Enrique Urquijo y sus Secretos (El Sueño)

Hace ya más de veinte años que apareció el cadáver de Enrique Urquijo en un portal de la calle que recorría cada día, José de Segovia, para ir al instituto en el barrio madrileño de Malasaña. Era un centro que acababan de abrir el año que se inició el movimiento conocido como La Movida. Se inauguró con un festival en la Escuela de Ingenieros de Caminos, donde estaba como director el padre de Ana Torroja de Mecano. El concierto era un homenaje de todas las bandas que formaron La Movida al batería del grupo que tenían entonces los hermanos Urquijo, Tos. Canito había fallecido en un accidente de trafico el día de Año Nuevo de 1980. Fue la primera de una serie continua de muertes que asoló la juventud que vivió la Transición de la dictadura a la democracia con el gobierno socialista de Felipe González y la alcaldía de Enrique Tierno Galván.

El escritor que se sentaba con un libro en la mano, delante de José, cada tarde que iba en el autobús a la Facultad de Filología, Javier Marías, recuerda aquellos años no como «La Edad de Oro», sino como la del «Recreo». Tras el aburrimiento del franquismo y el sobresalto del intento de golpe de estado de 1981, venía la libertad para bajar corriendo al recreo. Y «en el recreo lo que se hace es presumir, pegarse un poco y jugar». Es la inconsciencia adolescente que llevó a muchos por el camino de la droga a una muerte temprana. Enrique Urquijo tendría ahora sesenta años, si no hubiera sufrido esa sobredosis antes de cumplir los cuarenta. Y hace ahora cuarenta años Los Secretos publicaron su primer disco de larga duración, después de su prodigioso debut con un EP de cuatro canciones con toda la frescura e inocencia adolescente de unos chicos que todavía no éramos mayores de edad.

José de Segovia recuerda aquellos años de La Movida madrileña en este programa de El Sueño se ha acabado. Todavía vive al lado de la casa donde se criaron los Urquijo; entra al metro al lado de donde estaba aquel instituto que cerraron poco después, por la violencia juvenil; que sigue junto al bar inmortalizado por la canción de Nacha Pop, «La chica de ayer», para muchos el himno de La Movida; y siempre que pasa frente al portal de la calle Espíritu Santo recuerda el cuerpo en el suelo con la puerta entreabierta, rodeada de policías y periodistas… ¿Una vida malograda? ¿O una advertencia final?

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