El factor R: por qué las relaciones lo deciden todo | Jaume Llenas

La exhortación con Jaume Llenas

El abogado y director de los Grupos Bíblicos de Graduados Jaume Llenas propone una sola pregunta para acertar en cualquier decisión: ¿esto suma o resta relaciones? A eso llama «el factor R».


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Cuando suena la sintonía de La exhortación, Jaume Llenas llega con una idea que, asegura, sirve para saber si algo va bien o va mal en la vida: el factor R. La «R» es de relaciones, y para él son «la clave del universo». De cómo una decisión afecte a nuestras relaciones depende, sostiene, que la vida prospere o empeore, «aunque nos parezca justo lo contrario».

Antes del principio ya había una relación

Para explicar por qué las relaciones lo son todo, Llenas se remonta al instante anterior a la creación. «En el principio existía Dios, pero Dios no existía en soledad», dice: existía en una relación perfecta, en una divinidad que vive en tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo—. Dios mismo es, en su raíz, comunidad y comunión.

De ahí saca una analogía doméstica: como en su propia familia hay padre, madre e hijos y, sin embargo, son una sola familia, en Dios hay tres personas y una sola divinidad. «Fijaos cómo nos dibuja una relación de familia», resume. Y si Dios es relación, no sorprende su siguiente paso.

Tres personas, una sola familia

A quien le cueste entender eso de «que tres son uno y uno son tres», Llenas le ofrece una imagen cotidiana: su propia familia. «En la familia Llenas hay un padre, una madre y dos hijos: somos cuatro personas, pero una sola familia.» Con Dios ocurre algo parecido —explica—: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas y, a la vez, una sola divinidad. «No es tan difícil de entender.»

Tampoco es casualidad, observa, que palabras como comunidad, comunión y comunicación broten todas de la misma raíz. Hablan de lo mismo: de poner la vida en común. Por eso insiste en que las relaciones no son un añadido a la fe, sino su punto de partida: están en el corazón de Dios «desde el principio», incluso antes de la creación.

Creados para relacionarnos

Dios crea al ser humano a su imagen y semejanza por una sola razón, afirma Llenas: para relacionarse con él. «Dios no nos quiere para otra cosa.» Si Dios quiere mostrar su amor, necesita a alguien a quien amar fuera de la propia divinidad; por eso el objetivo de la relación entre Dios y el hombre es, sencillamente, la relación misma.

La caída rompe cuatro relaciones

Cuando el ser humano desconfía de Dios y cree la palabra del diablo —«Dios tiene malas intenciones, Dios no quiere que tú sepas»— en lugar de la palabra de Dios, todo se quiebra. Y se quiebra, sostiene Llenas, en cuatro frentes: con Dios, cuya consecuencia es la muerte; con uno mismo, porque quedamos «fracturados interiormente»; con los demás; y con la creación.

Lo primero que ocurre tras la caída es que Caín mata a Abel: «a partir de aquel momento no ha habido un solo día en la historia sin guerras», con conflicto dentro de las familias y en la sociedad. Y frente a la creación, advierte, nos comportamos «como si diéramos hachazos al barco en el que vamos subidos».

La unidad, el mayor testimonio

El plan de redención también es relacional. Dios no llama a hombres solos: llama a Abraham para formar un pueblo y, más tarde, levanta la Iglesia como continuidad de Israel. «Dios no va a hacer la obra con hombres solos, sino con hombres en relación.»

Llenas se apoya en la oración sacerdotal de Juan 17: solo cuando los creyentes se aman los unos a los otros y son uno, el mundo puede entender «que el Padre envió al Hijo». En una sociedad dividida y enfrentada, sostiene, la unidad entre los hijos de Dios es el testimonio más poderoso para la evangelización.

«El testimonio más poderoso para la evangelización de un mundo separado de Dios es la unidad que hay entre los hijos de Dios.»

Jaume Llenas

Por qué el diablo nos quiere solos

Vivimos, dice, en tiempos de «individualismo radical», y el individualismo rompe las relaciones. Ahí ve una estrategia deliberada: «El diablo nos quiere separados y divididos.» Un ser humano en relación con los demás nunca está del todo desprotegido —siempre hay alguien que le ayuda—; aislado, en cambio, queda «completamente vulnerable».

No es cantidad, es calidad

De ahí su idea de capital relacional: la suma de vínculos que una persona construye a lo largo de la vida. Y advierte de un matiz importante: «a veces no es cuestión de tener muchísimas relaciones, sino de tener algunas y buenas». Lo que cuenta es la calidad y la cercanía del día a día, no el número de contactos.

Ese capital es, además, una forma de riqueza silenciosa. «Una persona que tiene relaciones no es completamente pobre, porque siempre tiene a alguien que le ayuda», resume. Quien los cuida está más protegido; quien los pierde queda a la intemperie. Por eso medir cada decisión por cómo afecta a nuestros vínculos no es un detalle menor: es, según él, la diferencia entre una vida que se enriquece y otra que se empobrece sin darse cuenta.

El factor R, aplicado a tus decisiones

De la teología, Llenas baja a lo concreto. Una decisión de gobierno es buena, plantea, cuando edifica relaciones: pone como ejemplo las leyes que concilian trabajo y familia o la reagrupación familiar de los hijos de migrantes, que llegan «dentro de una familia» y no como menores solos.

Y lo lleva a lo cotidiano: comprar una casa más grande y mudarse a cuarenta kilómetros puede parecer una mejora, pero «disminuye radicalmente» el capital relacional —las relaciones construidas a lo largo de toda una vida—. El hijo adolescente cambia de instituto y pierde a sus amigos; la familia deja de ser comunidad integrada para volverse mera «asistente al culto» de los domingos.

Por eso propone una sola pregunta antes de cualquier decisión —qué coche comprar, dónde vivir, qué cambiar—: pensarla en términos relacionales. «Lo que construye relación edifica; lo que destruye relaciones nos empobrece y nos hace mucho más frágiles.» El factor, recuerda, es erre.

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