El profeta Ezequiel – El personaje Bíblico con Rosa Mariscal

Ezequiel es el nombre de un profeta, el cual escribió un libro en el Antiguo Testamento que lleva su nombre. Es considerado uno de los profetas más importantes mencionados en las Sagradas Escrituras.

El profeta Ezequiel fue uno de los hombres levantados por Dios para profetizar en la época del exilio del pueblo judío en Babilonia.   Era hijo de Buzi y pertenecía a la familia sacerdotal, es decir, era un sacerdote (Ezequiel 1:3). El nombre Ezequiel significa «Dios fortalece» o «Dios hace fuerte».  Vivió entre los cautivos judíos llevados a Babilonia por Nabucodonosor en el 597 a.C. Ezequiel fue uno de los grandes profetas israelitas, advirtió de la destrucción de Jerusalén pero también anunció la restauración del pueblo de Dios.

Ezequiel fue llevado al exilio en Babilonia en el año 597 a.C., poco después de que el rey Nabucodonosor tomara Jerusalén. En ese momento fueron deportados el rey de Judá, Joaquín, toda la familia real, los artesanos especializados y los ciudadanos más destacados (2 Reyes 24:14).

El profeta Ezequiel estaba casado, y su esposa murió repentinamente durante el cautiverio. Esto ocurrió poco antes de que la ciudad de Jerusalén fuera destruida por el ataque del Imperio Babilónico en el año 586 a.C. La Biblia no menciona a los posibles hijos de Ezequiel.  La repentina muerte de su esposa fue anunciada por Dios, y al profeta se le prohibió expresamente afligirse  por el triste acontecimiento. No se le permitió realizar ningún acto relacionado con el luto (Ezequiel 25:15-16). Esta prohibición sirvió como señal de lo que pronto harían los habitantes de la ciudad de Jerusalén (Ezequiel 24:19-27).

Tras ser llevado cautivo, el profeta Ezequiel se estableció junto al río Quebar, en la aldea de Tel Aviv, cerca de Nipur, en Babilonia (Ezequiel 1:1; 3:15). Tras cinco años viviendo en el exilio, recibió su llamado profético. El profeta vivió en su propia casa, donde los ancianos acudían a consultarle (Ezequiel 3:24; 8:1; 14:1; 20:1; Jeremías 29:1-7).

Es muy posible que el profeta Ezequiel comenzara su ministerio profético a la edad de 30 años. Si esto es correcto, entonces tenía entre 25 y 26 años cuando fue deportado a Babilonia. En su libro, el profeta se muestra bastante familiarizado con los preceptos de la religión judía y con el Templo de Salomón. Pero no hay pruebas de que ocupara ningún cargo sacerdotal en Jerusalén antes de ser llevado a Babilonia.

De hecho, los sacerdotes generalmente comenzaban sus funciones en el Templo a la edad de 30 años. Por lo tanto, cuando Ezequiel cumplió 30 años vivía a más de mil kilómetros de su tierra natal. Pero en el año en que iba a comenzar su servicio como sacerdote, Dios lo llamó soberanamente para que se convirtiera en uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento. Durante el período en que profetizó, el Templo estaba en ruinas. 

 El llamado del profeta Ezequiel para ejercer el ministerio profético es uno de los más espectaculares registradas 

en las Sagradas Escrituras. El llamado se describe detalladamente en los capítulos 1, 2 y 3 de su libro. En esa ocasión el profeta tuvo una visión de la gloria divina. Los cuatro seres vivientes, vistos por el profeta Ezequiel con ocasión de su llamado, recuerdan también el llamado a Isaías, donde vio a los serafines que ministraban ante Dios (Isaías 6:2). Además, hay un gran parecido con la visión del trono de Dios que tuvo el apóstol Juan (Apocalipsis 4:16).

Cuando el profeta Ezequiel cayó ante tan gloriosa visión, escuchó las famosas palabras: «Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte» (Ezequiel 2:1). En ese momento recibió el poder del Espíritu para convertirse en un canal de revelación divina y proclamar la Palabra de Dios al pueblo. El profeta Ezequiel es llamado a menudo por Dios con la expresión «hijo de hombre». En este contexto, esta expresión significa básicamente «ser humano», y subraya la insignificancia humana ante el poder y la majestad de Dios.

El gran propósito del mensaje profético del profeta Ezequiel era animar a los judíos exiliados a permanecer fieles a Dios, confiando en que Él cumpliría su promesa de restauración. Dios llevaría a la nación de vuelta a su tierra de origen. Volvería a traer tiempos de gloria al Templo y a Jerusalén. Esto ocurriría después del final del juicio divino sobre los judíos. Este juicio se evidenció en las pruebas y destrucciones provocadas por la ocasión del cautiverio.

Ezequiel anunció el juicio sobre Jerusalén (Ezequiel 1-24). También anunció el juicio divino sobre las naciones extranjeras (Ezequiel 25-32).  Profetizó, tras la destrucción de la ciudad, la restauración y la misericordia para el futuro. Las profecías de Ezequiel sobre la restauración de la casa de David solo se cumplen plenamente en Cristo (Ezequiel 37:24).

