Jonás: más allá del gran pez, un corazón que Dios quiso cambiar | Magdalena Piñero

El personaje bíblico

Magdalena Piñero, de la librería Casa Cristiana Emanuel, arranca la temporada de El personaje bíblico con Jonás: el profeta que no huyó por miedo, sino porque sabía que Dios era capaz de perdonar a sus enemigos.

Jonás: más allá del gran pez, un corazón que Dios quiso cambiar | Magdalena Piñero

El Pulso

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Puedes escuchar la sección completa en el reproductor de arriba o leer el texto íntegro a continuación. Cada jueves, Magdalena Piñero se asoma a El pulso de la vida desde la librería Casa Cristiana Emanuel para recorrer una figura de la Biblia con su semblanza y su aplicación para hoy. Hoy vamos a detenernos en una de las historias más conocidas y sorprendentes de toda la Biblia: la historia de Jonás. Cuando pensamos en él, probablemente lo primero que nos viene a la mente es el gran pez que lo tragó. Sin embargo, si nos quedamos solamente con esa parte, nos perdemos el verdadero mensaje del libro. Porque Jonás no es principalmente la historia de un hombre y un pez, sino la historia de un Dios misericordioso que quiere salvar, de un pueblo que tiene la oportunidad de arrepentirse y de un profeta que tiene que aprender que el corazón de Dios es mucho más grande que el suyo. Jonás fue un profeta de Dios y aparece también en 2 Reyes 14:25, durante el reinado de Jeroboam II en Israel. No era, por tanto, un hombre que desconociera al Señor: conocía a Dios, conocía su carácter y había recibido el privilegio de hablar en su nombre.

El llamado de Dios

El libro comienza diciendo: «Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí». El llamado de Dios es claro: Jonás debe levantarse, ir a Nínive y anunciar allí el mensaje que Dios le ha dado.

Nínive estaba vinculada al poderoso Imperio asirio, una de las grandes potencias del antiguo Oriente Próximo. Para un israelita, Asiria no era simplemente una nación extranjera; era un pueblo poderoso y amenazante. Por eso, cuando Dios manda a Jonás a Nínive, no le está enviando a un lugar cómodo ni a personas que compartan su cultura y su fe. Le está enviando precisamente a un pueblo que él no quería ver recibir misericordia.

Y aquí comienza el conflicto. Dios dice: «Ve a Nínive», pero Jonás se levanta para huir «a Tarsis». Jonás está tratando de huir de su misión. ¿Por qué? La respuesta la encontraremos más adelante, cuando Jonás diga al propio Dios que sabía que Él era «clemente y piadoso, tardo en enojarte y de grande misericordia». Esto es muy importante porque significa que Jonás no está huyendo simplemente por cobardía. Él sabe cómo es Dios y teme precisamente que Dios perdone a Nínive.

Desde una perspectiva judía, algunos comentaristas han entendido además que Jonás podía temer por su propia credibilidad como profeta si anunciaba el juicio y finalmente la ciudad se arrepentía y Dios no ejecutaba el castigo. Pero, más profundamente, Jonás representa a alguien que conoce la justicia de Dios, pero tiene dificultades para aceptar su misericordia cuando esta alcanza a sus enemigos.

Jonás arrojado al mar en plena tempestad, grabado de Justus Sadeler según Paul Bril
«Jonás está dormido en el interior de la nave mientras toda la tripulación está desesperada». Jonás arrojado al mar embravecido, grabado de Justus Sadeler según Paul Bril (1610-1620). Dominio público (Wikimedia Commons / National Gallery of Art).

La respuesta de Jonás

Jonás encuentra una nave que parte hacia Tarsis y sube a ella, pero Dios responde a su rebelión levantando una gran tempestad sobre el mar. El viento es tan fuerte que la nave está a punto de romperse. Los marineros tienen miedo, claman cada uno a su dios y comienzan a arrojar la carga al mar para intentar salvar sus vidas. Y en medio de todo aquello encontramos una imagen muy llamativa: Jonás está dormido en el interior de la nave mientras toda la tripulación está desesperada. Finalmente, el capitán lo despierta y le pide que invoque a su Dios.

