Magdalena Piñero, de la librería Casa Cristiana Emanuel, dedica El personaje bíblico de esta semana a Rebeca: la joven del pozo que dijo «iré» sin conocer a su marido y la madre que, años después, quiso adelantarse a Dios.

El Pulso
Puedes escuchar la sección completa en el reproductor de arriba o leer el texto íntegro a continuación. Cada jueves, Magdalena Piñero se asoma a El pulso de la vida desde la librería Casa Cristiana Emanuel para recorrer una figura de la Biblia con su semblanza y su aplicación para hoy. Esta semana le toca el turno a Rebeca —Rivká, רִבְקָה, en hebreo—, esposa de Isaac, madre de Esaú y Jacob y una de las cuatro grandes matriarcas de Israel, junto con Sara, Raquel y Lea. Su historia se encuentra principalmente en Génesis 22-28: la Biblia la presenta como una mujer generosa, valiente y sensible a la voz de Dios, pero también como una madre que, al intentar asegurar el cumplimiento de una promesa divina mediante sus propios métodos, provocó graves divisiones familiares. Su vida nos enseña que no basta con conocer la voluntad de Dios: también debemos confiar en la manera y en el tiempo que Él ha determinado para cumplirla.
Origen y familia
Rebeca era hija de Betuel, hermana de Labán y nieta de Nacor y Milca. Nacor era hermano de Abraham, de manera que Rebeca pertenecía a la familia extensa del patriarca: «Y Betuel engendró a Rebeca» (Génesis 22:23).
Vivía en Aram-naharaim, región relacionada con la Alta Mesopotamia y tradicionalmente asociada con Harán, en el sureste de la actual Turquía. Su familia era aramea, como afirma Génesis 25:20.
El relato refleja costumbres propias del antiguo Oriente Próximo: familias extensas, matrimonios acordados entre grupos de parentesco, entrega de regalos, hospitalidad hacia los extranjeros y pozos que funcionaban como lugares de encuentro. Sin embargo, nuestro conocimiento concreto de Rebeca procede fundamentalmente del relato bíblico.

La búsqueda de una esposa para Isaac
Después de la muerte de Sara, Abraham envió a su siervo más antiguo a buscar una esposa para Isaac entre sus parientes. No quería que su hijo se casara con una mujer cananea, pero tampoco permitió que Isaac regresara a Mesopotamia. La esposa debía venir a Canaán, porque aquella era la tierra vinculada con la promesa de Dios.
La tradición judía identifica habitualmente al siervo con Eliezer de Damasco, mencionado en Génesis 15:2, aunque Génesis 24 no proporciona su nombre.
Cuando el siervo llegó a la ciudad de Nacor, se detuvo junto a un pozo y oró. Pidió que la mujer escogida para Isaac fuera aquella que, además de darle de beber, se ofreciera voluntariamente a sacar agua para sus camellos. Antes de que terminara de orar apareció Rebeca. Cuando el siervo le pidió agua, ella respondió: «Bebe, señor mío» (Génesis 24:18). Después añadió: «También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber» (Génesis 24:19).
Dar agua a diez camellos era una tarea considerable. Rebeca tuvo que bajar repetidamente al pozo, llenar su cántaro y vaciarlo en los abrevaderos. Su respuesta reveló generosidad, diligencia y hospitalidad.
Rebeca no sabía todavía quién era el viajero ni qué podía recibir de él. Su bondad no fue una actuación interesada: su carácter se manifestó en una acción cotidiana, antes de que conociera el plan de Dios para su vida. Desde una perspectiva judía, su hospitalidad la conecta con Abraham, quien también corrió para atender a sus visitantes en Génesis 18. Ambos servían con rapidez, generosidad y sin exigir recompensa.

«Iré»: la decisión de Rebeca
Después de conocer su identidad, el siervo adoró a Dios porque había sido guiado hasta la familia de Abraham. Rebeca corrió a contar lo sucedido en su casa. Cuando el siervo explicó su misión, Betuel y Labán reconocieron: «De Jehová ha salido esto» (Génesis 24:50).
La familia quiso que Rebeca permaneciera con ellos algunos días antes de marcharse, pero el siervo deseaba regresar inmediatamente. Entonces decidieron preguntarle directamente: «¿Irás tú con este varón?». Rebeca respondió: «Sí, iré» (Génesis 24:58).
