«Tienes que estar ahí y a la vez no estar»: así se jubila un pastor | Manuel Álvarez

Entrevista · 50 años de ministerio

Manuel Álvarez lleva sirviendo desde 1975 en la Primera Iglesia Evangélica de Betel, la congregación pentecostal más antigua de Madrid. A los 74 años ha decidido, como dice él en argot torero, «cortarse la coleta». Pasó por El pulso de la vida para contarle al Pr. Lucho cómo se hace bien eso de jubilarse: la conversión de 1972, la España en la que un evangélico no podía casarse por su iglesia y el oficio difícil de seguir estando sin estorbar.

«Tienes que estar ahí y a la vez no estar»: así se jubila un pastor | Manuel Álvarez

El Pulso

Podcast El pulso de la vida




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Hay una frase que el Pr. Lucho repitió dos veces durante la entrevista, como si le costara creerla: «¿Se jubilan los pastores?». Al otro lado del micrófono, Manuel Álvarez asentía. Pastor emérito de la Primera Iglesia Evangélica de Betel —la iglesia pentecostal más antigua de Madrid, fundada en 1927—, lleva sirviendo en ella desde 1975 y acaba de dejar la responsabilidad pastoral en manos de la siguiente generación. «Como dicen en el argot torero», explicó, «me he cortado la coleta». Lo dijo sonriendo, pero enseguida añadió lo otro: «No ha sido difícil, pero indiscutiblemente le entra a uno un poquito de morriña».

Ideas clave

  • Manuel Álvarez y su esposa se convirtieron en 1972, en una campaña evangélica en la iglesia reformada de la calle Calatrava de Madrid, y pasaron al frente los dos sin saber que el otro lo había hecho.
  • Empezó a servir en 1975 como «evangelista», con el sostén económico de las iglesias pentecostales suecas; fue consagrado al ministerio pastoral hacia 1979.
  • Se casó por lo civil porque la ley no le dejaba casarse por su iglesia: tuvo que renunciar por escrito a la Iglesia católica y un juez los entrevistó por separado para comprobar que nadie los coaccionaba.
  • La jubilación no fue el problema; el relevo sí. Su hija y su yerno se ofrecieron después de la pandemia, y el Consejo de la Iglesia preparó la transición.
  • Su regla para un pastor emérito: «Tienes que estar ahí y a la vez no estar». Hacer sombra al sucesor no es bueno, y el riesgo tiene nombre bíblico: Absalón.

«Ha llegado el avivamiento a España»

La historia empieza en 1972, con un cartel. Un amigo de la infancia lo invitó a una campaña evangelística en la iglesia reformada de la calle Calatrava, en Madrid. «Me llevó allí casi engañado», recuerda. «Yo le decía: ¿dónde vas? Y a la iglesia protestante». Era una iglesia de su propio barrio, la misma por la que él y su mujer cambiaban de acera cuando pasaban por delante: «Decían que ahí están los que no creen en Dios ni en la Virgen».

En la puerta había un cartel grande. «Ponía: ha llegado el avivamiento a España». Dentro predicaba Víctor Torres, del equipo de Nicky Cruz, uno de los hombres de La cruz y el puñal. «Su testimonio aquel día fue tan fuerte que nos impactó tanto a mi esposa como a mí».

Se habían sentado separados, cada uno en un extremo del banco, junto a los amigos que los habían llevado. Cuando el predicador hizo la invitación, los dos salieron al frente. «Sin saber que uno u otro había salido. Estábamos con los ojos cerrados». Se encontraron en la plataforma.

«Aquello fue una cosa que no se puede contar», resume. «Una llama se encendió. Hay una realidad que no se trata del discurso, no se trata del lugar, no se trata del ambiente: se trata de Dios».

Manuel Álvarez, pastor emérito de la Primera Iglesia Evangélica de Betel, ante el micrófono de Dynamis Radio
«Hay una realidad que no se trata del discurso, no se trata del lugar, no se trata del ambiente: se trata de Dios», cuenta Manuel Álvarez sobre la noche de 1972 en que él y su esposa pasaron al frente. Foto: Dynamis Radio.

Penitente en Semana Santa y una Biblia que no se leía

Venían los dos del catolicismo practicante, no del desapego. Él estudió con los escolapios en la calle Hortaleza, en San Antón; ella, en un colegio religioso. Iban a misa los sábados —«el domingo había que ir al fútbol», admite: es del Real Madrid y lo sigue siendo— y su mujer participaba en una entidad que peregrinaba cada año a Lourdes.

Él fue penitente en las procesiones de Semana Santa. Y lo cuenta sin rodeos, precisamente porque se ha cansado de oír lo contrario: «Nadie me puede decir que arrodillarse delante de una imagen no se hace porque no se adora la imagen. No: yo he adorado imágenes. No lo tengo que ocultar, y he hablado con ellas. Y siempre esperaba que me hablaran a mí».

