Zaqueo (Personaje bíblico) – Rosa Mariscal

La Biblia nos narra el encuentro de Jesús con Zaqueo en el capítulo 19 del evangelio de Lucas y dice así:

 “Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

    La ciudad de Jericó era un núcleo urbano importante, situado de manera estratégica entre las regiones de Judea y Perea. Al ser zona fronteriza disponía de un servicio de aduanas y de una guarnición militar relativamente grande. También era zona de intercambios comerciales al confluir en ella un nudo de comunicaciones significativo. El rey Herodes construyó al lado de la ciudad antigua una ciudad nueva y la dotó de palacios y termas.

La situación comercial, fronteriza, aduanera y militar, otorgaban a la ciudad un ambiente cosmopolita un tanto alejado del cumplimiento estricto de las leyes judías referentes a la moral. La presencia de soldados, comerciantes y numerosos viajeros; hacían que la ciudad fuera en cierta medida una urbe con muchos lugares de diversión.  Desde una perspectiva histórica la ciudad había gozado de un gran prestigio. Recordemos que es una de las ciudades más antiguas que se conocen; y el Antiguo Testamento le concede un gran papel (Jos 6:7).

La palabra Zaqueo es un diminutivo de Zacarías, nombre que significa probablemente: » El Señor se acuerda de nosotros «. Al ser el nombre un diminutivo, nos está indicando, que la persona era muy conocida, y era posible identificarla de esa manera.

 Su profesión consistía en cobrar los impuestos. En la época de Jesús las contribuciones gravaban muy duramente al pueblo judío. El sistema impositivo era muy intenso  y  llegaba a todos los estratos de la sociedad. Cobraban impuestos los romanos, pero también los cobraba el rey Herodes, y había que pagar el diezmo al Templo.

 El impuesto realmente duro y gravoso era el impuesto cobrado por los romanos. El cobro se realizaba, a veces, de forma violenta y mediante la extorsión y el abuso. Generalmente se exigía mucho más de lo que una persona podía pagar; lo que implicaba el empobrecimiento progresivo de la población; y en algunas ocasiones la reducción a la esclavitud de los deudores insolventes.

   Zaqueo era  muy rico. Cobrar impuestos permitía realizar cualquier arbitrariedad, lo que repercutía en el rápido enriquecimiento del cobrador. El hecho de ser recaudador implicaba que Zaqueo fuera mal visto y, a la vez, muy temido por las gentes. Seguramente, en el ejercicio de su profesión habría dado lugar a que cometiera  algunas injusticias ; como hacían habitualmente los recaudadores de entonces. El hecho de ejercer la profesión de recaudador de impuestos, implicaba también que estuviera excluido de la vida religiosa del resto de los judíos. 

    Jesús llevaba bastante tiempo predicando, era ya un personaje famoso que estaba a punto de cruzar Jericó de paso hacia Jerusalén. Zaqueo intentaba ver a Jesús, pero no podía. Su pequeña estatura  y la muchedumbre de gente que se agolpaba en torno  se lo impedían. La gente no solamente le impedía ver a Jesús físicamente, se lo imposibilitaba también moral y espiritualmente. La suerte de su vida estaba echada para siempre; su modo de vida le ha empequeñecido y el desprecio de los demás le impide detectar un futuro distinto.

    Esta idea de lagente respecto a su persona, ciertamente habría influido en su manera de pensar y de percibir su existencia. La opinión que las personas tienen de él, le hace imposible que vea en Jesús a su Salvador.

Aunque las personas tienen tanto desprecio a Zaqueo, “Jesús llega a ese lugar, mira hacia, al árbol, donde está Zaqueo, le vió, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”

Zaqueo obedece a Jesús y hace exactamente lo que él le ha dicho.  Observemos que Jesús no le recrimina nada de su vida pasada.