Esta breve respuesta revela una fe extraordinaria. Rebeca aceptó abandonar su familia y viajar a una tierra desconocida para casarse con un hombre al que nunca había visto. Su decisión recuerda el llamamiento de Abraham: ambos dejaron su tierra y su parentela para participar en el propósito de Dios.
Cuando llegó a Canaán, encontró a Isaac en el campo. Después de escuchar todo lo sucedido, Isaac la llevó a la tienda de Sara: «Y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre» (Génesis 24:67). La llegada de Rebeca a la tienda de Sara representa la continuidad de la promesa: Sara había muerto, pero la historia del pacto continuaría mediante una nueva matriarca.
La tradición midráshica afirma que ciertas señales de bendición presentes durante la vida de Sara regresaron cuando Rebeca entró en su tienda. Este detalle no aparece en Génesis, pero expresa la interpretación judía de que Rebeca continuó la misión espiritual de Sara.
La esterilidad y la oración
Isaac tenía cuarenta años cuando se casó, pero Rebeca era estéril. Durante aproximadamente veinte años no tuvieron hijos. Finalmente, Isaac oró por ella: «Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer» (Génesis 25:21).
La esterilidad también aparece en la vida de otras matriarcas como Sara y Raquel. Dentro de las narraciones bíblicas, esto demuestra que la continuidad del pueblo de la promesa no dependía solamente de la capacidad humana, sino de la intervención de Dios.
La vida de Rebeca enseña que estar dentro de la voluntad de Dios no elimina necesariamente los periodos de espera. Ella había respondido al llamamiento, había entrado en la familia del pacto y era amada por Isaac, pero todavía tuvo que esperar veinte años.
«No basta con saber lo que Dios ha prometido: debemos confiar en Él durante el proceso.»
Rebeca consulta a Dios
El embarazo fue difícil porque los hijos luchaban dentro de ella. Angustiada, Rebeca preguntó: «Si es así, ¿para qué vivo yo?». Entonces «fue a consultar a Jehová» (Génesis 25:22).
Dios le respondió: «Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor» (Génesis 25:23). Los niños representarían dos pueblos: Esaú estaría relacionado con Edom y Jacob llegaría a ser Israel. Además, Dios alteró la costumbre habitual al declarar que el mayor serviría al menor: su elección no dependía de las jerarquías humanas.
Rebeca aparece aquí como una mujer con sensibilidad espiritual. No trató de interpretar sola su sufrimiento, sino que buscó a Dios. El Señor le permitió conocer anticipadamente el lugar especial que Jacob ocuparía en su propósito.
Esaú y Jacob: el problema del favoritismo
Esaú nació primero; Jacob nació agarrado de su talón. Cuando crecieron, sus personalidades fueron muy diferentes: Esaú se convirtió en cazador y hombre del campo, mientras que Jacob fue un hombre tranquilo que habitaba en tiendas.
Entonces surgió una división familiar: «Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob» (Génesis 25:28). Isaac prefería a Esaú y Rebeca favorecía a Jacob. Es posible que ella relacionara su preferencia con la revelación recibida durante el embarazo, pero conocer el propósito de Dios no justificaba construir una familia dividida.
La parcialidad de los padres alimentó la rivalidad entre los hermanos. Esta es una de las enseñanzas más importantes de su historia: el favoritismo puede transformar a los hijos en competidores y destruir la unidad del hogar.

Rebeca y la bendición de Jacob
Cuando Isaac envejeció y perdió la vista, decidió bendecir a Esaú. Le pidió que saliera a cazar y preparara un guisado. Rebeca escuchó la conversación y organizó un plan para que Jacob recibiera la bendición.
Preparó la comida, vistió a Jacob con las ropas de Esaú y cubrió sus manos y cuello con pieles de cabritos. Cuando Jacob temió ser descubierto, Rebeca respondió: «Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz» (Génesis 27:13).
Este episodio debe examinarse con cuidado. Rebeca sabía que Dios había dicho que el mayor serviría al menor. Además, Esaú había despreciado su primogenitura y se había casado con mujeres hititas que fueron «amargura de espíritu» para sus padres. Por tanto, Rebeca tenía razones para creer que Jacob era el escogido.