Los marineros echan suertes para descubrir quién es responsable de aquella desgracia y la suerte cae sobre Jonás. Él les explica quién es y les dice que teme a Jehová, el Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. Hay aquí una ironía extraordinaria: Jonás conoce al Dios que creó el mar y, sin embargo, intenta escapar de Él precisamente por medio del mar. Cuando los marineros le preguntan qué deben hacer, Jonás les dice que lo arrojen al mar. Ellos intentan primero remar para regresar a tierra, pero finalmente lo lanzan al agua. Y cuando Jonás cae al mar, la tempestad se calma.

Pero la reacción de los marineros es uno de los detalles más sorprendentes de esta historia. Aquellos hombres que no pertenecían al pueblo de Israel terminan reconociendo el poder de Jehová, ofreciéndole sacrificios y haciendo votos. Jonás había huido porque no quería que Dios tuviera misericordia de Nínive, pero incluso durante su huida Dios estaba utilizando la situación para acercar a otras personas hacia Él. Esto nos muestra que la desobediencia de Jonás no podía frustrar los propósitos de Dios.

El gran pez devuelve a Jonás a tierra firme, grabado de Anton Wierix según Maerten de Vos
«Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra». Grabado de Anton Wierix II según Maerten de Vos. CC0 (Wikimedia Commons / The Metropolitan Museum of Art).

Jonás en el gran pez

Cuando Jonás es arrojado al mar, parece que todo ha terminado. Sin embargo, el texto dice: «Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás». El pez no aparece simplemente como un monstruo enviado para destruirlo, sino como un instrumento dentro de la providencia de Dios. Jonás había intentado escapar de la presencia del Señor y ahora descubre que ni siquiera las profundidades del mar están fuera de su alcance.

La Biblia dice que Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches y, desde allí, ora a Dios. Jonás se encuentra completamente atrapado, sin ninguna posibilidad humana de salir, y desde las profundidades vuelve a clamar al Señor. Habla de las aguas que lo rodean y de haber descendido hasta lo más profundo, pero reconoce que Dios todavía puede escucharlo.

Desde una perspectiva judía, este episodio puede relacionarse muy bien con una de las ideas centrales del libro: la teshuvá, el «retorno». Jonás había tomado una dirección equivocada y ahora comienza a regresar. No solamente tendrá que volver físicamente hacia Nínive; tendrá que volver a la misión que Dios le había dado. Por eso, el pez no es simplemente un castigo, sino también un lugar de transformación. Jonás desciende a las profundidades y desde allí vuelve a Dios.

Y Dios responde a su súplica. El texto dice: «Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra». Jonás no encuentra una salida por sus propias fuerzas; Dios interviene.

Jonás predicando en Nínive, dibujo de Johann Wolfgang Baumgartner
«Los habitantes de Nínive creen a Dios. Ayunan, se visten de cilicio y abandonan su mal camino». Jonás predicando en Nínive, de Johann Wolfgang Baumgartner (s. XVIII). CC0 (Wikimedia Commons / The J. Paul Getty Museum).

El segundo llamado de Dios

Después de todo lo ocurrido, podríamos pensar que Dios habría terminado con Jonás. Pero sucede algo precioso: «Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive». Por segunda vez. Dios vuelve a llamar al mismo hombre que había desobedecido. Su fracaso no había cancelado el propósito de Dios.

Esta vez Jonás obedece. Va a Nínive y anuncia el mensaje: «De aquí a cuarenta días Nínive será destruida». Y entonces ocurre algo extraordinario. Los habitantes de Nínive creen a Dios. Ayunan, se visten de cilicio y abandonan su mal camino. Incluso el rey se humilla públicamente y ordena que la ciudad clame a Dios. Finalmente, Dios ve sus acciones y tiene misericordia de ellos.