 Cuando Jesús se ha alojado en casa de Zaqueo, la gente murmura. Critican duramente la decisión de Jesús: » ¡ Ha ido a hospedarse a casa de un pecador ! «. Zaqueo es un pecador: Un hombre perverso  que ha roto sus relaciones con Dios. Un hombre impuro, uno que no tiene derecho a cambiar de vida, ni a liberarse. Una persona a la que no se le permite sentirse bien junto a Dios ni contemplar el rostro de Jesús.

La mirada de Jesús y sus palabras devuelven la dignidad personal a Zaqueo; ahora se sabe alguien ante los demás y ante si mismo. “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.

 Ponerse de pie,  es un símil de recuperar la dignidad. Cuando recibimos el perdón de Dios recuperamos y aceptamos nuestra auténtica humanidad. Solamente el perdón libera. Únicamente el perdón, a pesar de nuestras bajezas, nos permite estar de pie ante el Señor y ante los hombres. Zaqueo ha llegado a la fe, ha descubierto a Jesús como el único Señor de su vida.

 La mente humana  contempla el encuentro con Dios de la siguiente manera: Pecado, conversión, perdón. Pero   Dios ha establecido un proceso mucho más fácil: pecado, perdón, conversión. Observamos este camino en la narración de Zaqueo.

 ¿ Por qué Jesús ha perdonado a Zaqueo ?.  Leamos en la Biblia lo que dice Jesús: “Hoy ha venido la salvación a esta casa: por cuanto él también es hijo de Abraham”. Por el mero hecho de ser persona humana (hijo de Abraham) Zaqueo tiene la capacidad de recibir la misericordia de Dios. Los hombres, simplemente en razón de nuestra propia humanidad, tenemos la posibilidad  para estar de pie ante Dios y recibir de él su perdón y su misericordia. Nuestra liberación consiste en aceptar la mirada y las palabras que Dios nos dirige. 

    La última línea de la narración es especialmente significativa: » Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” La finalidad de la acción de Jesús no es otra que la de liberar al oprimido por cualquier causa. 

La ciudad de Jericó era un núcleo urbano importante,
situado de manera estratégica entre las regiones de Judea
y Perea. Al ser zona fronteriza disponía de un servicio de
aduanas y de una guarnición militar relativamente

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grande. También era zona de intercambios comerciales al
confluir en ella un nudo de comunicaciones significativo.
El rey Herodes construyó al lado de la ciudad antigua una
ciudad nueva y la dotó de palacios y termas.

La situación comercial, fronteriza, aduanera y militar,
otorgaban a la ciudad un ambiente cosmopolita un tanto
alejado del cumplimiento estricto de las leyes judías
referentes a la moral. La presencia de soldados,
comerciantes y numerosos viajeros; hacían que la ciudad
fuera en cierta medida una urbe con muchos lugares de
diversión. Desde una perspectiva histórica la ciudad
había gozado de un gran prestigio. Recordemos que es
una de las ciudades más antiguas que se conocen; y el
Antiguo Testamento le concede un gran papel (Jos 6:7).

La palabra Zaqueo es un diminutivo de Zacarías,
nombre que significa probablemente: » El Señor se
acuerda de nosotros «. Al ser el nombre un diminutivo,
nos está indicando, que la persona era muy conocida, y
era posible identificarla de esa manera.

Su profesión consistía en cobrar los impuestos. En la
época de Jesús las contribuciones gravaban muy
duramente al pueblo judío. El sistema impositivo era muy
intenso y llegaba a todos los estratos de la sociedad.
Cobraban impuestos los romanos, pero también los

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cobraba el rey Herodes, y había que pagar el diezmo al
Templo.

El impuesto realmente duro y gravoso era el impuesto
cobrado por los romanos. El cobro se realizaba, a veces,
de forma violenta y mediante la extorsión y el abuso.
Generalmente se exigía mucho más de lo que una
persona podía pagar; lo que implicaba el
empobrecimiento progresivo de la población; y en
algunas ocasiones la reducción a la esclavitud de los
deudores insolventes.

