Juan Antonio Monroy arranca una serie corta sobre los padres en la Biblia: el nombre más antiguo de Dios, la familia patriarcal donde la madre apenas cuenta y el giro que introduce el Nuevo Testamento.
«A partir de hoy voy a grabar una serie de programas dedicada a los padres en la Biblia». Con esa frase abre Juan Antonio Monroy su espacio El Heraldo de la Verdad en El pulso de la vida. Y empieza por el elogio más alto que, a su juicio, ha recibido nunca un padre: está en el primero de los evangelios, donde Jesús compara el reino de los cielos con un hombre corriente que madruga. «Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña» (Mateo 20:1, RVR1960).
Ideas clave
- «Padre» es, para Monroy, el nombre más antiguo de Dios, y designa creación, no generación.
- En el Antiguo Testamento solo cabe hablar de los deberes del padre: la madre apenas aparece.
- El Nuevo Testamento eleva a la mujer al mismo plano de igualdad dentro de la familia.
- El deber central de los padres, según los libros poéticos, es instruir a los hijos.
El mayor honor que ha recibido un padre
La comparación no es menor. Según los comentaristas que cita Monroy, el reino de los cielos se identifica con la iglesia; y si Jesús eligió como imagen de ese reino a un padre de familia saliendo de madrugada a buscar jornaleros, es que la paternidad da la talla para explicar lo más alto.
De ahí salta a lo más terrenal. Si en una iglesia local las relaciones entre los miembros pueden ser difíciles, en una familia normal también pueden serlo entre padres e hijos. Monroy cita una encuesta del Instituto Gallup según la cual el 80 % de los jóvenes estadounidenses de entre 16 y 23 años mantenía muy malas relaciones con sus padres, y añade que en Europa ocurre lo mismo.
Su conclusión es directa: ser padre o madre es lo mejor que a un hombre y a una mujer les puede ocurrir, pero si se ha decidido traer un hijo al mundo existe la obligación de trabajar a favor de él. «El trabajo de los padres no puede quedar relegado a un segundo plano», dice. Los niños necesitan saber que sus padres se ocupan de ellos y que los quieren, y eso obliga a buscar un equilibrio entre el trabajo diario y la atención a los hijos.
«Padre» es el nombre más antiguo de Dios
Monroy avisa de que deja a un lado la abundante literatura secular sobre las relaciones entre padres e hijos y enfoca el asunto desde una perspectiva exclusivamente bíblica. Y ahí lo primero que hay que decir, sostiene, es que padre es el nombre más antiguo de Dios: pueblos primitivos anteriores a los hebreos ya empleaban esa palabra para referirse a la divinidad.
En la Biblia, sin embargo, ese nombre no designa una paternidad por vía de generación, sino de creación. Es el punto donde el predicador levanta la voz: «No descendemos por evolución del mono, ni hemos surgido de un choque de planetas, ni somos hijos de la casualidad; nuestro Padre es Dios porque Él nos creó».
El recorrido bíblico es rápido y va de punta a punta. En el pacto con David: «Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo» (2 Samuel 7:14). En la oración de Isaías: «Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros» (Isaías 64:8). En Malaquías: «¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?» (Malaquías 2:10). Y en boca de Pablo ante los griegos de Atenas: «De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra» (Hechos 17:26).
«No descendemos por evolución del mono, ni hemos surgido de un choque de planetas, ni somos hijos de la casualidad: nuestro Padre es Dios porque Él nos creó.»

En el Antiguo Testamento no hay «padres»: hay padre
Aquí llega la observación más incómoda del programa. Si nos ceñimos al Antiguo Testamento, dice Monroy, es imposible hablar de las relaciones entre padres e hijos entendiendo por «padres» al marido y a la mujer, porque el papel de la madre apenas se destaca en los primeros libros de la Biblia.
Hay un detalle lingüístico que lo explica: ni en hebreo ni en griego existe una palabra que corresponda a nuestro concepto de matrimonio, sencillamente porque ese concepto no está en la Biblia. En los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento la palabra aparece una sola vez, en una referencia fugaz. Los esposos se aceptaban mediante un pacto o alianza que los unía en presencia de Dios.