Aquí aparece una de las grandes claves para comprender a Jonás desde la tradición judía. El libro de Jonás se lee tradicionalmente en la tarde de Yom Kipur, el Día de la Expiación, precisamente porque su mensaje está profundamente relacionado con la teshuvá, el arrepentimiento y el regreso a Dios. Nínive se convierte en un ejemplo extraordinario de que el arrepentimiento verdadero puede cambiar el destino de una persona o incluso de una comunidad. Los ninivitas no se limitan a sentirse culpables: cambian de camino.

Y aparece una paradoja maravillosa: el profeta de Dios es Jonás, pero quienes experimentan una transformación radical son los ninivitas. Jonás predica sobre el arrepentimiento y Nínive responde. Jonás conoce a Dios, pero todavía tiene que aprender a aceptar el corazón misericordioso de Dios. Es casi como si mientras Jonás estuviera intentando conseguir que Nínive volviera a Dios, Dios estuviera intentando conseguir que Jonás volviera a tener un corazón conforme al suyo.

Esto también explica por qué la historia tiene tanta importancia en Yom Kipur. Cuando una persona judía escucha la historia de Nínive en ese día, escucha un mensaje de esperanza: nadie debe pensar que su situación es irreversible. Si Nínive pudo abandonar su mal camino y Dios tuvo misericordia, entonces el arrepentimiento siempre puede abrir un camino de regreso. La teshuvá significa precisamente eso: volver.

Jonás sentado bajo la calabacera frente a Nínive, pintura mural sueca de Per Persson
«Jonás había tenido compasión de una planta que no había creado ni hecho crecer, pero no quería tener compasión de una ciudad llena de personas». El profeta Jonás bajo la calabacera, de Per Persson (1819). Dominio público (Wikimedia Commons / Nationalmuseum, Estocolmo).

El enojo de Jonás con Dios

Y aquí llegamos a la parte más sorprendente de toda la historia. Nínive se arrepiente y Dios tiene misericordia de la ciudad. Cualquiera podría pensar que Jonás estaría feliz. Sin embargo, Jonás se enfada. La razón aparece en sus propias palabras: «Sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de grande misericordia». Jonás había huido precisamente porque sabía que Dios podía perdonar.

Él quería que Nínive recibiera justicia; Dios quería darle la oportunidad de arrepentirse. Y aquí descubrimos que el verdadero problema de Jonás no era solamente su desobediencia. Era su corazón. Quería recibir misericordia, pero no quería que sus enemigos la recibieran. Conocía el carácter de Dios, pero no estaba dispuesto a compartirlo.

Dios entonces le pregunta: «¿Haces tú bien en enojarte tanto?». Jonás sale de la ciudad y se sienta para observar qué ocurrirá. Dios hace crecer una planta que le da sombra y Jonás se alegra mucho por ella. Después, la planta se seca y Jonás vuelve a angustiarse. Entonces Dios utiliza aquella planta para enseñarle. Jonás había tenido compasión de una planta que no había creado ni hecho crecer, pero no quería tener compasión de una ciudad llena de personas.

Y aquí está el verdadero corazón del libro. Dios no solamente quería que Jonás obedeciera; quería transformar su manera de mirar a los demás. Jonás tenía compasión cuando algo le beneficiaba a él, pero Dios quería enseñarle a tener compasión por personas que él consideraba indignas.

Por eso el libro termina con una pregunta de Dios: si Jonás tuvo compasión de una planta, ¿no tendría Dios compasión de Nínive? Y la Biblia no nos dice cuál fue la respuesta de Jonás. La historia queda abierta. Y quizá queda abierta porque ahora la pregunta también es para nosotros.

«Quería recibir misericordia, pero no quería que sus enemigos la recibieran. Conocía el carácter de Dios, pero no estaba dispuesto a compartirlo.»

