Cuatro razones para fiarte de la Biblia | La Semilla

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El Pr. Lucho recorre en La Semilla la segunda mitad de 2 Pedro 1 de la mano de John Stott: cuatro afirmaciones sobre qué clase de verdad es la que trae la Biblia.

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Pedro escribe sabiendo que le queda poco, y por eso deja las cosas por escrito. De ese gesto saca la segunda carta cuatro afirmaciones seguidas sobre la naturaleza de la verdad bíblica: es una verdad escrita, testimoniada, iluminadora y divina. Sobre esas cuatro gira La Semilla de este lunes, con John Stott como guía.

Ideas clave

  • Pedro deja su enseñanza por escrito porque sabe que va a morir: la Escritura es palabra de Dios preservada a propósito.
  • Hubo centenares de crucifixiones romanas; sin los apóstoles nadie habría sabido que la de Jesús era distinta.
  • La Biblia no es un foco que ilumine el paisaje entero, sino una antorcha para el paso siguiente.

Un titular y un versículo

«La naturaleza de la verdad bíblica», anunció el Pr. Lucho como titular de La Semilla de este lunes, siguiendo a John Stott. El texto de partida es 2 Pedro 1:21: «porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».

La segunda mitad del primer capítulo de la segunda carta de Pedro es, en palabras de la sección, «un maravilloso pasaje sobre la naturaleza de la verdad bíblica». No dice qué contiene la Biblia: dice qué clase de verdad es la que contiene.

Y lo dice en cuatro afirmaciones seguidas. La verdad bíblica es una verdad escrita, una verdad testimoniada, una verdad que ilumina y una verdad divina. Cuatro razones, en definitiva, para fiarse de ella.

Folio del Codex Sinaiticus, manuscrito bíblico griego del siglo IV
«Después de su partida será necesario tenerlo por escrito y hacerlo accesible». Folio del Codex Sinaiticus, siglo IV, dominio público (Wikimedia Commons).

Primero: una verdad escrita

Pedro escribe sabiendo que le queda poco. Es consciente de su mortalidad y de que su muerte está a las puertas. Mientras siga vivo todavía puede recordar de viva voz a sus lectores lo que les ha enseñado; después de su partida, en cambio, será necesario tenerlo por escrito y hacerlo accesible.

Detrás de ese trasfondo humano —un anciano que ordena sus papeles antes de morir— subyace algo más grande: la providencia de Dios. Si Dios ha dicho y hecho algo único en Cristo, debe hacerse una provisión para que quede preservado. Sería sencillamente inconcebible que el Señor hubiera permitido que se perdiera.

De ahí la primera conclusión de la sección: la Escritura es la palabra de Dios escrita. No un recuerdo que se transmite y se desgasta, sino un texto fijado a propósito para que sobreviva a quienes lo escribieron.

Pintura de la transfiguración de Jesús con los discípulos mirando desde abajo
«Habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad». La transfiguración, de Carl Bloch, dominio público (Wikimedia Commons).

Segundo: una verdad testimoniada

La segunda afirmación es que se trata de una verdad de testimonio. Pedro se remite a la transfiguración, cuando vio la gloria de Dios y oyó su voz: «habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad», dice en el versículo 16.

Ese principio del testimonio directo subyace a todas las Escrituras, porque el Señor levantó testigos para registrar e interpretar lo que estaba haciendo. Y hacía falta, porque el significado de sus acciones no era evidente por sí mismo.

El Pr. Lucho lo ilustró con dos ejemplos que se sostienen solos. En el antiguo Oriente Próximo estaban ocurriendo muchas migraciones tribales, pero nadie habría sabido que el éxodo era un acto singular si Dios no hubiera levantado a Moisés. Del mismo modo, hubo centenares de crucifixiones bajo el gobierno romano; pero si el Señor no hubiera levantado a los apóstoles, nadie habría sabido que la cruz de Jesús era única en su condición.

Camino de piedra iluminado de noche por pequeños faroles
«Peregrinos que viajan de noche necesitan una lámpara». Foto: Pexels.

Tercero: una verdad que ilumina

La tercera afirmación es práctica: la verdad bíblica alumbra. «Hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro», dice el versículo 19.

La imagen describe al pueblo de Dios como peregrinos que viajan de noche. Quien camina de noche necesita una lámpara, y las Escrituras constituyen el libro que cumple ese propósito práctico.

Conviene fijarse en lo modesto de la comparación. No es un foco que ilumine el paisaje entero: es una antorcha, la luz justa para dar el paso siguiente sin tropezar.

«Nadie hubiera sabido que la cruz de Jesús era única en su condición.»
Pr. Lucho

Cuarto: una verdad divina

La cuarta y última vuelve al versículo del titular. Ninguna profecía de la Escritura se originó jamás en la mente o en la voluntad de ningún ser humano, sino de Dios.

«Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». Es la frase que cierra el capítulo y la que sostiene las tres afirmaciones anteriores: si el origen fuera humano, ni el registro escrito ni el testimonio ni la lámpara tendrían el peso que la carta les atribuye.

La lámpara y la pregunta final

«Gracias a Dios por su palabra revelada», remató el Pr. Lucho. Y citó a Stott para cerrar: sin ella, tropezaríamos en la oscuridad.

El Señor nos ha dado una lámpara para iluminar nuestro camino. Y de ahí la pregunta con la que terminó la sección, que no admite muchas respuestas: ¿acaso no la usaríamos?

Referencias

  • 2 Pedro 1:14, RVR1960: «sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado».
  • 2 Pedro 1:15, RVR1960: «También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas».
  • 2 Pedro 1:16, RVR1960: «Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad».
  • 2 Pedro 1:19, RVR1960: «Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones».
  • 2 Pedro 1:20-21, RVR1960: «entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».
  • Mateo 17:1-8, RVR1960: relato de la transfiguración, al que Pedro apela como testigo ocular.
  • John R. W. Stott, exposición de la segunda mitad de 2 Pedro 1 leída y comentada en el espacio La Semilla de El pulso de la vida (no se identificó en antena la edición concreta de la obra).
  • Fotografía de portada: Biblia abierta, Pexels (licencia libre).
  • Ilustraciones interiores: folio del Codex Sinaiticus (siglo IV), dominio público (Wikimedia Commons); La transfiguración, de Carl Bloch (1834-1890), dominio público (Wikimedia Commons); camino iluminado de noche, Pexels (licencia libre).

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Pr. Lucho

Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y firma secciones como La Semilla, donde cada mañana desgrana un pasaje de la mano de los grandes maestros de la exposición bíblica. Es además fundador y pastor de la iglesia Fuente de Agua Viva, en Pinto (Madrid), que dirige junto a su mujer, la Pra. Anggelina Ugaz.

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