La Biblia estaba en casa, pero era un objeto ajeno. Hay incluso una anécdota judicial: un vendedor dejó Biblias católicas grandes, con estampas, a todos los empleados de su empresa, prometió volver a firmar el papeleo y no volvió. Acabaron todos denunciados por haberse apropiado de un libro que no era suyo. «O sea, que yo, por causa de una Biblia, fui juzgado». Todavía la conserva.

Lo que lo cambió todo fue otro libro: un Nuevo Testamento de la versión Dios habla hoy que alguien les regaló. «Aquello lo bebíamos. Lo tengo todavía guardado». Y dentro, un texto por encima de todos: «A mí me revolucionó sobre todo los Hechos de los Apóstoles. Hay textos de los Hechos que los tengo totalmente memorizados».

Evangelista a los 23: los suecos, la correspondencia y un máster treinta años después

Entre la conversión y el ministerio pasaron solo tres años. El Pr. Lucho se lo hizo notar: «Aquí, cuando le dices a alguien ‘¿cuánto tiempo tienes en Cristo?’ y responde ‘tres años’, todavía es un niño. Y tú ya estabas en primera línea de batalla».

En 1975, el Consejo de la Iglesia lo invitó a trabajar en ella como evangelista. Era el modelo sueco: Betel era una iglesia de misión sueca, y la Iglesia Pentecostal de Suecia llamaba así a los jóvenes que empezaban. El sostén económico venía de allí, porque en la España de entonces las iglesias no podían. Hacia 1979 lo consagraron al ministerio pastoral.

Tenía 23 años. «Los hermanos que había en la iglesia en aquel tiempo tuvieron que aguantar mucho», bromea. «Yo predicaba y se me cruzaban los versículos».

Para formarse no había casi nada a mano. Estudió por correspondencia —cursos de las Asambleas de Dios, la famosa Academia Cristiana del Aire argentina— y años después, ya con la vida hecha, su esposa y él terminaron la licenciatura y el máster en Teología. «Pero todo eso fue sirviendo y estudiando, sirviendo y estudiando».

De los suecos habla con deuda: «Fueron un apoyo muy importante para nosotros. Algunos ya han partido con el Señor; tenemos amigos todavía que eran parte de nuestro principio en el ministerio, y les seguimos honrando».

«La gente es muy proclive a poner a los pastores en altares. Y hay un texto que me marcó desde el principio: yo no comparto mi gloria con nadie

Manuel Álvarez, pastor emérito de la Primera Iglesia Evangélica de Betel

Repartir un folleto era «literatura subversiva»

La Ley de Libertad Religiosa de 1967 había abierto una rendija, pero nada más. «Repartir un tratado en la calle, un folleto, una invitación, te podía costar caro». A su mujer y a él los paró una vez la policía municipal en el paseo de las Delicias. «Nos respetaron, pero nos dijeron que esto no se podía hacer, que era una literatura subversiva».

Ahí el pastor hizo una pausa y soltó la frase que mejor resume toda la entrevista: «Oye, y tenían razón. En aquel tiempo y en estos tiempos sigue siéndolo. Porque es el centro de la revolución».

Luego estaba la calle. Predicando casi en la puerta de su propia iglesia, en la calle Fernando Díaz de Mendoza, una mujer se acercó a preguntarles algo que había leído: «Quiero saber de verdad si es verdad que los protestantes os coméis a los niños». No era una ocurrencia suya. «Estaba en los libros. Yo tengo la gran enciclopedia, que era la que estudiábamos, donde a los protestantes se nos ponía del diablo, y Satanás era el propio Lutero».

«Rehúsa ser católica, apostólica y romana»

El episodio más duro es el de su boda. No pudieron casarse por su iglesia. Tuvieron que hacerlo por lo civil, y para eso un juez los entrevistó por separado, «para ver si alguien nos había coaccionado a casarnos», porque el Fuero de los Españoles no les permitía la ceremonia religiosa que ellos querían. Tres días después celebraron la suya en la iglesia.

Antes hubo que hacer algo más: renunciar formalmente a la Iglesia católica. Autoexcomulgarse, dice él. Había que llevar una carta —la redactaba la Comisión de Defensa Evangélica— al párroco de la iglesia donde uno había sido bautizado, y esperar su visto bueno. Como él trabajaba, la llevó su mujer. «A mi esposa la echaron de allí. Tuvimos que mandar la carta por correo certificado con acuse de recibo».

Hasta hoy, en la partida de nacimiento de su esposa figura una anotación al margen: rehúsa ser católica, apostólica y romana.

