta gran tormenta” (Jon. 1:12).

Quizás el gesto tan altruista de Jonás también conmoviera a los marineros, porque al principio se negaron a arrojarlo al mar. Hicieron todo lo posible para resistir el temporal, pero no sirvió de nada. La tormenta era cada vez más intensa, así que no les quedó más remedio que levantar a Jonás y, pidiendo que su Dios, Jehová, les tuviera misericordia, lo lanzaron por la borda (Jon. 1:13-15).

JONÁS siente que ya no puede soportarlo más. No es solo por el aterrador silbido del viento atravesando la cubierta; tampoco por el ensordecedor estruendo de las olas rompiendo contra la borda y haciendo crujir hasta el último rincón del barco. No, lo que más le angustia son los gritos de los marineros luchando sin descanso por mantener la embarcación a flote. Jonás está convencido de que van a morir… ¡y todo por culpa de él!

2 El profeta se encuentra en esta situación tan desesperada porque ha cometido un pecado contra su Dios. Pero ¿cuál? Y lo que es más importante aún, ¿está a tiempo de arreglarlo? Al examinar el relato de Jonás, encontraremos las respuestas a estas preguntas y aprenderemos buenas lecciones para todos nosotros. Veremos, por ejemplo, que los siervos fieles de Dios pueden cometer graves errores, pero también pueden rectificarlos.

Finalmente los marineros echaron suertes para determinar por culpa de quién se había originado la tormenta. Dios hizo que la suerte cayera sobre Jonás y, como no deseaba que otros perecieran por su culpa, pidió que le arrojasen al mar.

Una vez que fracasaron todos los esfuerzos  de los marineros por volver a tierra,  hicieron con Jonás según su palabra y el mar detuvo su furia.6​ Entonces, Dios dispuso que un gran pez se tragara a Jonás, quien pasó tres días y tres noches en su interior.

20 Pasan las horas. En medio de la más absoluta oscuridad, Jonás tiene tiempo para poner en orden sus pensamientos y orar a Jehová. Su oración —registrada en el capítulo 2 del libro de Jonás— nos revela más detalles sobre el profeta. En ella hace frecuentes citas de los Salmos, lo cual indica que tiene un gran conocimiento de las Escrituras. Sus palabras de conclusión también muestran que posee una valiosa cualidad: la gratitud. Allí le dice a Jehová: “En cuanto a mí, con la voz de acción de gracias ciertamente te haré sacrificio. Lo que he prometido en voto, ciertamente pagaré. La salvación pertenece a Jehová” (Jon. 2:9). Entonces, Dios ordenó al pez que vomitara al profeta en tierra seca.

Cuando se le comisionó por segunda vez para ir a Nínive, Jonás emprendió el largo viaje hacia esa ciudad. «Finalmente Jonás comenzó a entrar en la ciudad por distancia de un día de camino, y siguió proclamando y diciendo: Solo cuarenta días más, y Nínive será derribada.»​

La Biblia no dice si Jonás conocía el idioma asirio o si se le facultó de forma milagrosa para hablarlo. Quizás habló en hebreo y alguien que conocía este idioma hizo de intérprete. En tal caso, es posible que las palabras de Jonás suscitaran gran curiosidad y mucha gente se preguntara qué decía ese extranjero.

Después de haber pasado cuarenta días sin que le ocurriera nada a Nínive, Jonás estaba muy disgustado porque Yahveh no había destruido la ciudad. Incluso oró a Dios para que le quitase la vida. Pero Dios le contestó con la pregunta: «¿Es con razón que te has enardecido de cólera?».9​ Posteriormente el profeta dejó la ciudad y más tarde se hizo una cabaña. Desde ese lugar, al oriente de Nínive, vigiló para ver lo que le ocurría a la ciudad.

El relato dice que cuando de manera milagrosa creció una calabaza vinatera para proveerle sombra, el profeta estuvo muy satisfecho, pero su alegría fue efímera. Al día siguiente, muy de mañana, un gusano hizo que la planta se secase. Privado de su sombra, Jonás quedó expuesto a un viento abrasador procedente del este y al sol ardiente que batía sobre su cabeza. De nuevo, pidió morir.

Por medio de esta calabaza vinatera Dios le enseñó a Jonás una lección de misericordia. Él sentía lástima por la calabaza vinatera cuando ni la había plantado ni cuidado. De modo que Yahveh le dijo a Jonás: «Por mi parte, ¿no debería yo sentir lástima por Nínive, la gran ciudad, en la cual existen más de ciento veinte mil hombres que de ningún modo saben la diferencia entre su mano derecha y su izquierda, además de muchos animales domésticos?».

3 Cuando se menciona a Jonás, la gente suele recordar únicamente sus defectos: que desobedeció a Dios en varias ocasiones y que fue muy testarudo. Sin embargo, también poseía grandes virtudes. Tengamos en cuenta que Jehová lo eligió para ser su profeta, y no lo habría hecho si no hubiera sido un siervo fiel y justo.

  ¿ Acaso pensamos que Jonás era un cobarde? No deberíamos apresurarnos a juzgarlo con tanta dureza, pues más adelante vemos que dio muestras de gran valor. Como cualquiera de nosotros, era un hombre imperfecto que tenía que luchar contra sus debilidades y flaquezas (Sal. 51:5). A fin de cuentas, ¿quién puede decir que no ha tenido miedo alguna vez?

Nosotros debemos hacer como Jonás: aprender de nuestros errores, ser obedientes y poner los intereses ajenos antes que los nuestros.

Se ha dicho, de varios sitios, que son el lugar donde fue enterrado Jonás, pero ninguno de ellos ha sido confirmado como el verdadero.  La más reconocida de sus tumbas se encontraba en la ciudad iraquí de Mosul, en la provincia de Nínive, donde el profeta vivió y cumplió su mandato divino, aunque no descansaba cuerpo alguno en ella. El sitio era un lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, pero fue destruido el 24 de julio del 2014 por el Estado Islámico.

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