La historia del Génesis presenta además a la mujer condicionada a la vida familiar a causa del pecado: «Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti» (Génesis 3:16). Ese señorío del varón recorre todo el Antiguo Testamento, donde la esposa se compra o se adquiere a cambio de servicios prestados al jefe de la familia. El caso más ilustrativo es Jacob, que trabajó gratis siete años para su suegro Labán por Raquel y otros siete por Lea.
El giro llega con el Nuevo Testamento, que a juicio de Monroy reivindicó los derechos de la mujer, la dignificó y la elevó al mismo plano de igualdad con el hombre dentro de la familia. Le basta un texto: «Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios» (1 Corintios 11:11-12).
El padre, jefe indiscutible de la familia
Toda esa larga historia sobre la dependencia de la mujer tiene, avisa Monroy, una intención concreta: dejar claro que en la primera parte de la Biblia solo se puede hablar de los deberes del padre, en singular, porque la madre cuenta muy poco en la estructura familiar del Antiguo Testamento. Y matiza en seguida algo importante: todo lo que allí se dice del padre atañe hoy, en nuestra sociedad, también a la madre.
En sentido natural y propio, la palabra padre designa en la Biblia al hombre que ha engendrado hijos. La primera vez que aparece con ese significado es en Génesis 2:24: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne». Entre un hombre y una mujer que se enamoran surge un vínculo más fuerte que el que va de los hijos a los padres.
Esa figura paterna se yergue como jefe indiscutible de la familia en todo el Antiguo Testamento y en algunos escritos del Nuevo. Hasta el punto, recuerda el predicador, de que los padres llegaban a disponer de la vida de sus hijos: Jefté, uno de los jueces de Israel, sacrifica a su hija para pagar un voto hecho al Señor (Jueces 11), y Rubén le dice a su padre Jacob que si no regresa con Benjamín sano y salvo puede matar a sus dos hijos (Génesis 42:37). El poder del padre sobre la familia era absoluto.
Siguiendo en parte esa enseñanza, Cristo se refiere continuamente al padre como jefe de familia, y Pablo escribe una frase rotunda: «Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador» (Efesios 5:23).

Lo que viene: la obligación de instruir a los hijos
El programa se cierra justo donde empieza lo práctico. En el Antiguo Testamento, explica Monroy, no existe una pedagogía paterna claramente definida ni encontramos datos sobre una organización escolar; pero conforme avanza la historia de Israel el tema se ilumina, especialmente en los libros poéticos. Y ahí aparece lo que él considera el deber central: «La obligación más importante de los padres es la instrucción de los hijos».
«El tema es amplio, tengo que dejarlo aquí porque se me ha terminado el tiempo del que dispongo», se despide. La serie continúa en el próximo programa.
Referencias
- Mateo 20:1, RVR1960: «Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña».
- 2 Samuel 7:14, RVR1960: «Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo».
- Isaías 64:8, RVR1960: «Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros».
- Malaquías 2:10, RVR1960: «¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?».
- Hechos 17:26, RVR1960: «Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra».
- Génesis 2:24 y 3:16, RVR1960 (la unión del hombre y la mujer; la sentencia sobre la mujer tras la caída).
- Génesis 29:15-30, RVR1960: los catorce años de Jacob al servicio de Labán por Raquel y Lea.
- Jueces 11:30-40, RVR1960: el voto de Jefté. Génesis 42:37, RVR1960: la propuesta de Rubén a Jacob.
- 1 Corintios 11:11-12 y Efesios 5:23, RVR1960.
- Encuesta del Instituto Gallup sobre las relaciones entre jóvenes y padres citada por Juan Antonio Monroy en el programa; no se indicó en antena el año del sondeo.
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Temas Juan Antonio Monroy · Padres en la Biblia · Familia · Antiguo Testamento · El Heraldo de la Verdad
Sobre el autor
Juan Antonio Monroy (Rabat, 1929) es escritor, periodista y predicador, y una de las voces más conocidas del protestantismo español del último medio siglo. Fundó y dirigió revistas como Luz y Verdad, La Verdad, Restauración, Alternativa y Vínculo, presidió la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) y desde 2003 está al frente del diario digital Protestante Digital. Autor de decenas de libros y de miles de artículos, firma el espacio radiofónico El Heraldo de la Verdad, «un programa basado en la Biblia, de tipo espiritual, religioso y cultural», que se emite de lunes a viernes en Dynamis Radio y otras emisoras.