Zaqueo era muy rico. Cobrar impuestos permitía
realizar cualquier arbitrariedad, lo que repercutía en el
rápido enriquecimiento del cobrador. El hecho de ser
recaudador implicaba que Zaqueo fuera mal visto y, a la
vez, muy temido por las gentes. Seguramente, en el
ejercicio de su profesión habría dado lugar a que
cometiera algunas injusticias ; como hacían
habitualmente los recaudadores de entonces. El hecho de
ejercer la profesión de recaudador de impuestos,
implicaba también que estuviera excluido de la vida
religiosa del resto de los judíos.

Jesús llevaba bastante tiempo predicando, era ya un
personaje famoso que estaba a punto de cruzar Jericó de
paso hacia Jerusalén. Zaqueo intentaba ver a Jesús, pero

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no podía. Su pequeña estatura y la muchedumbre de
gente que se agolpaba en torno se lo impedían. La gente
no solamente le impedía ver a Jesús físicamente, se lo
imposibilitaba también moral y espiritualmente. La suerte
de su vida estaba echada para siempre; su modo de vida
le ha empequeñecido y el desprecio de los demás le
impide detectar un futuro distinto.

Esta idea de lagente respecto a su persona,
ciertamente habría influido en su manera de pensar y de
percibir su existencia. La opinión que las personas tienen
de él, le hace imposible que vea en Jesús a su Salvador.

Aunque las personas tienen tanto desprecio a Zaqueo,
“Jesús llega a ese lugar, mira hacia, al árbol, donde está
Zaqueo, le vió, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende,
porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”
Zaqueo obedece a Jesús y hace exactamente lo que él le
ha dicho. Observemos que Jesús no le recrimina nada de
su vida pasada.

Cuando Jesús se ha alojado en casa de Zaqueo, la gente
murmura. Critican duramente la decisión de Jesús: » ¡ Ha
ido a hospedarse a casa de un pecador ! «. Zaqueo es un
pecador: Un hombre perverso que ha roto sus relaciones
con Dios. Un hombre impuro, uno que no tiene derecho a
cambiar de vida, ni a liberarse. Una persona a la que no se

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le permite sentirse bien junto a Dios ni contemplar el
rostro de Jesús.

La mirada de Jesús y sus palabras devuelven la dignidad
personal a Zaqueo; ahora se sabe alguien ante los demás
y ante si mismo. “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al
Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los
pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo
devuelvo cuadruplicado”.

Ponerse de pie, es un símil de recuperar la dignidad.
Cuando recibimos el perdón de Dios recuperamos y
aceptamos nuestra auténtica humanidad. Solamente el
perdón libera. Únicamente el perdón, a pesar de nuestras
bajezas, nos permite estar de pie ante el Señor y ante los
hombres. Zaqueo ha llegado a la fe, ha descubierto a
Jesús como el único Señor de su vida.

La mente humana contempla el encuentro con Dios de la
siguiente manera: Pecado, conversión, perdón. Pero
Dios ha establecido un proceso mucho más fácil: pecado,
perdón, conversión. Observamos este camino en la
narración de Zaqueo.

¿ Por qué Jesús ha perdonado a Zaqueo ?. Leamos en la
Biblia lo que dice Jesús: “Hoy ha venido la salvación a

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esta casa: por cuanto él también es hijo de Abraham”.
Por el mero hecho de ser persona humana (hijo de
Abraham) Zaqueo tiene la capacidad de recibir la
misericordia de Dios. Los hombres, simplemente en razón
de nuestra propia humanidad, tenemos la posibilidad
para estar de pie ante Dios y recibir de él su perdón y su
misericordia. Nuestra liberación consiste en aceptar la
mirada y las palabras que Dios nos dirige.

La última línea de la narración es especialmente
significativa: » Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y
a salvar lo que se había perdido.” La finalidad de la
acción de Jesús no es otra que la de liberar al oprimido
por cualquier causa.

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