La joven alemana, en prácticas en Dynamis Radio y en la Iglesia Pasión por Cristo, debuta ante el micrófono para hablar de idiomas, vocación y de una fe que encontró su raíz en medio del rechazo.
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Tiene veinte años, habla alemán, inglés y español —y hasta algo de chino— y esta semana se ha sentado por primera vez en su vida frente a un micrófono de radio. Josephine visita España desde Alemania para realizar unas prácticas en Dynamis Radio y en la Iglesia Pasión por Cristo, mientras termina la carrera de administración de empresas. Lo que empezó como un requisito académico en el extranjero se ha convertido en una conversación sobre el valor de las lenguas, la búsqueda de la identidad y un testimonio de fe forjado desde muy joven.
Una lengua que une culturas
Josephine creció en un entorno bilingüe: estudió en un colegio internacional donde todas las clases eran en inglés y más tarde añadió el español. Pero confiesa que el idioma no terminó de cobrar vida hasta que empezó a usarlo de verdad: primero con amigos latinos en una iglesia de Berlín y después durante un intercambio de cinco meses en Buenos Aires, del que ha vuelto con un inconfundible acento argentino.
Para ella, aprender una lengua es mucho más que una herramienta profesional. «Nunca pensé que sería posible ir a otro país tan lejos de mi casa y poder entender todo, hablar con la gente y recibir la palabra de Dios en otro idioma. Eso es una bendición», explica. La cultura, añade, no solo tiene una lengua: «tiene sabor, tiene color, tiene olor», y solo se conoce de verdad cuando se vive desde dentro.

Un encuentro que llegó tras el rechazo
Nacida en una familia cristiana, Josephine recuerda el altar familiar de cada noche, con su padre tocando la guitarra y todos cantando antes de dormir. Pero su fe tuvo que pasar por el fuego de la adolescencia: entre los once y los trece años sufrió acoso escolar y llegó a enojarse con Dios. «¿Por qué estoy en un lugar donde no le gusto a nadie?», se preguntaba.
El punto de inflexión llegó a los trece, en su primer campamento de jóvenes. Allí, dice, Dios le habló con claridad: «Estás bien, te amo, te hice así, me gusta como eres». Ese mismo año decidió bautizarse. «Fue el momento en que dije: da igual lo que pase en mi vida, voy a estar con Dios».
«Tu identidad no está en ti, está en Él»
Preguntada por qué les diría a las chicas que ahora atraviesan esa edad, Josephine no duda: «Dios siempre sabe lo que estás pasando, y especialmente en los momentos en que no lo sentimos, Él está». Insiste en que las emociones de la adolescencia son intensas, pero que la presencia de Dios es una verdad que no depende de lo que se sienta.
El presentador subraya la idea que recorre toda la conversación: la identidad no se sostiene en uno mismo, sino en Dios. Como Jesús, que también fue rechazado y sin embargo mantuvo presente que el Padre estaba con él, el creyente puede hablar con Dios y contarle aquello que no puede contar a nadie, sabiendo que nunca está solo.
«Nunca pensé que sería posible ir a otro país tan lejos de mi casa y poder recibir la palabra de Dios en otro idioma. Eso es una bendición.»
Vocación, estudios y fe en la universidad
Josephine reconoce con franqueza que la administración de empresas «no le gusta nada»: su sueño es estudiar medicina y, si Dios quiere, especializarse en pediatría, por su amor a los niños y a los jóvenes. Eligió empresariales como base segura, animada por su hermano, y la cursa en una de las mejores facultades de Europa, lo que la obligó a mudarse y vivir por primera vez fuera de casa.
Lo más duro, cuenta, fue un entorno universitario muy competitivo y materialista donde apenas encontró creyentes. La soledad pesó, hasta que en el último año conoció a otras jóvenes cristianas y formaron un grupo de conexión. «Creo que empezar ese grupo fue la única razón por la que Dios me puso ahí», resume.
España: corto pero intenso
De su breve paso por España se lleva un recuerdo entrañable. «Me gustó mucho la iglesia, la radio, el trabajo que hacen aquí. Aunque fue poco tiempo, fue muy precioso: corto pero intenso», afirma. Le sorprendió, sobre todo, lo abiertos y agradecidos que son los hermanos.
El programa cierra la entrevista celebrando las herramientas que Dios le ha dado —los idiomas— para compartir su fe allá donde vaya. Una conversación que deja el retrato de una generación joven dispuesta a escuchar y a actuar.
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