Dios está ahí (Romanos 1) – Ruta 66 con José de Segovia
Muchos dicen que no pueden creer que Dios existe, porque les faltan evidencias para ello. En la Biblia, sin embargo, la incredulidad no se ve como un problema intelectual, sino moral. No es que nos falten razones para creer, es que no nos conviene hacerlo, que es distinto. Romanos 1:18-20 nos dice que «no tenemos excusa».
La película que hizo Terrence Malick con Brad Pitt como productor se inicia con las palabras de Dios a Job, cuando le pregunta dónde estaba él, cuando puso las bases de la tierra (Job 38:4,7). Nos presenta a un matrimonio con tres hijos en un pequeño pueblo de Texas en los años 50, la época en que creció el director. Es una familia religiosa, como la de Malick y Pitt, marcada por un padre atormentado por la culpa y una madre generosa, llena de amor y paciencia, que interpreta la encantadora Jessica Chastain. La película evoca el mundo de la infancia de unos niños con sus vecinos y juegos, hasta irrumpir la inesperada realidad de la muerte del hijo mayor en la guerra de Corea. La perspectiva luego es la del hermano adulto que hace Sean Penn, que se ve ahora solo, entre los rascacielos de una gran ciudad, mientras piensa en su padre y la inocencia perdida. Malick ve al personaje de Penn como «un alma perdida en el mundo moderno, buscando respuesta a los orígenes y el significado de la vida, mientras se cuestiona la existencia de la fe».
El tráiler empieza con la frase de que «hay dos formas de ver la vida: la de la naturaleza y la de la gracia», comienzo más teológico ¡imposible! Hay una dualidad clara en todas las películas de Malick, en la que se yuxtaponen imágenes paradisiacas de la naturaleza con la dura visión de una creación caída. Ya que la naturaleza puede ser también, para Malick, cruel y miserable, mientras que la gracia permite recuperar la armonía. De hecho, la famosa secuencia de los dinosaurios sólo tiene un propósito, filmar un gesto de dominación y piedad, cuando un animal apoya su pata sobre otro, antes de volverse a marchar. La violencia esperada se anula por ese acto de gracia. El personaje interpretado por Brad Pitt, educado por cierto en la iglesia bautista hasta tener una crisis de fe que recordó en la rueda de prensa de Cannes, es humillado al final, reconociendo su vergüenza. «He deshonrado todo», dice. Nos muestra así que somos frágiles criaturas, necesitados de gracia.
Al final escuchamos a un predicador en la iglesia a la que asiste la familia, volver al texto de Job. La inmensidad del mundo nos puede presentar como a Job, una indiferencia inmisericorde, que no se preocupa del ser humano. O podemos descubrir en la maravilla de la Creación, la grandeza de Dios. «Aquí es donde Dios vive», dice la madre a su hijo, mientras contempla los rayos de sol filtrándose entre las hojas de los árboles. «Las cosas invisibles, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa» (Romanos 1:20). Aunque es sólo «por la fe» que «entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (Hebreos 11:3), por la Mano Invisible que hay detrás de todas las cosas. En este programa de radio escuchamos algunas escenas de la versión doblada de la película con la música original de Daniel Panduro y los comentarios de José de Segovia.