¿En qué consiste realmente ser cristiano? La respuesta de Pablo | La Semilla

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El devocional de John Stott llega a Filipenses 3:7-9 dentro de la serie «Tres cartas desde la prisión»: el balance de ganancias y pérdidas de Pablo, y las dos únicas maneras de presentarse justo delante de Dios.

¿En qué consiste realmente ser cristiano? La respuesta de Pablo | La Semilla
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En La Semilla de este martes, el Pr. Lucho comparte la reflexión que John Stott titula «El cristianismo es Cristo», sobre Filipenses 3:7-8: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (RVR1960).

Ideas clave

  • Credo, conducta recta y asistencia a la iglesia importan, pero no son lo central del cristianismo: lo central es Cristo (Filipenses 1:21).
  • Pablo plantea su vida como un balance contable: en una columna, todos sus privilegios; en la otra, una sola palabra: Cristo.
  • «Conocimiento de Cristo» es un vínculo personal, no erudición; Cristo es un tesoro que se puede ganar.
  • Solo hay dos maneras de ser justos ante Dios: la propia justicia por la ley (imposible) o la justicia recibida como regalo por la fe.
  • El cristianismo es Cristo: conocerlo, ganarlo, confiar en Él.

Ni credo, ni conducta, ni asistencia a la iglesia

El devocional arranca con una observación incómoda: es llamativo ver cuánta gente piensa que la esencia del cristianismo radica en creer el credo, en vivir una vida recta o en asistir a la iglesia.

Todo eso es importante, aclara Stott, pero no constituye lo central. Lo central es Cristo mismo. Quien quiera comprobarlo, dice, necesita leer la carta de Pablo a los filipenses y detenerse en una frase de seis palabras: «Porque para mí el vivir es Cristo» (Filipenses 1:21).

San Pablo en su escritorio, pintura de Rembrandt
«San Pablo en su escritorio» (Rembrandt, c. 1629-1630). El apóstol plantea su vida como un balance de ganancias y pérdidas. Imagen: dominio público (Wikimedia Commons).

El balance de ganancias y pérdidas

El apóstol expande ese concepto en el capítulo 3 de la epístola con una imagen tomada de la contabilidad: hace una especie de balance de ganancias y pérdidas.

En una columna del libro mayor anota todo aquello que se consideraba provechoso: ascendencia, parentesco, educación, cultura hebrea, celo religioso y rectitud legalista. En la otra columna anota una sola palabra: Cristo.

Luego hace un cálculo cuidadoso y concluye: «Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor» (Filipenses 3:8).

La parábola del tesoro escondido, pintura del círculo de Rembrandt
«La parábola del tesoro escondido» (atribuida a Rembrandt o Gerard Dou, c. 1630). Pablo compara a Cristo con un tesoro que se puede conseguir. Foto: CC BY-SA 3.0 (Wikimedia Commons).

Un tesoro que se puede ganar

Ese «conocimiento de Cristo» no es erudición: es la declaración de un vínculo personal con Él, una expresión que aparece repetidamente en el Nuevo Testamento.

Pablo remata en el mismo versículo: «por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo», comparando a Cristo con un tesoro que podemos conseguir. No habla de una pérdida resignada, sino de un intercambio ventajoso.

«El cristianismo es Cristo: conocerlo, ganarlo, confiar en Él.»
John Stott

Solo hay dos maneras de ser justos ante Dios

El versículo 9 añade una afirmación compacta que el devocional desglosa: ser hallado en Él, «no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe» (Filipenses 3:9).

El razonamiento es sencillo: el Señor es justo, y si hemos de entrar en su presencia, nosotros también debemos serlo. Hay solo dos maneras de lograrlo. Una es declarar nuestra propia justicia mediante la obediencia a la ley, lo cual es imposible. La otra es recibir la justicia como un regalo de Cristo, quien murió por nosotros, si confiamos en Él.

Conocerlo, ganarlo, confiar en Él

La conclusión del devocional recoge las tres ideas en una sola frase: el cristianismo es Cristo; conocerlo, ganarlo, confiar en Él.

En cuanto a ser salvos, lo somos aquellos que nos gloriamos en nuestro Señor Jesucristo y no ponemos nuestra confianza en nosotros mismos. Ahí queda respondida la pregunta inicial: la esencia del cristianismo no es un sistema, sino una persona.

Referencias

  • Filipenses 3:7-8, RVR1960: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo».
  • Filipenses 3:9, RVR1960: «y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe».
  • Filipenses 1:21, RVR1960: «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia».
  • John Stott, devocional «El cristianismo es Cristo», leído en el espacio La Semilla de El pulso de la vida dentro de la serie «Tres cartas desde la prisión» (texto asociado a la obra devocional de Stott sobre las cartas de la prisión).

Temas  La Semilla · John Stott · Filipenses · Pablo · justificación por la fe

Pr. Lucho, Luis E. Panduro

Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y suele leer en voz alta a los grandes autores buscando en sus páginas el rastro de Dios. Es además fundador y pastor de la iglesia Fuente de Agua Viva, en Pinto (Madrid), que dirige junto a su mujer, la Pra. Anggelina Ugaz.

Sigue la serie — La Semilla · Tres cartas desde la prisión (John Stott)

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