¿Qué significa el 666, el número de la bestia? | Pr. Joaquín Yebra | Atrévete a preguntar

ATRÉVETE A PREGUNTAR

El pastor responde a los oyentes: el número de la bestia, la aparente contradicción de Proverbios 26, las denominaciones, el espíritu malo que atormentó a Saúl, la victoria de Débora y Jael, la inclinación al mal de la psicología hebrea y la llamada de Abraham.

¿Qué significa el 666, el número de la bestia? | Pr. Joaquín Yebra | Atrévete a preguntar

El Pulso

Podcast El pulso de la vida




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En la tercera hora de El pulso de la vida, el espacio Atrévete a preguntar vuelve a abrir el WhatsApp del programa (640 384 488) para que los oyentes pregunten sin filtro. El Pr. Joaquín Yebra despacha esta vez siete cuestiones que van del Apocalipsis al libro de los Jueces, con una constante de fondo: leer cada versículo en su contexto y, como resume el propio pastor, «hablar donde la Biblia habla y callar donde la Biblia calla».

«Aquí hay sabiduría»: el pastor invita a leer el 666 en su contexto, desde Apocalipsis 13:14, antes de aventurar interpretaciones.
«Aquí hay sabiduría»: el pastor invita a leer el 666 en su contexto, desde Apocalipsis 13:14, antes de aventurar interpretaciones.

El 666: la falsificación del sello de Dios

La primera pregunta llega desde Cádiz: ¿qué quiere decir Apocalipsis 13:18 cuando pide contar «el número de la bestia, pues es número de hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis»? El pastor propone remontarse unos versículos, a partir del 14, donde se describe al personaje que engaña a los habitantes de la tierra, obliga a adorar la imagen de la bestia e impone una marca sin la cual «ninguno pudiera comprar ni vender».

Su clave de lectura: la marca de la bestia es una falsificación del sello de Dios. Antes de la segunda venida de Cristo, los verdaderos discípulos de Jesús serán sellados con el sello de Dios; y el maligno, que siempre es imitador, lo falsifica. Ese sello está representado en el decálogo por el cuarto mandamiento, la santificación del día de reposo — «el gran olvido de muchas iglesias» —, y el pastor recuerda que Daniel anunció como señal de la apostasía el cambio de la ley y de los tiempos, un cambio cuyo origen sitúa en el emperador Constantino.

¿Y el número en sí? Frente al 7, el número de la revelación divina en toda la Escritura, el 6 es el número del hombre que pretende ocupar el lugar de Dios. El pastor lo ilustra con Daniel 3:1: la estatua de oro de Nabucodonosor medía sesenta codos de altura y seis de anchura. El 666 no es un enigma esotérico, sino el intento de imitación del número de Dios llevado al extremo.

¿Hay que responder al necio? La aparente contradicción de Proverbios 26

Otro oyente no entiende Proverbios 26:4-5: un versículo manda no responder al necio y el siguiente manda responderle. El pastor sonríe con el refrán que le enseñó un amigo — «cada día que amanece, el número de tontos crece» — y explica que en estos versículos hay una yuxtaposición deliberada, con una ironía muy suave, que solo se resuelve atendiendo al contexto: aunque los proverbios hablan en términos absolutos, deben leerse y aplicarse según las circunstancias y el propósito.

La distinción decisiva está en dos preposiciones: hay que responder al necio como merece su necedad, no conforme a su necedad. Quien responde desde la misma necedad cae en su red; quien calla del todo deja que el necio «se estime sabio en su propia opinión» y su necedad vaya en aumento. Antes que al necio, concluye, respondamos con sabiduría.

«El maligno siempre es imitador y por eso falsifica el sello de Dios»

Pr. Joaquín Yebra

Muchas tiendas de campaña, un solo pueblo

Preguntado por las Asambleas de Dios y por el porqué de las diferencias entre denominaciones, el pastor empieza declarando su respeto y cariño por esta denominación nacida en 1914 en Estados Unidos y extendida después por Latinoamérica — principalmente Brasil — y por todo el mundo. Él mismo sirvió durante cinco años en el Seminario Evangélico Español de Azuqueca de Henares, auspiciado durante años por las Asambleas de Dios.

Sobre el fondo de la cuestión, su respuesta es unitiva: el núcleo del evangelio — lo que la teología llama el kerigma — es común a todos los grupos cristianos. Las denominaciones han nacido, a grandes rasgos, en momentos de la historia en que la iglesia había olvidado alguna doctrina importante, y cada una enfatiza la que ayudó a recuperar. Las diferencias, dice, no son de las que producen distanciamiento.

Lo resume con la imagen de Balaam, el adivino contratado para maldecir a Israel que, al contemplar la belleza del campamento con todas sus tiendas, terminó bendiciéndolo: el pueblo de Dios, en sus distintos «campamentos», es un solo pueblo, y todos los redimidos por la sangre de Cristo forman parte de la Iglesia universal.

El espíritu malo que atormentó a Saúl

«El espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová» (1 Samuel 16:14). ¿Cómo puede el Dios bueno enviar un espíritu malo? El pastor reconoce que el texto es sorprendente y propone una distinción que repite a menudo: no todo lo espiritual es celestial. Solo el Espíritu Santo es el buen Espíritu de Dios, pero hay más espíritus, y los malos espíritus están sujetos al control de Dios: nada en la creación queda fuera de su soberanía.