Los trámites empezaron casi medio año antes, con el asesoramiento de don José Cardona, secretario ejecutivo de la Comisión de Defensa. Álvarez recuerda su consejo con humor amargo: «Manuel, cuando vayas a la ventanilla a entregar los papeles te van a decir que tienes que darles no sé cuánto dinero para pólizas. Tú se lo das, pero no esperes volver a ver ese dinero».

«Ahora lo vemos como una anécdota», concluye, «pero se pasaba muy mal». Y por eso lo cuenta: «Que no se nos olvide, que no se nos quite de la mente, que los tiempos pasados, aunque no fueron mejores, han marcado una historia en nuestro país, y que posiblemente, si la cosa no se remedia, podríamos volver a esas cosas».

El Pr. Lucho entrevista a Manuel Álvarez en El pulso de la vida
Manuel Álvarez, durante la entrevista con el Pr. Lucho en el estudio de El pulso de la vida. «Que no se nos olvide: no hemos llegado ayer». Foto: Dynamis Radio.

¿Se jubilan los pastores?

Aquí el programa llegó a lo que quería preguntar. Sí: los pastores se jubilan. Álvarez cotizó a la Seguridad Social y se jubiló oficialmente a los 65. Pero eso es el papel. Lo otro es el desgaste.

«Los pastores no tenemos callos en las manos», dice, «aunque algunos hemos trabajado mucho con la mano». Él mismo ayudó a construir el templo de abajo de su iglesia antes de ser pastor. «Hemos limpiado los templos, hemos cambiado bombillas, hemos hecho muchas cosas que hoy en día, gracias a Dios, un pastor a lo mejor no tiene por qué hacer. Todo eso ha ido desgastando nuestras vidas».

Ahora tiene 74 años. Y una convicción serena sobre el relevo: «Mentes jóvenes, con las capacidades y las preparaciones que hay ahora en los ministerios —antes no era así—… Uno se siente feliz de que otros puedan llevar esa labor adelante».

El relevo: la pandemia, una hija y un yerno

Lo que precipitó la decisión fue el confinamiento. Viven con su hija, su yerno y dos nietos, y la pandemia los pilló a todos juntos bajo el mismo techo. Ni su hija ni su yerno —los dos, hijos de pastor— querían ser pastores. Servían en la iglesia a tope, pero no era su plan.

«Cuando llegó aquello, viéndonos a nosotros toda la convulsión de trabajo que había y el sufrimiento que estábamos teniendo… terminó la pandemia y se pusieron a disposición». Se lo comunicaron al Consejo de la Iglesia y la transición se fue desarrollando desde ahí.

Lo que más pesaba no eran las horas. «Sobre todo, más que nada, es el tema de la responsabilidad. La responsabilidad es la que más te quita el sueño».

«Tienes que estar ahí y a la vez no estar»

La parte más valiosa de la conversación es también la más incómoda, y la dijo él sin que se la preguntaran. Si los sucesores hubieran venido de otra congregación, asegura, él y su mujer se habrían marchado de la iglesia. «Por ética. Porque a veces hacer sombra a un pastor yo siempre pienso que no es bueno».

El Pr. Lucho defendió la otra cara: la mentoría, el valor de tener cerca a quien ya lleva años «con callos en las rodillas», porque los desafíos vienen igual. Álvarez estuvo de acuerdo, pero puso el matiz: «Tienes que hacerlo con mucho cuidado. Puedes convertirte en el Absalón» —el hijo que se sentaba a la puerta a escuchar los pleitos y acabó robándole el corazón al pueblo—. «Entonces tienes que estar ahí y a la vez no estar».

Detrás hay una teología muy concreta: «La gente es muy proclive a poner a los pastores en altares. Entonces hay que tener mucho cuidado con la gloria. Hay un texto que está desde el principio de mi historia y que me marcó: yo no comparto mi gloria con nadie. Siempre he tenido mucho cuidado en dejar que sea Dios el que se manifieste».

¿Y qué se disfruta ahora? La respuesta llegó rápida: «Lo que disfruto mucho es escuchar que otro me predique. De verdad, eso es una experiencia muy buena». Siempre le gustó compartir el púlpito —invitaba a alguien de fuera una vez al mes—, pero sentarse a escuchar es otra cosa. «Gloria a Dios, eso es muy edificante».

Mil libros, una tableta y 190 años de Sociedad Bíblica

Jubilado no significa parado. Sigue en el Consejo de la Iglesia, predica cuando se lo piden y su esposa mantiene una agenda más exigente que la suya: da los estudios bíblicos y lleva la escuela dominical de las mañanas. Ella ha sido profesora del seminario de las Asambleas de Dios y parte de su junta durante años. «Yo, cuando me casé, dije: si me voy a convertir, quiero una teóloga en casa», bromea. «El problema es cuando predicas: en cuanto nos subimos al coche, lo primero que te dice es has dicho esto».

