Testimonio (Hechos 26) – Ruta 66 con José de Segovia

Ruta 66 con José de Segovia

José de Segovia lee el capítulo 26 de los Hechos —la última defensa de Pablo, ya ante el rey Agripa, del que hace su relato final de conversión— junto al testimonio real de Mark Whitacre, el ejecutivo de ADM que destapó el mayor caso de fijación de precios de la historia de Estados Unidos y que cuenta la película El soplón (Steven Soderbergh, 2009), con Matt Damon. Dos hombres, siglos de distancia, la misma pregunta: qué es en realidad lo que cambia a una persona por dentro.

Testimonio (Hechos 26) – Ruta 66 con José de Segovia
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Hay momentos que cambian a una persona totalmente. Lo llamamos su conversión, y se ha intentado explicar de mil maneras de dónde viene que alguien pueda reinventarse así, que le ocurra algo que le cambie el carácter y la forma de vida entera. José de Segovia busca esa explicación, sobrenaturalmente bíblica, en el capítulo 26 del libro de los Hechos, donde Pablo hace ante el rey Agripa lo que muchos han llamado su apología pro sua: dar razón, ante quien se la pide, del cambio radical que ha habido en su vida.

Ideas clave

  • Hechos 26: la última defensa de Pablo y su relato final de conversión, hecho ante el rey Agripa, nieto de Herodes el Grande.
  • «El soplón» (Soderbergh, 2009): Mark Whitacre, ejecutivo de ADM, destapa el mayor caso de fijación de precios de la historia de EE. UU. y, en prisión, entrega su vida a Cristo.
  • Ginger Whitacre, como la esposa de este ejecutivo, y Chuck Colson, el «fontanero» de Watergate convertido en capellán de cárceles, son los instrumentos humanos de una conversión que, dice Segovia, siempre es inexplicable.

Un nieto de Herodes el Grande

El interés de este capítulo, recuerda Segovia, es ante quién comparece Pablo. Agripa es de la dinastía herodiana: su abuelo, Herodes el Grande, había intentado destruir al niño Jesús; su tío Antipas, tetrarca de Galilea, decapitó a Juan el Bautista y recibió de boca del propio Jesús el título de «zorro»; y su padre, Agripa I, mató a espada al apóstol Santiago, el hijo de Zebedeo. Es ante ese linaje donde Pablo hace, por última vez en el libro de los Hechos, el relato de su conversión.

Marca en ella tres énfasis. Primero, su origen como fariseo estricto, formado en Jerusalén con el rabino Gamaliel tras haberse criado en Tarso. Segundo, cómo ese celo avanzó hasta convertirlo en un perseguidor fanático: buscó con la autoridad de los principales sacerdotes la prisión y la muerte de los discípulos, votó para que fueran ejecutados, los llevó a juicio en las sinagogas e intentó por la fuerza que blasfemaran contra el nombre de Jesús. Y tercero, el giro: el mismo hombre, ahora comisionado como mensajero de ese evangelio que antes perseguía.

Dibujo de Giorgio Vasari: San Pablo se defiende ante el rey y el gobernador romano
«Defendit se coram rege et praeside Rom[ano]» — San Pablo se defiende ante el rey (Agripa) y el gobernador romano (Festo). Dibujo de Giorgio Vasari, s. XVI. The Metropolitan Museum of Art, dominio público (CC0).

«El soplón»: un ejecutivo que se creía una estrella del rock

A ese relato antiguo, Segovia suma uno reciente. Estos días ha estado en España Mark Whitacre, un ejecutivo norteamericano que fue presidente de la división de biotecnología de ADM (Archer Daniels Midland), una de las mayores empresas de aditivos alimentarios del mundo, y que protagonizó toda una trama del FBI en torno a una política ilegal de fijación de precios que sobrevaloraba productos de alimentación —y por la que él mismo acabó en la cárcel—. No se logró tenerlo en el estudio, pero sí su testimonio grabado, que el programa presenta junto a la película que se hizo sobre él: El soplón (The Informant!), de Steven Soderbergh, con Matt Damon en el papel de Whitacre.