Para verlo lleva a los oyentes a 1 Reyes 22:19-23, la visión de Micaías: un espíritu se ofrece delante de Jehová a ser «espíritu de mentira» en boca de los profetas de Acab. La escena representa de forma simbólica la providencia divina: Dios establece límites a las fuerzas del mal y, en el caso de Saúl, permite que se manifieste lo que ya había en su corazón tras enfrentarse a la voluntad divina.

El contrapunto pastoral: donde no hay límite es en la sed del Espíritu Santo. Como en el Pentecostés de Hechos 2, «a todos se nos ha dado a beber de un mismo Espíritu», y conforme a la sed que tengamos podremos ser llenos de Él.

Débora y Barac: el rayo y la abeja

¿Por qué Débora le dijo a Barac que la victoria no sería suya, sino de una mujer (Jueces 4:8-9)? El pastor ve en el «si tú fueres conmigo, yo iré» de Barac una expresión de ese machismo tan antiguo «que nos alcanza hasta el día de hoy»: el general quería la seguridad de la conducción profética antes de bajar del Tabor con sus diez mil hombres.

Le divierte la onomástica del pasaje: Barac significa «rayo» y Débora, «abeja» — una abejita de Dios que produce miel, pero que también tiene aguijón. «El rayo y la abeja podría ser el título de un libro», bromea. Y la profecía se cumplió de forma inesperada: la mujer no fue Débora sino Jael, que clavó la estaca a Sísara mientras dormía (Jueces 4:17-22).

Son textos remotos y de interpretación difícil, admite, pero destacan algo que atraviesa la historia salvífica, de María la profetisa al cántico de Débora: la participación de la mujer en los planes de Dios.

Del yetzer hará al yetzer hatov: pasar de la inclinación al mal a la inclinación al bien es obra del Espíritu Santo, no del esfuerzo humano.
Del yetzer hará al yetzer hatov: pasar de la inclinación al mal a la inclinación al bien es obra del Espíritu Santo, no del esfuerzo humano.

Del yetzer hará a la llamada de Abraham

Una pregunta llegada en audio plantea el yetzer hará de la psicología hebrea, la inclinación al mal: si no es algo necesariamente diabólico, ¿por qué la iglesia demoniza tantas veces el deseo humano en lugar de enseñar a canalizarlo? El pastor confirma el concepto: esa tendencia natural de nuestra naturaleza caída a actuar de forma egoísta es justo lo que impide que la ley — preciosa y eterna, porque revela cómo es Dios — pueda salvarnos. Por eso la gracia nos lleva «de la mano de la ley a los pies de la cruz de Cristo».

Pero el hebreo tiene también la contrapartida: el yetzer hatov, la inclinación al bien, el impulso hacia la compasión y hacia la voluntad de Dios. No hay una fuerza demoníaca en el deseo, sino un campo de batalla en el que «donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia»; pasar de una inclinación a la otra es obra del Espíritu Santo en la vida entregada a Jesucristo.

El espacio se cierra con una pregunta que le hacen a menudo entre bambalinas: ¿por qué Dios eligió en Génesis 12:1 a un solo hombre y no a toda la humanidad? Tras contar con Adán y con Noé, Dios llama a Abram sin ignorar la libre voluntad del hombre — no nos creó como robots preprogramados —, y el hebreo guarda un matiz precioso: lej lejá no es solo «vete», sino «vete para ti», para tu bendición, porque estás llamado a ser padre de un gran pueblo. Figura y sombra, concluye, del peregrinaje hacia la patria celestial.

La Fuente de Neptuno, «monumento hermoso, esculpido en mármol blanco», protagoniza los versos de Ana Río Frío Tendero. Foto: Diego Delso, CC BY-SA 4.0 (Wikimedia Commons).
La Fuente de Neptuno, «monumento hermoso, esculpido en mármol blanco», protagoniza los versos de Ana Río Frío Tendero. Foto: Diego Delso, CC BY-SA 4.0 (Wikimedia Commons).

Versos para descubrir Madrid: Neptuno y los bulevares

Como cada semana, dentro del espacio se intercala el microespacio literario de Ana Río Frío Tendero. Sus versos están dedicados esta vez a la Fuente de Neptuno, obra de Juan Pascual de Mena promovida por Ventura Rodríguez: mármol blanco, gran pilón circular y el dios erguido empuñando el tridente sobre un carro tirado por caballos marinos — la fuente ante la que atléticos y colchoneros celebran sus triunfos.

En «Madrid tiene 6 letras», un garbeo por los cinco bulevares históricos de la ciudad — Marqués de Urquijo, Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta y Génova —, nacidos en el siglo XIX sobre el trazado de la antigua cerca fiscal de Felipe IV. La palabra viene del neerlandés bolwerk, «bastión», y tras décadas de prioridad absoluta al coche, el bulevar vuelve: Madrid Nuevo Norte convertirá en paseo arbolado la prolongación de Agustín de Foxá y el tramo final de la Castellana. «¡Y viva Madrid, que es mi pueblo, caramba!»

Referencias

  • Apocalipsis 13:14-18, RVR1960
  • Daniel 3:1, RVR1960
  • Proverbios 26:4-5, RVR1960
  • 1 Samuel 16:14, RVR1960
  • 1 Reyes 22:19-23, RVR1960
  • Jueces 4:8-9 y 4:17-22, RVR1960
  • Génesis 12:1, RVR1960
  • Hechos 2, RVR1960
  • Río Frío Tendero, Ana: «Versos para descubrir Madrid. Historia, arte, hechos de interés»

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