El informe PISA y el informe sobre acoso escolar llegaron la misma semana. Jaume Llenas los lee juntos y encuentra un mismo diagnóstico: queremos otros resultados sin cambiar nada.
El arranque de temporada de La exhortación en El pulso de la vida llegó con un tema de actualidad y una conclusión incómoda. Jaume Llenas, abogado y director de los Grupos Bíblicos de Graduados, repasó los tres factores que explican el retroceso educativo —las leyes, la escuela y la familia— y terminó señalando a la iglesia: la transformación que pedimos a los demás empieza por uno mismo.
Un informe que no habla solo de escuelas
El último informe PISA volvió a copar titulares esta semana, y la lectura que hace Jaume Llenas desborda el aula: «no nos habla solo de educación, sino que nos habla del estado de nuestra sociedad». Los resultados globales no son buenos. Salvo algunos países de Asia, el resto del mundo retrocede.
El informe mide tres competencias: la científica, la matemática y la comprensión lectora. Es esta última, subraya Llenas, la más importante de las tres, y la que está descendiendo de forma generalizada en todo el mundo. Un país que lee peor entiende peor: los contratos, las noticias, los argumentos y también la Escritura.
No hay atajos. «Es multifactorial. Hay tantos elementos ahí», advierte, antes de rechazar el diagnóstico cómodo. Frente a la tentación populista de repartir culpas, propone un ejercicio incómodo: «tenemos que comenzar a pensar en qué parte del problema es mía, qué es lo que yo puedo hacer, tenga niños o no».

Tres factores y ninguna solución sencilla
El primero son las leyes. Las competencias educativas están transferidas a las diecisiete comunidades autónomas, pero existen leyes marco estatales que todas deben respetar. Lo que la administración exige a escuelas, profesores y alumnos importa, y también la dotación de medios y el sueldo de los docentes.
El segundo es lo que ocurre dentro de la escuela: cómo están formados los profesores y qué ideología hay detrás de esa formación. Llenas señala las modas pedagógicas, y en concreto la de prescindir de los libros de texto para que cada docente cree sus propios contenidos: «no hay tantos miles de profesores que sean capaces de crear buenos contenidos», cuando antes los elaboraban especialistas dedicados a ello.
A eso se suma la carga burocrática. «Luego se les pide a los profesores un montón de trabajo administrativo», porque el funcionario que lo reclama necesita papeles para justificar su propia actividad. «Los profesores tienen que pasar tiempo con los alumnos. No haciendo papeles, no rellenando informes, no preparando programaciones.»

El tercer factor es el más difícil: la familia
El tercer elemento es el que nadie quiere mirar de frente, porque obliga a cambiar en casa. La conversación pública se detiene casi siempre en el tiempo que los menores pasan con ordenadores, pantallas, teléfonos y tabletas. Llenas reconoce el problema, pero se niega a que sea la única explicación: «este no es el único mal».
«A veces son peores el problema de los valores que tenemos como familia», afirma. Y pone el dedo en lo que distingue a las sociedades asiáticas donde los resultados sí mejoran: el valor del esfuerzo. «Ahí se les dice que hay que esforzarse. Y aquí nuestros niños tienen que estar contentos. Nuestros niños tienen que disfrutar. El esfuerzo no es un valor.»
La incoherencia se paga en casa antes que en el colegio: «Muchas veces decimos: qué mal que los alumnos tengan tantos ordenadores. Pero, ¿qué hacen los padres? ¿Cuánto tiempo pasan los padres haciendo scroll? Y los chicos de la casa ven esto».

