El velo se rasgó: ahora puedes entrar tú | La Semilla

La Semilla

El Pr. Lucho recorre en La Semilla los tres imperativos con que Hebreos 10 resume la vida cristiana, y el trasfondo del templo que los hace posibles: el velo que separaba a Dios del hombre ya no está.

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Durante siglos, un solo hombre podía cruzar la cortina que separaba el Lugar Santísimo del resto del templo, y solo un día al año, y nunca con las manos vacías. La carta a los Hebreos anuncia que esa barrera cayó y saca de ahí tres órdenes: acercarse, mantenerse y estimularse. Sobre esa triple exhortación gira La Semilla de este lunes, de la mano de John Stott.

Ideas clave

  • El acceso al Lugar Santísimo estaba reservado al sumo sacerdote, un día al año y con sangre de un sacrificio.
  • Hebreos 10 lo da por cumplido en el sacrificio de Jesús: el acceso queda abierto para todos los creyentes.
  • De ahí tres imperativos: acerquémonos con fe, mantengamos la esperanza, estimulémonos al amor.

Tres imperativos seguidos

«Una triple exhortación», anunció el Pr. Lucho como titular de La Semilla de este lunes, siguiendo a John Stott. El texto es el capítulo 10 de la carta a los Hebreos, y lo que trae son tres verbos en primera persona del plural, uno detrás de otro: acerquémonos, mantengamos firme, considerémonos.

Antes de los tres imperativos, sin embargo, está el motivo por el que se pueden pronunciar: «Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo». Primero el hecho, después la orden. La carta no manda nada que no haya fundamentado antes.

«En esta triple exhortación subyace el diseño y el ministerio del templo», explicó el Pr. Lucho. Sin ese trasfondo, los tres verbos se quedan en buenos consejos. Con él, son la consecuencia de algo que ya ha ocurrido.

Grabado del interior del lugar santo, con el candelabro, el altar del incienso y el velo al fondo
El lugar santo, con el velo bordado al fondo separando el Lugar Santísimo. Grabado de la Holman Bible (1890), dominio público (Wikimedia Commons).

Dos salas y una cortina

El templo estaba construido en dos secciones. A la mayor se le llamaba el lugar santo; a la más pequeña e interna, el lugar santísimo. Allí se manifestaba la gloria, la shekinah, símbolo de la presencia de Dios.

Entre las dos salas se suspendía una pesada cortina: el velo. No era un elemento decorativo, sino una barrera. Impedía la entrada al lugar santísimo, y el acceso estaba sencillamente prohibido. El Pr. Lucho remitió de paso a un clásico sobre el templo y sus servicios, el estudio de Alfred Edersheim, para quien quiera ver el detalle.

Conviene retener la imagen, porque de ella depende todo lo demás. La distancia entre Dios y el hombre no era una idea abstracta: era una tela colgada, y detrás de ella no pasaba nadie.

Grabado decimonónico del sumo sacerdote ofreciendo un sacrificio sobre el altar
«Podía entrar una sola persona, el sumo sacerdote, con una condición: que llevara consigo la sangre de un sacrificio». Grabado de Treasures of the Bible (1894), dominio público (Wikimedia Commons).

Una vez al año, y nunca con las manos vacías

Había una sola excepción a esa prohibición, y estaba estrictamente tasada. Una vez al año, el día de la expiación, podía entrar una sola persona: el sumo sacerdote. Y con una condición: que llevara consigo la sangre de un sacrificio.

Un hombre, un día, y nunca con las manos vacías. Ese era todo el acceso disponible a la presencia de Dios para el pueblo entero durante un año completo.

«Nuestro escritor da por sentado que sus lectores conocen esto», señaló el Pr. Lucho. Y da por sentado algo más: que han entendido su enseñanza de que estas cosas han quedado cumplidas en el sumo sacerdocio y el sacrificio de Jesús. Los evangelios lo contaron con una imagen que no necesita comentario: al morir Jesús, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

Primero: acercarse

De ahí sale el primer imperativo: «Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura».

La lectura que hizo la sección desglosa la frase: acercarse con corazones sinceros y confirmados en la fe, interiormente purificados de la conciencia culpable, y con cuerpos que experimentan la limpieza del agua pura del bautismo. No es un acercamiento tímido ni condicional.