Magdalena Piñero

La enseñanza de Jonás

Jonás no es simplemente la historia de un hombre que huyó de Dios y terminó dentro de un pez. Es la historia de un hombre que tuvo que descubrir que la misericordia de Dios no puede quedar encerrada dentro de nuestros propios límites. Nínive era una ciudad pagana, extranjera y enemiga, pero Dios vio que sus habitantes podían arrepentirse. Los marineros tampoco pertenecían al pueblo de Israel, y aun así llegaron a reconocer al Señor. Y Jonás, a pesar de su rebelión, recibió una segunda oportunidad.

Hay algo especialmente profundo en la manera en que termina la historia. Nínive necesitaba arrepentirse, pero Jonás también necesitaba cambiar. Nínive tuvo que abandonar su mal camino, mientras Jonás tuvo que abandonar su resentimiento. Nínive tuvo que aprender a volverse hacia Dios, y Jonás tuvo que aprender a mirar a los demás con los ojos de Dios.

Por eso la historia de Jonás sigue teniendo tanta fuerza. Porque es fácil amar la misericordia de Dios cuando somos nosotros quienes necesitamos recibirla. Lo difícil es alegrarnos cuando Dios extiende esa misma misericordia a alguien que nosotros pensamos que no la merece.

Jonás quería que Dios tuviera misericordia de él, pero tuvo que aprender a tener misericordia de los demás. Y quizá esa sea la pregunta que el libro nos deja hoy: ¿estamos dispuestos a tener el corazón de Dios?

Porque todos hemos necesitado misericordia. Todos hemos necesitado volver. Todos hemos tenido momentos en los que hemos huido en una dirección diferente a la que Dios nos marcaba. Pero la historia de Jonás demuestra que Dios puede encontrarnos incluso en las profundidades. Puede volver a llamarnos después de nuestro fracaso y puede utilizar nuestra vida incluso después de nuestros errores.

Pero también quiere hacer algo más: quiere transformar nuestro corazón. No solamente quiere llevarnos a donde Él quiere que vayamos; quiere enseñarnos a amar lo que Él ama.

La historia comienza con Jonás huyendo de Dios y termina con Dios preguntándole por su corazón. Y esa pregunta queda abierta hasta nuestros días: ¿tenemos nosotros el corazón de Jonás o estamos aprendiendo a tener el corazón de Dios?

Referencias

  • Jonás 1:1-2, RVR1960: «Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí».
  • Jonás 1:3, RVR1960: «Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis».
  • Jonás 1:9 y 1:12-16, RVR1960: la confesión de Jonás ante los marineros («temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra»), el mar que se aquieta y los sacrificios y votos de la tripulación.
  • Jonás 1:17 y 2:10, RVR1960: «Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás» y «Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra».
  • Jonás 3:1-2, RVR1960: «Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad».
  • Jonás 3:4-10, RVR1960: el pregón de los cuarenta días, el ayuno de la ciudad, el decreto del rey y la misericordia de Dios.
  • Jonás 4:2 y 4:4-11, RVR1960: «Sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de grande misericordia», la calabacera y la pregunta final de Dios sobre Nínive.
  • 2 Reyes 14:25, RVR1960: Jonás hijo de Amitai, profeta de Gat-hefer, durante el reinado de Jeroboam II en Israel.
  • Lectura del libro de Jonás en la tarde de Yom Kipur y noción de teshuvá («retorno»): tradición litúrgica judía, expuesta por Magdalena Piñero en su intervención; es interpretación posterior, no texto del libro de Jonás.

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Magdalena Piñero

Sobre la autoraMagdalena Piñero, de la librería Casa Cristiana Emanuel, presenta El personaje bíblico, el microespacio de los jueves de El Pulso de la Vida en el que recorre figuras de la Biblia con una breve semblanza y su aplicación para hoy.

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