Preso en Roma, lo único que le preocupaba era el Evangelio | La Semilla

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El devocional de John Stott se detiene en Filipenses 1:27-30, escrito durante el arresto domiciliario de Pablo en Roma: cinco llamados que van de la coherencia de vida al sufrimiento entendido como privilegio.

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En La Semilla de este lunes, el Pr. Lucho comparte la reflexión que John Stott titula «Vivir una vida que honre el Evangelio», sobre Filipenses 1:27: «Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio» (RVR1960).

Ideas clave

  • Pablo escribe Filipenses bajo arresto domiciliario en Roma (años 60-62 d.C.), encadenado a un soldado y a la espera de juicio.
  • Su preocupación no es su propia suerte, sino qué será del Evangelio cuando él ya no esté.
  • De los versículos 27 al 30 salen cinco llamados: vivir dignamente, estar firmes, contender por la fe, trabajar unidos y sufrir por Cristo.
  • La unidad que pide Pablo es unidad en lo esencial, no unidad a cualquier precio.
  • Fe y sufrimiento aparecen como privilegios cristianos paralelos, no como castigo ni como accidente.

Dos años encadenado a un soldado romano

La escena que hay detrás de la carta no es la de un escritorio tranquilo. Pablo quedó bajo arresto domiciliario en Roma durante unos dos años, entre los años 60 y 62 d.C., esposado a un soldado y sin saber cómo terminaría el proceso.

Él mismo se describe con dos expresiones que lo dicen todo: «preso en el Señor» (Efesios 4:1) y preso «por causa de Cristo» (Filipenses 1:13). No se ve como víctima de un tribunal, sino como alguien puesto donde está por una razón.

De ahí la pregunta que plantea el devocional: ¿y si aquella cárcel fue, precisamente, la ocasión para meditar y escribir?

Papiro P46 con el final de Filipenses y el comienzo de Colosenses
El papiro P46, uno de los testimonios más antiguos de las cartas de Pablo: aquí termina Filipenses y empieza Colosenses. Imagen: dominio público (Wikimedia Commons).

Las cartas de la prisión y una cristología sublime

Lo que salió de aquel encierro no fueron quejas, sino cuatro cartas que la iglesia lleva veinte siglos leyendo. Stott las resume con una sola idea: cada una revela una cristología sublime.

En Filipenses, Jesús desciende hasta los abismos y es exaltado a lo más alto. En Efesios, todo queda puesto bajo sus pies. En Colosenses, Cristo es la cabeza suprema de las dos creaciones: el universo y la iglesia. Y Filemón completa el grupo con una carta personal sobre el perdón.

El apóstol sabe que podría estar cerca de la muerte. Pero, viva o muera, su principal interés no está en sí mismo, sino en el Evangelio y en lo que ocurrirá con él cuando ya no esté. Esa es la clave para entender los cinco llamados que siguen.

Primero: vivir una vida digna del Evangelio

El primer llamado es de coherencia. Nuestra conducta debe armonizar con nuestro llamamiento: no puede haber dicotomía entre lo que decimos y lo que somos, sino una consistencia esencial entre ambas cosas.

Es la petición más incómoda de la lista, porque no se resuelve con una declaración doctrinal. Se comprueba en la vida diaria de quien dice creer.

«El sufrimiento es la insignia del auténtico cristiano.»
Dietrich Bonhoeffer

Segundo: estar firmes en el Evangelio

La estabilidad importa en cualquier esfera de la vida, recuerda el devocional: un gobierno estable, una economía estable, un edificio estable. Nadie discute su valor cuando se trata de las cosas materiales.

El diagnóstico llega después: hoy se ve escasa estabilidad en doctrina y en ética. Estar firmes no es rigidez, es no cambiar de suelo cada vez que cambia el clima cultural.

Tercero: contender por la fe del Evangelio

El tercer llamado describe una combinación entre evangelismo y apologética. No basta con la proclamación del Evangelio: también hace falta su defensa y la argumentación de su verdad.

Anunciar y razonar no son tareas rivales ni pertenecen a departamentos distintos de la iglesia. En el texto de Pablo van juntas.

Ruinas del yacimiento arqueológico de Filipos, en Grecia
Ruinas de Filipos, la ciudad a cuya iglesia Pablo pidió estar «firmes en un mismo espíritu». Foto: Salwa Farwaneh Dameh, CC0 (Wikimedia Commons).

Cuarto: trabajar juntos por el Evangelio

Es el llamado a la unidad, uno de los grandes énfasis de la carta. Pablo urge a los cristianos de Filipos a estar firmes «en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio» (v. 27).

El devocional añade una acotación importante: el apóstol no propugna la unidad a cualquier precio, negociando las verdades fundamentales. Habla de estar unidos en lo esencial del Evangelio, que es otra cosa.

Retrato de Dietrich Bonhoeffer
Dietrich Bonhoeffer, autor de la frase con la que cierra el devocional. Foto: Bundesarchiv, Bild 146-1987-074-16, CC BY-SA 3.0 de (Wikimedia Commons).

Quinto: sufrir por el Evangelio

El último llamado es el más duro y el que Pablo formula con más claridad: «porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él» (Filipenses 1:29).

Impresiona, subraya Stott, que la fe y el sufrimiento aparezcan como privilegios cristianos paralelos, concedidos por Dios a su pueblo. No son un accidente en el camino: son parte del don.

Los filipenses habían visto a Pablo sufrir persecuciones físicas cuando estuvo en su ciudad, y sabían que a ellos les tocaría algo parecido. Por eso el devocional cierra con la frase de Dietrich Bonhoeffer, que escribió desde su propia experiencia bajo el nazismo.

Referencias

  • Filipenses 1:27, RVR1960: «Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio».
  • Filipenses 1:27-30, RVR1960 (los cinco llamados; cf. v. 29: «porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él»).
  • Filipenses 1:13, RVR1960 (Pablo preso «por causa de Cristo») y Efesios 4:1, RVR1960 («yo pues, preso en el Señor»).
  • Hechos 16:11-40 (la estancia de Pablo en Filipos y la prisión que allí sufrió, tal como la recordaban sus lectores); Hechos 28:16-31 (los dos años de arresto domiciliario en Roma).
  • John Stott, devocional «Vivir una vida que honre el Evangelio», leído en el espacio La Semilla de El pulso de la vida (texto asociado a la obra devocional de Stott sobre las cartas de la prisión).
  • Dietrich Bonhoeffer, frase asociada a «El precio de la gracia» (Nachfolge, 1937), en la que vincula el sufrimiento al seguimiento de Cristo.

Temas  La Semilla · John Stott · Filipenses · Pablo · Dietrich Bonhoeffer

Pr. Lucho, Luis E. Panduro

Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y suele leer en voz alta a los grandes autores buscando en sus páginas el rastro de Dios. Es además fundador y pastor de la iglesia Fuente de Agua Viva, en Pinto (Madrid), que dirige junto a su mujer, la Pra. Anggelina Ugaz.

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