Ezequiel usa un lenguaje simbólico de manera extensa, como lo hicieron Isaías y Jeremías. Esto da lugar a la pregunta de que si ciertas porciones de los escritos de Ezequiel deben ser tomadas literalmente o en sentido figurado. El profeta tuvo que enfrentarse a grandes pruebas y soportar terribles sufrimientos para que su vida sirviera de señal para motivar a la nación a buscar el arrepentimiento. Además de mucho simbolismo, el profeta Ezequiel también utilizó parábolas y proverbios (Ezequiel 12:21,22; 15-19).

Durante su encargo como profeta el Señor le advirtió que la casa de Israel no le escucharía, esto era porque los judíos no querían escuchar a Dios mismo. Por eso Dios dijo que fortalecería al profeta contra el pueblo, en una frase que quizá contenga un juego de palabras que se refiere al significado de su nombre (Ezequiel 3:7-8).

El profeta Ezequiel fue contemporáneo de otros dos profetas: el profeta Jeremías y el profeta Daniel. Los tres vivieron durante la época del cautiverio. Aunque Ezequiel, Jeremías y Daniel eran contemporáneos, no estaban cerca el uno del otro. Jeremías profetizó en Judá. Daniel sirvió en la corte del rey Nabucodonosor. El profeta Ezequiel predicó entre los cautivos judíos en Babilonia.

A pesar de que las visiones y profecías de Ezequiel eran claras y vívidas, se sabe muy poco acerca de la vida personal del profeta. Estuvo entre los miles de hombres jóvenes que deportaron de Judá a Babilonia cuando el rey Joacim se rindió. Hasta esos días trágicos, a Ezequiel lo preparaban para el sacerdocio. Pero durante el cautiverio en Babilonia, Dios lo llamó para que fuera su profeta durante uno de los momentos más oscuros de Israel. 

    Ezequiel experimentó el mismo tipo de encuentro impresionante con Dios que Isaías narró ciento cincuenta años antes. Al igual que Isaías, Ezequiel nunca fue el mismo después de su encuentro personal con Dios. A pesar de que los mensajes de Dios mediante estos dos profetas tenían mucho en común, las condiciones en las que vivieron fueron muy diferentes. Isaías advirtió de la tormenta que se acercaba, Ezequiel habló en medio de la tormenta, de la derrota nacional que devastó a su pueblo. Anunció que ni siquiera Jerusalén se escaparía de la destrucción. Además, durante este tiempo, tuvo que resistir el dolor de la muerte de su esposa. 

    La descripción que da Dios de Ezequiel como atalaya en los muros de la ciudad ilustra la naturaleza personal de su ministerio. El trabajo de un atalaya era peligroso. Si descuidaba su puesto, la ciudad entera y él podían ser destruidos. Su propia seguridad dependía de la calidad de su trabajo. La importancia de la responsabilidad de cada persona ante Dios era una parte central del mensaje de Ezequiel. Enseñó a los cautivos que Dios esperaba obediencia y adoración de cada uno de ellos.

Al profeta Ezequiel no se le menciona en otros libros del Antiguo Testamento. Tampoco se le cita directamente en el Nuevo Testamento. Sin embargo, gran parte de sus visiones sirven claramente de base para el simbolismo presente en el libro del Apocalipsis.

La Biblia no informa nada sobre la muerte del profeta Ezequiel. Lo único que sabemos es que su ministerio duró al menos 23 años (Ezequiel 29:17). Teniendo en cuenta, pues, que comenzó a profetizar en el año 592 a.C., cuando tenía 30 años, vivió al menos unos cincuenta años.

Al igual que en los días de Ezequiel, es fácil para nosotros olvidarnos que Dios tiene un interés personal en cada uno de nosotros. Podemos sentirnos insignificantes o fuera de control cuando miramos los sucesos mundiales. Pero saber que finalmente Dios lo controla todo, se preocupa y está deseoso de que lo conozcamos, puede darnos un nuevo propósito en la vida. 

    Virtudes y logros: 

     •      Sacerdote por preparación y profeta por llamado de Dios 

     •      Recibió visiones vívidas y proclamó mensajes poderosos 

     •      Sirvió como mensajero de Dios durante el cautiverio de Israel en Babilonia 

     •      Dios moldeó su carácter para que encajara con su misión: un hombre valiente y fuerte para alcanzar a un pueblo duro y terco (3.8) 

Lecciones de su vida: 

     •      Aun los fracasos continuos de su pueblo no impedirían que se cumpliera el plan que Dios tiene para el mundo 

     •      Es la respuesta de cada persona a Dios lo que determina su destino eterno 

     •      En situaciones de desesperación parecidas a esta, Dios sigue teniendo gente por la cual obrar 

Bibliografía: Biblia del Diario Vivir.

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