Sin embargo, una finalidad correcta no convierte en correctos todos los métodos utilizados. Rebeca recurrió al engaño y aprovechó la ceguera de su marido. Dios confirmó posteriormente a Jacob como heredero del pacto, pero la Biblia nunca afirma que necesitara aquel engaño para cumplir su promesa. Rebeca creyó lo que Dios había dicho, pero no esperó a que Dios actuara a su manera.
Desde la tradición judía, frecuentemente se entiende que Rebeca conocía mejor que Isaac el verdadero carácter de Esaú y que actuó para proteger la continuidad espiritual de la familia. Algunos intérpretes la consideran una mujer con conocimiento profético. Aun así, el propio relato muestra las dolorosas consecuencias de su decisión.
Las consecuencias
Cuando Esaú descubrió lo sucedido, decidió matar a Jacob. Rebeca ordenó entonces a su hijo favorito que huyera a casa de Labán: «Mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue» (Génesis 27:44).
Rebeca pensaba que la separación duraría «algunos días», pero Jacob permaneció fuera unos veinte años. Génesis no registra ningún reencuentro entre madre e hijo. Posiblemente Rebeca murió antes de su regreso, aunque la Biblia no lo afirma expresamente.
Rebeca consiguió que Jacob recibiera la bendición, pero quedó separada del hijo que amaba. Esta consecuencia nos recuerda que podemos controlar nuestras decisiones, pero no siempre el alcance de sus resultados. Más adelante, Jacob dijo que Rebeca había sido sepultada junto a Isaac en la cueva de Macpela: «Allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer» (Génesis 49:31).
Rebeca en la tradición judía
El judaísmo reconoce a Rebeca como una de las cuatro matriarcas de Israel. La literatura rabínica la describe generalmente como una mujer justa que conservó su integridad a pesar de crecer en la familia de Labán, cuyo carácter engañador aparece posteriormente en Génesis.
Para la tradición judía, Rebeca es mucho más que la esposa de Isaac: es una madre fundadora de Israel. Su salida de Mesopotamia, su viaje hacia Canaán, su esterilidad superada por Dios y el conflicto entre sus hijos anticipan aspectos esenciales de la historia posterior del pueblo.
Conclusión
Rebeca fue una mujer decisiva en la historia bíblica. Abandonó su tierra por fe, sirvió con generosidad, esperó durante años el cumplimiento de la promesa y buscó a Dios en medio de su angustia. A través de Jacob llegó a ser madre de Israel.
Sin embargo, su vida también contiene una advertencia. Rebeca conoció correctamente el propósito de Dios, pero intentó cumplirlo mediante recursos humanos. Su engaño alcanzó el objetivo inmediato, aunque produjo una dolorosa separación familiar.
Su historia nos enseña que no basta con saber lo que Dios ha prometido: debemos confiar en Él durante el proceso. El Dios que llamó a Rebeca no necesitaba su manipulación, pero tampoco permitió que sus errores destruyeran definitivamente su propósito. Por encima de la debilidad humana permaneció la fidelidad divina.
La vida de Rebeca nos invita a responder como ella respondió al principio: «Iré». Pero también nos recuerda que, después de aceptar el llamamiento, debemos caminar cada día con paciencia, obediencia y una confianza completa en Dios.
Referencias
- Génesis 22:23, RVR1960: «Y Betuel engendró a Rebeca».
- Génesis 24:18-19, RVR1960: «Bebe, señor mío» y «También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber».
- Génesis 24:50 y 24:58, RVR1960: «De Jehová ha salido esto» y «Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré».
- Génesis 24:67, RVR1960: «Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre».
- Génesis 25:21-23, RVR1960: la oración de Isaac por su mujer estéril y el oráculo «Dos naciones hay en tu seno… y el mayor servirá al menor».
- Génesis 25:28, RVR1960: «Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob».
- Génesis 27:13 y 27:44, RVR1960: «Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz» y «Mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue».
- Génesis 49:31, RVR1960: «Allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer».
- Tradición rabínica y midráshica sobre Rebeca (las cuatro matriarcas, las señales de la tienda de Sara): recogida por Magdalena Piñero en su exposición; son interpretaciones judías posteriores, no texto de Génesis.
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Sobre la autoraMagdalena Piñero, de la librería Casa Cristiana Emanuel, presenta El personaje bíblico, el microespacio de los jueves de El Pulso de la Vida en el que recorre figuras de la Biblia con una breve semblanza y su aplicación para hoy.