La misma tecla, el mismo resultado
De ahí sale la imagen que resume la exhortación. Queremos que cambie la administración, que cambie la escuela, que cambien los profesores, «pero no nos damos cuenta de que si seguimos dándole a la misma tecla del teclado del ordenador, obtendremos la misma respuesta».
El ejemplo es doméstico y certero: el ordenador avisa de que no puede abrir un archivo y la mayoría vuelve a pulsar Enter, «a ver si el ordenador cambia de opinión». Insistir no es perseverar. «Dándole a la misma tecla, solo obtendrás el mismo resultado.»
Llegamos donde estamos, sostiene, «porque tenemos unos hábitos que tienen nuestras familias en el país que no son saludables». Cambiar los resultados exige cambiar los hábitos, y eso empieza por quien los tiene, no por el sistema.
El otro informe de la semana: el acoso escolar
Junto al PISA llegó estos días un segundo informe, el del acoso escolar, y el retrato español es «desastroso»: miles de chavales de primaria y secundaria sufriendo bullying. La novedad es el instrumento.
«El bullying ha empeorado precisamente porque muchos alumnos acuden a la inteligencia artificial para crear vídeos y fotos de otros alumnos de los cuales se burlan», explica Llenas. El material circula por WhatsApp a toda la clase, de modo que la humillación ya no termina al salir del centro: «Internet está multiplicando, las redes sociales están multiplicando, la tortura de esos chicos».
Y llega el golpe que nadie quiere escuchar sobre sus propios hijos: «Nuestros hijos, que para nosotros son fantásticos, preciosos, maravillosos, los más listos de la clase, son unos torturadores, son unos abusadores». Si nada cambia, advierte, «nos vamos a convertir todos en víctimas y verdugos».
«Dándole a la misma tecla, solo obtendrás el mismo resultado.»
También la iglesia necesita transformación
En este punto la exhortación se vuelve hacia dentro. La Biblia repite una invitación que es, en el fondo, una llamada al cambio: «Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros» (Zacarías 1:3). «Pero el problema es que no nos queremos volver. Queremos seguir haciendo lo mismo que estamos haciendo ahora.»
La iglesia no queda fuera del diagnóstico: «no basta con que vayamos al culto el domingo, sino que tenemos que ser personas transformadas por el Evangelio». Eso es lo que la Escritura llama ser discípulo de Jesucristo: «alguien que cambia para parecerse cada día más a Jesucristo». Y tiene un coste.
El método que propone es antiguo y exigente: analizarse a la luz de las Escrituras, ponerse delante del único modelo, y emplear los medios de gracia que la iglesia ha ido descubriendo a lo largo de los siglos —la oración, la lectura de la Biblia, el silencio, el ayuno— para que el Espíritu Santo produzca su fruto. «Por naturaleza no tenemos amor, no tenemos gozo, no tenemos paz, no tenemos paciencia, no tenemos bondad, no tenemos benignidad, y sobre todo lo que no tenemos es dominio propio» (Gálatas 5:22-23).
El cierre no admite término medio: «Si un cristiano, después de años de vivir como cristiano, sigue siendo igual o peor, lo que demuestra es que el Espíritu Santo no está obrando ahí». La sociedad necesita transformación, las familias necesitan transformación y los cristianos también. Eso es, dice Llenas, «lo que el informe PISA enseña sobre nosotros como sociedad, pero también como iglesia».
Referencias
- Zacarías 1:3 (RVR1960): «Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, dice Jehová de los ejércitos». Paralelo en Malaquías 3:7.
- Gálatas 5:22-23 (RVR1960): «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza».
- Romanos 6:4 (RVR1960): «...así también nosotros andemos en vida nueva». Véase también Romanos 12:2.
- OCDE, Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), que mide competencia lectora, matemática y científica: oecd.org/pisa.
- Informe sobre acoso escolar en España difundido la misma semana, citado en antena por el invitado.
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Temas Informe PISA · Educación · Acoso escolar · Familia · Discipulado · Jaume Llenas
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Sobre el autorJaume Llenas (Premià de Mar, 1960) estudió Derecho en la Universidad de Barcelona y Comercio Exterior en la UNED. Es coordinador nacional de los Grupos Bíblicos de Graduados (GBU) y del Movimiento de Lausana en España, y forma parte del equipo del Taller de Predicación. Durante diecisiete años fue secretario general de la Alianza Evangélica Española. Hoy impulsa la plantación de una nueva iglesia en El Masnou (Barcelona). Apasionado de la renovación de la Iglesia y de su conexión con la sociedad y el mundo del trabajo, firma La exhortación en El Pulso de la Vida.