La revelación ya está completa: ni añadir ni quitar | La Semilla

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El Pr. Lucho recorre en La Semilla las cinco verdades sobre Jesucristo que el primer capítulo de Hebreos deja establecidas, de la mano de los resúmenes de John Stott.

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Dios habló durante siglos «muchas veces y de muchas maneras». En Cristo dijo su última palabra, y con ella la revelación quedó cerrada: no hay nada que añadir ni nada que quitar. Sobre esa afirmación gira el primer capítulo de la carta a los Hebreos, que La Semilla de este jueves desgrana en cinco verdades.

Biblia abierta sobre una mesa de madera
«De la carta a los Hebreos se desconocen el escritor y el destinatario, pero su propósito es explícito». Foto: Pexels.

Una carta sin firma y con un propósito muy claro

De la carta a los Hebreos se desconocen dos cosas que en cualquier otro escrito serían esenciales: quién la escribió y a quién iba dirigida. Y sin embargo, como recordaba esta mañana el Pr. Lucho en La Semilla, su propósito no deja lugar a dudas: establecer el carácter definitivo del sacerdocio, el sacrificio y el pacto de Jesucristo.

Ese es el resumen que hace John Stott, «un campeón para hacer estos resúmenes en frases muy breves», según la definición cariñosa que se le dedicó en antena. Y el objetivo de esa insistencia era pastoral antes que teórico: proteger del error y de la apostasía a unos cristianos que estaban sufriendo persecución.

Los dos primeros capítulos, apuntaba la reflexión, se equilibran con belleza. El capítulo 1 ofrece el retrato de Jesucristo como Hijo de Dios; el capítulo 2 añade su retrato como ser humano. Del primero salen las cinco verdades que ordenaron el espacio de hoy.

La última palabra de Dios al mundo

La primera es que Jesucristo es el clímax de la revelación de Dios. El Señor llevaba siglos hablando: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas», arranca la carta. Pero aquella palabra era parcial y progresiva, entregada a plazos.

En Cristo, en cambio, la autorrevelación es completa y final. «Jesucristo es la última palabra de Dios al mundo», se dijo en La Semilla. No cabe una revelación más elevada ni más plena que la que Dios dio en la encarnación de su Hijo.

De ahí el remate, que es también la advertencia que atraviesa toda la sección: «Ahí está toda la revelación completa. No hay que añadir ni quitar». La frase apunta a una tentación muy vieja y muy actual: la de completar el evangelio con algo más.

Cielo estrellado
«Sustenta todas las cosas con la palabra de su poder» (Hebreos 1:3). Foto: Pexels.

Heredero de todo, sostén de todo

La segunda verdad es que Jesucristo es el Señor de la Creación. El versículo 2 lo presenta como heredero de todo, «y por quien asimismo hizo el universo». Él es su comienzo y su fin: álef y tav, alfa y omega, en cualquiera de los dos alfabetos. Su fuente y su heredero a la vez.

Y mientras tanto —añade el versículo 3— es quien «sustenta todas las cosas con la palabra de su poder». No solo hizo el universo: lo mantiene. La creación no es un mecanismo que se dejó andando, sino algo que se sostiene ahora mismo sobre una palabra.

«Ahí está toda la revelación completa. No hay que añadir ni quitar.»
Pr. Lucho
Luz del sol atravesando un pinar
«El resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia». Foto: Pexels.

Luz de luz: el sello y la impresión

La tercera es que Jesucristo es el Hijo del Padre. La carta lo llama «el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia». Luz de luz, un solo ser con el Padre, decía la reflexión recogiendo el lenguaje de los credos antiguos.

Pero también distinto del Padre. Y ahí llegó la imagen más gráfica del espacio: distinto como es distinto un sello de su impresión. Idénticos en cuanto a la figura, y sin embargo dos cosas que no se confunden. Toda la doctrina trinitaria cabe, en miniatura, en esa comparación.

Se sentó: la señal de una obra terminada

La cuarta verdad es que Jesucristo es el Salvador de los pecadores, y no hay otro. El versículo 3 lo dice con un gesto más que con un argumento: una vez «habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».

Sentarse es lo que hace quien ha terminado su trabajo. Los sacerdotes del Antiguo Testamento estaban siempre de pie, repitiendo sacrificios que nunca acababan de resolver el problema. Que Cristo se sentara es, en la lógica de Hebreos, el anuncio de que la obra está completa.

Superior a los ángeles

La quinta y última: Jesucristo es el objeto de adoración de los ángeles. Fue «hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos», dice el versículo 4. No cabe duda de que los ángeles son seres grandes y gloriosos —insistía el Pr. Lucho—, pero no se comparan con Él.

Para sostenerlo, el autor de la carta encadena citas del Antiguo Testamento que hablan de esa supremacía. Entre ellas, la del versículo 6: «Adórenle todos los ángeles de Dios». Quien recibe adoración de los ángeles no puede ser, él mismo, un ángel.

La advertencia con la que se cierra

La sección termina, como el propio capítulo, con una solemne advertencia: mantenernos atentos al mensaje de los apóstoles para no alejarnos de sus enseñanzas. Es el aviso de Hebreos 2:1: «es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos».

El verbo es exacto y por eso incomoda. Nadie decide deslizarse: uno se desliza sin darse cuenta, poco a poco, mientras cree que sigue en el mismo sitio. De ahí que la carta insista tanto en quién es Cristo antes de pedir nada al lector.

Referencias

  • Hebreos 1:1-2, RVR1960: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo».
  • Hebreos 1:3, RVR1960: «el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».
  • Hebreos 1:4 y 1:6, RVR1960: «hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos» y «Adórenle todos los ángeles de Dios».
  • Hebreos 2:1, RVR1960: «Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos».
  • John R. W. Stott, síntesis de la carta a los Hebreos leída y comentada en el espacio La Semilla de El pulso de la vida (no se identificó en antena la edición concreta de la obra).

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Pr. Lucho

Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y firma secciones como La Semilla, donde cada mañana desgrana un pasaje de la mano de los grandes maestros de la exposición bíblica.

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