Medio siglo después de su estreno, el clásico de Richard Donner sigue siendo la película que más interés despertó por la profecía bíblica. Detrás de ella hay dos asesores religiosos acreditados en los títulos de crédito, un guionista judío agnóstico que se pasó tres meses leyendo la Biblia y toda la fiebre escatológica de la Revolución por Jesús.

El Pulso
Un productor de Hollywood y un cristiano «nacido de nuevo» comen juntos en un restaurante del bulevar de Hollywood. El segundo le hace al primero una pregunta rara: si ha leído alguna vez el último libro de la Biblia. Le dice que no. Entonces llega la idea que lo cambia todo: ¿y si el anticristo volviera convertido en un niño pequeño? El productor soltó la comida, se fue del restaurante y escribió diez páginas. De ahí salió «La Profecía», la tercera película más vista de 1976 y un clásico que este verano cumple medio siglo.
Ideas clave
- «La Profecía» nació de una conversación entre un productor de Hollywood y un amigo evangélico sobre el libro del Apocalipsis.
- Los títulos de crédito acreditan a dos asesores religiosos: Robert Munger y el Rev. Don Williams, figura de la Revolución por Jesús.
- El guionista, judío agnóstico, se pasó tres meses leyendo la Biblia: de ahí salió la idea del anticristo surgido «del mundo de la política».
- En la Biblia los anticristos son muchos, no uno solo, y ya actuaban en el siglo I.

Una comida, diez páginas y cuatro semanas
El productor era Harvey Bernhard. El amigo, Robert Munger, «Bob» para todos, que aparece una y otra vez en los documentales sobre la película presentado como lo que era: un cristiano evangélico nacido de nuevo. Con las diez páginas en la mano, Bernhard llamó a David Seltzer. Había una huelga de guionistas, le pagó por adelantado y en cuatro semanas tuvo el guion.
Munger no era un devoto de fin de semana metido a asesor por casualidad. Actor infantil llegado de Indianápolis, había hecho televisión en la edad de oro de Hollywood y llevaba años intentando meter la fe evangélica en el cine: estuvo detrás de World Wide Pictures, la productora del evangelista Billy Graham, de la película sobre Corrie ten Boom —la holandesa que escondió judíos y acabó en un campo nazi— y de la que se hizo sobre Chuck Colson, el hombre de Nixon que salió de la cárcel convertido. Pero se le recuerda por esta.
El resultado resucitó a un estudio en crisis. Solo la superaron aquel año «Alguien voló sobre el nido del cuco» y «Todos los hombres del presidente», y la taquilla permitió a la Fox financiar su siguiente apuesta: «La guerra de las galaxias». Su director, Richard Donner, venía prácticamente de la televisión; después de esto haría «Superman».

Tres meses leyendo la Biblia
Las dos piezas escépticas del puzle eran precisamente las creativas. Donner y Seltzer eran judíos —Seltzer, de familia ortodoxa— y ninguno de los dos creía en el diablo ni en ninguna realidad sobrenatural. Seltzer aceptó el encargo porque necesitaba el dinero y tenía dos hijos pequeños. Y empezó por donde le habían dicho: se pasó tres meses sin hacer otra cosa que leer la Biblia y a sus comentaristas.
Allí encontró la imagen que lo desencadena todo: la bestia que sube del mar. Y un comentarista que interpretaba ese mar como el mundo de la revolución y el desorden; es decir, la política. Lo ha contado él mismo: el hijo del diablo surgiría del mundo de la política, le puso los tres seises en el cuerpo y ya estaba lanzado.
Donner nunca le puso solemnidad al asunto. Si la película consiguió que la gente leyera la Biblia, decía, se vendieron muchas más Biblias y entró más gente en las iglesias: «así que puede que les hiciéramos algo de bien». Los dos insistieron siempre en que era injusto llamarla película de terror: la veían como cine de suspense, una historia de misterio. De hecho no hay escenas sangrientas; las que lo parecen, si se analizan, no lo son.

Los dos asesores religiosos que salen en los títulos de crédito
Quien aguante hasta el final de los créditos se encuentra una línea que lo explica todo: «Religious Advisers to the Producers: Robert Munger — Rev. Don Williams Ph.D». Los dos, no uno.
Don Williams no le dirá nada al lector medio, pero es un nombre mayor para quien conozca el movimiento de la Gente de Jesús. Vino de Princeton a la Iglesia Presbiteriana de Hollywood, que fue uno de los tres focos de aquella revolución de hippies convertidos, junto con San Francisco y la Capilla Calvario de Costa Mesa. Allí abrió el café-bar donde empezó a cantar Larry Norman. Enseñó Nuevo Testamento en el Seminario Fuller, recibió el «bautismo del Espíritu» y acabó en la Comunidad de la Viña, donde encontraron su sitio Bob Dylan y otros muchos músicos.
Que un hombre con esa formación acabara avalando una fantasía escatológica solo se entiende a la luz de lo que era aquel movimiento.

