La unidad que el mundo ya no sabe tener | La Exhortación con Jaume Llenas

La Exhortación · Jaume Llenas

Vivimos buscando pertenecer, pero cada vez toleramos menos a quien piensa distinto. Jaume Llenas nombra el fenómeno —la polarización afectiva— y pone delante el contraste del Evangelio: la unidad de una nueva humanidad en Cristo.

La unidad que el mundo ya no sabe tener | La Exhortación con Jaume Llenas
El Pulso
Podcast El pulso de la vida
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Las relaciones, dice Jaume Llenas, son «la clave del universo», el hilo del que pende el existir humano. Sobre esa idea sencilla, el coordinador de los Grupos Bíblicos de Graduados construye en El pulso de la vida una reflexión incómoda sobre cómo una sociedad que ansía pertenecer se está rompiendo por dentro.

Ideas clave

  • Buscamos pertenecer a algo más grande: amigos, redes, nacionalismos, equipos.
  • La polarización afectiva: 7 millones de españoles rompieron una relación por política en un año.
  • La unidad de la Iglesia en Cristo es la señal de que existe una nueva humanidad reconciliada.

La necesidad de pertenecer

Somos, recuerda Llenas, criaturas pequeñas «subidas en una mota de polvo del universo», y por eso deseamos constantemente formar parte de algo más grande que nosotros. Pertenecer nos hace sentir importantes; encontrar «nuestra tribu» es una pulsión de fondo.

Esa búsqueda toma mil formas: la peña de amigos, las redes sociales que nos agrupan con quienes viven y piensan parecido, los movimientos sociales, la selección o el equipo de fútbol, incluso los nacionalismos y las identidades culturales. Todas responden al mismo anhelo: no estar solos en el mundo.

La pertenencia se vive también en la calle: manifestación multitudinaria en una plaza europea. Foto: Mathias Reding (Pexels).
La pertenencia se vive también en la calle: manifestación multitudinaria en una plaza europea. Foto: Mathias Reding (Pexels).

Del pensar distinto a la polarización afectiva

Pero en esa necesidad late un riesgo, y Llenas lo señala con datos: siete de cada diez españoles perciben que la confrontación entre nosotros ha aumentado. La discrepancia de ideas, aclara, no es el problema —siempre hemos pensado distinto, y eso hasta enriquece—. El problema es otro.

Lo que ha cambiado, sobre todo desde 2011, es el paso de la polarización ideológica a la polarización afectiva: ya no se trata de pensar diferente, sino de no querer relacionarse con quien piensa diferente. El dato es demoledor: un 14% de los españoles —unos siete millones de personas— reconoce haber roto alguna relación por causas políticas solo en el último año.

A ello se suman quienes abandonan grupos de WhatsApp o dejan de hablar de ciertos temas en casa para no sentirse incómodos. Nos alejamos, dejamos de pertenecer, evitamos a los que no son como nosotros.

La unidad, señal de una humanidad nueva

Personas que piensan distinto, hechas una en Cristo: una congregación durante el culto. Foto: Andrew DeGarde (Pexels).
Personas que piensan distinto, hechas una en Cristo: una congregación durante el culto. Foto: Andrew DeGarde (Pexels).

Frente a ese cuadro, el Evangelio pinta las cosas de otra manera. Cuando el apóstol Pablo describe la nueva humanidad que nace de Cristo, subraya como primera característica la unidad. No porque en la Iglesia todos piensen igual —siguen pensando distinto—, sino porque «han sido hechos uno en Cristo Jesús».

Ese es el milagro: el muro de división que separó durante milenios a judíos y gentiles se ha derribado porque Cristo obró la reconciliación. Por eso a Pablo le dolían tanto las grietas: rogaba a Evodia y Síntique «que sean de un mismo sentir» (Filipenses 4:2), y reprendía los bandos de Corinto —«yo soy de Pablo», «yo soy de Apolos»—, incluidos los que, diciendo «yo soy de Cristo», en realidad excluían al hermano.

La unidad, concluye Llenas, «es la muestra más evidente de que algo ha cambiado». En medio de una sociedad no solo fragmentada sino enfrentada, un pueblo que piensa distinto y aun así permanece unido demuestra que hay una humanidad nueva en la que todos pueden ser reconciliados. Y de ahí su llamamiento a la Iglesia: que no dejemos que las divisiones oculten que el Padre envió al Hijo para crearla.

«Nuestra unidad es la muestra más evidente de que algo ha cambiado, de que en medio de esta sociedad enfrentada hay un pueblo al que algo mucho más importante lo une.»
Jaume Llenas, La Exhortación

Temas  La Exhortación · Jaume Llenas · Unidad · Polarización · Iglesia

Jaume Llenas

Sobre el autorJaume Llenas (Premià de Mar, 1960) estudió Derecho en la Universidad de Barcelona y Comercio Exterior en la UNED. Es coordinador nacional de los Grupos Bíblicos de Graduados (GBU) y del Movimiento de Lausana en España, y forma parte del equipo del Taller de Predicación. Durante diecisiete años fue secretario general de la Alianza Evangélica Española. Hoy impulsa la plantación de una nueva iglesia en El Masnou (Barcelona). Apasionado de la renovación de la Iglesia y de su conexión con la sociedad y el mundo del trabajo, firma La exhortación en El Pulso de la Vida.

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