Al dejar el pastorado tuvo que dejar también en la iglesia mil y pico libros, que ahora se están catalogando para la biblioteca. Lee en tableta, estudia, y admite lo que cuesta admitir: «Elaborar un sermón ya me toma más tiempo. La mente ya no es tan lúcida, está uno más sujeto al papel; antes uno se bandeaba por el púlpito». Él y su mujer se han propuesto también viajar un poco. Llevan 50 años casados —se casaron en 1975, el mismo año en que empezaron a servir— y lo dice así: «Hemos ido a todas partes siempre juntos, y esperamos que el Señor nos lleve juntos».

Hay otra casa a la que ha dedicado décadas: la Sociedad Bíblica de España. Está en su Consejo de Dirección desde 1995 aproximadamente —«yo no sé ni cómo no me han echado»— y fue presidente del Consejo hasta hace dos o tres años. «Me ha honrado estar en Sociedad Bíblica. Es una entidad que he amado muchos años, quizá porque la Biblia fue para mí el impacto». Trabajó con José Luis Andavert y ahora con Luis Fajardo, en el año en que la entidad cumple 190 años: «Qué bonito que sigan otros 190 más».

Y una última recomendación, dicha medio en broma y muy en serio, sobre los pastores que cuentan los días que les faltan para jubilarse y luego trabajan más que antes: «Uno tiene que ser consciente de su propia vida». Habla de cuidarse, también físicamente, porque ha visto de cerca a compañeros de ministerio perder la memoria. «Eso te hace pensar».

«Siervo inútil soy»

La iglesia le hizo un homenaje al cumplirse los 50 años. Y por eso le costaba cerrar la entrevista hablando de sí mismo: «Yo no pretendo dejar una huella ni nada. Esto es como decir: lo hice, pero siervo inútil soy. Tuve que hacerlo. Y no es falsa humildad: es la realidad de la vida, porque el Señor es el que se lleva la gloria».

Pero aceptó contarlo por una razón concreta: «Si mi testimonio y lo que pasó puede ser de beneficio para otros, siempre es bueno». Y sobre todo, para que no se pierda la memoria de aquella España. «No hemos llegado ayer».

El Pr. Lucho se despidió anunciando que parte de esa historia llegará pronto en un trabajo que está preparando José de Segovia. Mientras tanto, queda esto: un hombre de 74 años que empezó a predicar a los 23 cruzándose los versículos, que fue juzgado por una Biblia, que tuvo que renunciar por escrito a la religión de su infancia para poder casarse, y que ahora, sentado en el banco, disfruta de que otro le predique.

Referencias

  • Isaías 42:8 (RVR1960): «Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria», el texto que Manuel Álvarez cita como el que marcó todo su ministerio.
  • Hechos de los Apóstoles: el libro que, según cuenta, lo «revolucionó» tras su conversión y del que memorizó textos enteros.
  • 2 Samuel 15:1-6 (RVR1960): Absalón a la puerta de la ciudad, la imagen que usa para explicar el riesgo del pastor que se queda.
  • Lucas 17:10 (RVR1960): «Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos», la frase con la que resume medio siglo de ministerio.
  • Marcos 10:45 (RVR1960): el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, mencionado al final de la conversación.
  • 2 Timoteo 3:12 (RVR1960): «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución», aludido al recordar los años de hostilidad social.
  • Ley 44/1967, de 28 de junio, reguladora del derecho civil a la libertad en materia religiosa: el marco legal que se cita en la entrevista.
  • Comisión de Defensa Evangélica y José Cardona, su secretario ejecutivo, que asesoraban a los evangélicos españoles en aquellos trámites.
  • Sociedad Bíblica de España (fundada en 1836), de cuyo Consejo de Dirección forma parte desde 1995 — sociedadbiblica.org.

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Temas  Manuel Álvarez · Iglesia de Betel · Jubilación · Pastores · Historia del protestantismo español · Sociedad Bíblica · El pulso de la vida

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Sobre el invitadoManuel Álvarez es pastor emérito de la Primera Iglesia Evangélica de Betel, en Madrid, la congregación pentecostal más antigua de la ciudad, fundada en 1927. Se convirtió en 1972, comenzó a servir en la iglesia en 1975 como evangelista y fue consagrado al ministerio pastoral hacia 1979. Es licenciado y máster en Teología. Forma parte del Consejo de Dirección de la Sociedad Bíblica de España desde 1995, entidad que llegó a presidir. Tras medio siglo de ministerio, ha entregado la responsabilidad pastoral de Betel a la siguiente generación y continúa colaborando con la iglesia desde su Consejo.

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