«Este acceso continuo a Dios es un privilegio extraordinario», resumió el Pr. Lucho. La palabra que hace el trabajo es continuo. Lo que antes era una vez al año para uno solo, ahora está abierto todos los días para cualquiera.

«El acceso a Dios a través del velo ha quedado abierto para todos los creyentes.»
Pr. Lucho

Segundo: mantenerse

El segundo verbo mira hacia adelante: «Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió», dice el versículo 23.

«La esperanza cristiana es una expectativa segura», apuntó la sección. No un deseo ni un optimismo de fondo: una espera con objeto concreto, orientada a la venida de Cristo y a la gloria que seguirá.

Y entonces llegó la pregunta incómoda, formulada en antena sin rodeos: ¿cómo aferrarse a esta esperanza cuando tantas personas, aun dentro de la iglesia, han renunciado a mantenerla? La respuesta del texto es una sola y no depende de nosotros: fiel es el que prometió. Jesús prometió que vendría en poder y gloria, y cumple sus promesas.

Una congregación reunida de pie durante un servicio
«Esa relación mutua depende de que nos encontremos, de que tengamos los tiempos de adoración juntos al Señor». Foto: Pexels.

Tercero: estimularse

El tercer imperativo saca la fe del terreno privado: «Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras».

El Pr. Lucho subrayó un dato que la carta deja ver entre líneas: es evidente que el escritor consideraba que sus lectores se habían vuelto perezosos en cuanto a congregarse. El problema no es nuevo ni moderno; estaba ya en el siglo I.

Y de ahí la conclusión práctica: esa relación mutua en la que nos provocamos y nos alentamos depende de que nos encontremos, de que compartamos los tiempos de adoración juntos al Señor. Sin encuentro no hay estímulo posible. El amor y las buenas obras no se contagian a distancia.

La tríada de siempre

El cierre de la sección puso las tres piezas en fila: acceso a Dios por medio de la fe, esperar a Cristo con esperanza, alentarnos unos a otros al amor.

«Esta es la conocida tríada de la fe, la esperanza y el amor», remató el Pr. Lucho. La misma que Pablo deja al final de 1 Corintios 13, aquí convertida en tres órdenes concretas.

Y esa es, según Hebreos, la vida cristiana a la que somos convocados. No tres virtudes para admirar, sino tres cosas que hacer: entrar, sostenerse y empujar al de al lado.

Referencias

  • Hebreos 10:19, RVR1960: «Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo».
  • Hebreos 10:20, RVR1960: «por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne».
  • Hebreos 10:22, RVR1960: «acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura».
  • Hebreos 10:23, RVR1960: «Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió».
  • Hebreos 10:24-25, RVR1960: «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca».
  • Levítico 16, RVR1960: instrucciones sobre el día de la expiación, la única entrada anual del sumo sacerdote al Lugar Santísimo con la sangre del sacrificio.
  • Mateo 27:51, RVR1960: «Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo».
  • 1 Corintios 13:13, RVR1960: «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor».
  • Alfred Edersheim, El templo: su ministerio y servicios en tiempos de Cristo (1874), obra clásica sobre el culto del templo mencionada de pasada en antena como referencia sobre el velo; no se citó edición concreta.
  • John R. W. Stott, síntesis del capítulo 10 de la carta a los Hebreos leída y comentada en el espacio La Semilla de El pulso de la vida (no se identificó en antena la edición concreta de la obra).
  • Fotografía de portada: maqueta del Segundo Templo (Modelo de Jerusalén), foto de Berthold Werner, dominio público (Wikimedia Commons).
  • Ilustraciones interiores: Holman Bible (1890) y Treasures of the Bible de Henry Davenport Northrop (1894), ambas en dominio público (Wikimedia Commons). Fotografía de congregación: Pexels (licencia libre).

Temas  Hebreos · John Stott · Templo de Jerusalén · Esperanza

Pr. Lucho

Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y firma secciones como La Semilla, donde cada mañana desgrana un pasaje de la mano de los grandes maestros de la exposición bíblica. Es además fundador y pastor de la iglesia Fuente de Agua Viva, en Pinto (Madrid), que dirige junto a su mujer, la Pra. Anggelina Ugaz.

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