La obsesión escatológica de la Revolución por Jesús
En la Capilla Calvario, Chuck Smith predicaba un domingo sí y otro también sobre el Apocalipsis y el cumplimiento actual de las profecías. El anticristo era inminente y —como dice la película— vendría de la política. Aquellos jóvenes vivían pendientes del final.
Por encima de todo había un libro: «La agonía del gran planeta Tierra», de Hal Lindsey, que vendió treinta y cinco millones de ejemplares desde 1970. El propio Seltzer lo señaló como su mayor inspiración, por delante de «El exorcista» y de «La semilla del diablo». Lindsey es el padre de lo que se ha llamado la escatología ficción: un personaje de televisión que explicaba la Escritura con la Biblia en una mano y un vaso de whisky en la otra, adoptado a la vez por los evangélicos y por el público secular. Salió de la Cruzada Estudiantil —lo que en Europa llamamos Agapé—, montó su propio centro en Albuquerque y vivió durante años de los derechos de aquel libro.
En 1978 se estrenó la película documental basada en él, narrada nada menos que por Orson Welles. El tráiler de la versión latina, la única que existe, suena entero en el programa. Es un documento de época que merece la pena escuchar.

666, 616 y todos los chiflados
El número da para un artículo entero. Bernhard había leído que identificaba a Nerón, y así lo sostienen muchos comentaristas; pero la lista de candidatos no ha parado desde entonces. Empezando por los que se lo aplicaron a sí mismos, como Aleister Crowley, el padre del satanismo moderno, que se hacía llamar la bestia. Y siguiendo por Napoleón, Hitler, Sadam Huseín o Bill Gates.
Hay lecturas más serias. Luis Martínez Vallés, que le ha dedicado un libro entero —«Y su número es 666»—, acaba encontrando luz en G. K. Beale, que traduce buena parte del texto y muestra el sentido simbólico que tiene el número. Y recoge además la variante 616: la que aparece en un papiro conservado en Oxford, la que ya cita el padre de la iglesia Ireneo y la que Antonio Piñero ha popularizado aquí en programas como los de Iker Jiménez.

Babuinos en Windsor y una maldición de periódico
Lo que se cuenta del rodaje daría para otro programa. La familia vive en una mansión del siglo XVII; el despacho del embajador es el despacho real de la embajada de Estados Unidos, que entonces —sin el terrorismo de ahora— se pudo usar; y las iglesias que se ven son anglicanas fuera de uso, salvo la fachada de una que sí seguía abierta.
En el safari park de Windsor, Lee Remick no sabía conducir con marchas y se quedó atascada. Los babuinos no atacaban el coche hasta que alguien recordó que se habían puesto agresivos el día que se llevaron anestesiado al patriarca de la manada: lo repitieron, y los gritos de pánico que se oyen en la película son de verdad.
Y luego está la famosa «maldición»: aviones alcanzados por rayos, la avioneta del productor Mace Neufeld golpeada por una tormenta, un vuelo a Israel que Gregory Peck canceló en el último momento y que acabó estrellándose, y la muerte real y trágica de Liz Moore, ayudante del responsable de efectos especiales John Richardson, en un accidente de carretera en los Países Bajos. Donner repitió siempre que no le veía ningún sentido profético. Y hay una explicación menos sobrenatural: aquel Londres tenía atentados del IRA casi cada semana, y los sustos de aviación son mucho más frecuentes de lo que la leyenda quiere recordar.

Lo que dice de verdad la Biblia sobre el anticristo
Aquí el programa cambia de registro. La palabra «anticristo» aparece solamente en las cartas de Juan. En Tesalonicenses se habla del hombre de pecado; en Apocalipsis, de la bestia; en Daniel, del cuerno. Y cuando Juan la usa, la usa en plural: son muchos, no uno solo escrito con mayúscula.
Tampoco son solo futuros. El texto bíblico los presenta actuando ya en la era apostólica, en el comienzo mismo de la iglesia. No era algo que se anunciaba para el final de los tiempos, sino algo que se estaba viviendo. Cada generación, como dice D. A. Carson, vive la influencia de anticristos.
¿Cómo se reconocen? Por su blasfemia: niegan quién es Jesucristo. Toda secta, toda religión falsa, todo maestro que pretenda que Jesús es algo distinto de lo que dice el testimonio apostólico, habla según ese espíritu. José de Segovia recuerda a John Stott, maestro suyo, que en esto pedía ser conservadores: no hay nuevas revelaciones sobre Jesús; lo que sabemos de él es lo que enseñaron los apóstoles.
De ahí el remate del programa, que es también la mejor respuesta a medio siglo de especulación: el Apocalipsis no es un libro para dar miedo, sino para confiar en que Cristo ya ha vencido.
«Los creyentes debemos arrebatar a los chiflados el libro de Apocalipsis. No es un libro para producir miedo y terror, sino todo lo contrario: para confiar en que Cristo ha vencido a sus enemigos»
Referencias
- 1 Juan 2:18, 22; 4:3 y 2 Juan 7 (RVR1960) — los «muchos anticristos» que «ya están en el mundo».
- 2 Tesalonicenses 2:3-4 — el hombre de pecado.
- Apocalipsis 13:1 y 13:18 — la bestia que sube del mar y el número de la bestia.
- Daniel 7:8 — el cuerno pequeño.
- David Seltzer, La Profecía (novelización publicada dos semanas antes del estreno, 1976).
- Hal Lindsey, La agonía del gran planeta Tierra (1970); versión cinematográfica de 1978, narrada por Orson Welles.
- Luis Martínez Vallés, Y su número es 666.
- G. K. Beale, comentario a Apocalipsis (Westminster Theological Seminary).
- D. A. Carson, exposición sobre las cartas de Juan.
- Michael Troughton, biografía de su padre, Patrick Troughton, intérprete del padre Brennan.
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