La película, basada en el libro The Informant del periodista del New York Times Kurt Eichenwald, cuenta cómo Whitacre, con solo 32 años, era ya el cuarto ejecutivo en el escalafón de una empresa del Fortune 500: tenía avión privado propio desde su primera semana de trabajo. «Con 32 años, un avión privado y sin conocer a Dios —cuenta él mismo en la grabación— tuve mi momento Justin Bieber, mi momento Charlie Sheen y mi momento Britney Spears, todo en un mes». En pocos meses se compró una casa con tres campos de golf y garaje para ocho coches, que llenó con un Ferrari, dos Mercedes y dos BMW: «Era el ejemplo perfecto de un liderazgo egoísta, no del liderazgo de servicio con el que Dios quiere que sirvamos».

Matt Damon en el photocall de «El soplón» (The Informant!) en Venecia, 2009
Matt Damon en el photocall de El soplón (The Informant!), 66.ª Mostra de Venecia, 7 de septiembre de 2009. Foto: Nicolas Genin (CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons).

Ginger, la brújula moral

Whitacre no confiesa su fraude por iniciativa propia. «¿Por qué demonios ibas a destapar el escándalo de tu propia empresa?», se pregunta él mismo en la grabación. «Pues porque no fui yo. Fue mi mujer, Ginger». La conocía desde el instituto —ella, creyente ya entonces; él, «usaba mis dotes y mis estudios para una sola cosa: ¿qué puedo hacer para llegar más lejos?»—. Fue Ginger quien, tras orar sobre el asunto, le dijo que llevaban robando mil millones de dólares al año y que, si él no se entregaba al FBI, lo haría ella. «O lo hacía yo o lo hacía ella por mí», recuerda Whitacre. «Y así empezó el mayor caso de fijación de precios de la historia de Estados Unidos».

A diferencia de Pablo, que en su relato aparece solo, la conversión de Whitacre pasa fundamentalmente por el instrumento de su esposa. La película, apunta Segovia, no lo convierte en héroe: el personaje de Matt Damon miente más de lo que habla, manipula las situaciones, se contradice sobre las cantidades desviadas. Es, con razón, «un sinvergüenza». Y sin embargo Whitacre no exagera su propia maldad, como sí hacen tantos testimonios de conversión: sencillamente no muestra siempre la gravedad de lo que hizo, quizá porque un fraude económico se sitúa, para muchos, en otra categoría que los actos de violencia.

El camino de Damasco no fue una caída de un caballo

«Una conversión es algo siempre inexplicable», dice Segovia. «Es una transferencia radical de alianza, pero también liberación de todo lo que significa la oscuridad que ha dominado tu vida». La experiencia de Whitacre, aclara, no es el camino de Damasco de Saulo: él cae en desgracia, y eso es lo que le abre los ojos; la célebre caída del caballo que la tradición atribuye a Saulo —ninguna fuente bíblica lo dice— no es un desastre personal, sino la intervención sorprendente de la propia persona de Cristo, ese «intruso trascendente», en palabras de C. S. Lewis, que se le presenta con una voz que le pregunta por qué le persigue.

Charles «Chuck» Colson
Charles W. «Chuck» Colson, exasesor de Nixon condenado por Watergate y fundador de Prison Fellowship, el ministerio en cárceles que visitó a Whitacre durante su condena. Foto: Casa Blanca / Nixon Presidential Library, dominio público.

Esa intervención, recuerda Segovia, tuvo también su instrumento humano en la cárcel de Whitacre: Chuck Colson, el «fontanero» de la Casa Blanca de Nixon, artífice del escándalo Watergate, que tras su propia conversión dramática fundó un ministerio en prisiones y visitó a Whitacre con regularidad durante los casi diez años que pasó encarcelado, hasta la muerte de Colson.

«Una conversión es algo siempre inexplicable. Es una transferencia radical de alianza, pero también liberación de todo lo que significa la oscuridad que ha dominado tu vida.»
José de Segovia

Diez años y medio por rechazar seis meses

Cuando el FBI le ofrece un acuerdo —seis meses en una prisión federal sin vallas—, Ginger le suplica que firme. Whitacre hace justo lo contrario: despide al abogado que se lo consigue, contrata a todo un equipo nuevo y pelea el caso tres años en los tribunales. La condena final: diez años y medio. «Fui mi peor enemigo a cada paso», reconoce. «Estaba absolutamente ciego», comenta Segovia, «y esa es la realidad que encontramos en la palabra de Dios del hombre natural sin Dios: un efecto claro del pecado es su estupidez. No puede ver las cosas como son realmente».

Al salir con 49 años, sin familia, sin trabajo, con antecedentes, Whitacre intentó quitarse la vida. Fue entonces cuando un desconocido, Ian House, que había leído su historia en la prensa, se presentó en su porche: «La cárcel va a ser el comienzo de tu vida». Le habló no de ir a la iglesia —a la que Whitacre ya iba por costumbre—, sino de una relación personal con Jesucristo, y empezó a acompañarle por un estudio llamado Operación Timoteo. «Entregué mi vida a Jesús el 4 de junio de 1998, en mi tercer mes de prisión», cuenta Whitacre. «La mejor decisión de toda mi vida. Sentí una paz que no había sentido jamás».

«Lo que deseo es que sea como yo, a excepción de estas cadenas»

El capítulo 26 de Hechos termina con Agripa incómodo —«¿Estás intentando hacerme cristiano?»— y Pablo respondiendo con las palabras que cierran el pasaje: que desea que todo el que le escucha llegue a ser como él, «a excepción de estas cadenas». Lucas deja constancia de su inocencia: de no haber apelado a César, podía haber quedado libre. Dios, concluye Segovia, tenía un propósito para esas cadenas, igual que lo tuvo para la celda de tres metros por tres de Whitacre.

Es fácil preguntarse por qué estas historias de conversión son siempre de celebridades: un cualquiera que se convierte no llama la atención. Hay algo de verdad en eso, admite Segovia. Pero el propio apóstol Pablo, el más indigno de los apóstoles por haber perseguido a la iglesia, y un ejecutivo que vivía la vida soñada por tantos, comparten el mismo diagnóstico y el mismo remedio: no un catálogo de reglas más estrictas, sino un Dios que acepta como es a quien reconoce su mal.

Referencias

  • Kurt Eichenwald, The Informant, Broadway Books, 2000.
  • The Informant! (España: El soplón), dir. Steven Soderbergh, guion de Scott Z. Burns, Warner Bros., 2009.
  • Testimonio grabado de Mark Whitacre, difundido por la Connexión de Hombres de Negocios del Evangelio Completo (CBMC) y el estudio Operación Timoteo.
  • Flavio Josefo, Antigüedades judías, libros XVIII-XX (la dinastía herodiana: Herodes el Grande, Herodes Antipas, Herodes Agripa I y Agripa II).
  • Sobre Charles W. «Chuck» Colson y su ministerio en prisiones: Charles Colson, Born Again, Chosen Books, 1976.
  • Citas bíblicas tomadas de la versión Reina-Valera 1960 (Hechos 26).

Temas  Ruta 66 · Hechos 26 · Mark Whitacre · El soplón · Chuck Colson · José de Segovia

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José de Segovia

Sobre el autorJosé de Segovia Barrón (Madrid, 1964) es periodista, teólogo y pastor. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, estudió Teología Sistemática en la Universidad de Kampen (Holanda) y Estudios Bíblicos en la escuela de Welwyn (Inglaterra). Es pastor de la Iglesia Reformada de Madrid, en el barrio de El Salvador (Ciudad Lineal), y presidió la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española entre 2001 y 2015. Enseña en la Facultad Internacional de Teología IBSTE (Castelldefels), el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos de Barcelona, la Facultad de Teología UEBE de Alcobendas y la escuela de Welwyn. Desde 2002 firma una columna semanal en Protestante Digital y ha publicado una docena de libros sobre cine, música, arte y fe. En El Pulso de la Vida firma Al trasluz, Ruta 66 y El sueño se ha acabado.

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