Medio siglo después del Watergate, la película que retrató la caída de Nixon sigue preguntándonos qué queda cuando el poder se derrumba. Y en los márgenes de aquel escándalo, la historia menos contada: la de un hombre del presidente que salió de la Casa Blanca camino de la cárcel y de una fe nueva.

El Pulso
Hay películas que no envejecen porque no dejan de hablar de nosotros. «Todos los hombres del presidente», que Alan J. Pakula dirigió en 1976 con Robert Redford y Dustin Hoffman, es una de ellas. Cuenta cómo dos periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, tiraron del hilo de un robo aparentemente menor hasta desenredar la trama que acabó con la presidencia de Richard Nixon.
Ideas clave
- «Todos los hombres del presidente» (Pakula, 1976) narra cómo dos periodistas destaparon el Watergate.
- El escándalo hundió a Nixon y con él una época entera de ilusiones: «el sueño se ha acabado».
- Charles Colson, «el hacha» de Nixon, se convirtió camino de la cárcel y fundó Prison Fellowship.
- La pregunta de fondo: ¿en qué ponemos la esperanza cuando el poder nos falla?
Un robo que destapó un sistema
En la madrugada del 17 de junio de 1972, cinco hombres fueron detenidos mientras forzaban las oficinas del Partido Demócrata en el complejo Watergate de Washington. Podía haber quedado en un suceso de sección de sucesos. Pero dos redactores jóvenes, animados por su director Ben Bradlee, siguieron preguntando. La consigna que ordena toda la película —«sigue el dinero»— terminó apuntando al corazón de la Casa Blanca.
Pakula rueda la investigación como un thriller de paranoia, con la ciudad a oscuras, los aparcamientos vacíos y el rumor de las máquinas de escribir. No hay tiros ni persecuciones: la tensión nace de la sensación de que todo está podrido y de que nadie sabe hasta dónde llega la mentira.
El sueño se ha acabado
Cuando Nixon dimitió en agosto de 1974, no cayó solo un presidente: se vino abajo una manera de creer en el país. Los años sesenta habían prometido un mundo nuevo, y la contracultura lo había cantado como si estuviera a la vuelta de la esquina. John Lennon puso palabras al desengaño que vino después: «el sueño se ha acabado».
Watergate fue la resaca de aquella promesa. La desconfianza hacia el poder que hoy damos por descontada nace, en buena medida, de aquellos meses. La película no celebra a unos héroes: muestra a unos hombres cansados haciendo bien su trabajo mientras a su alrededor se derrumba la confianza en las instituciones.
El hombre del presidente que cambió de bando
Entre «todos los hombres del presidente» había uno especialmente temido: Charles Colson, el consejero al que la prensa llamaba «el hacha» de Nixon, capaz —según él mismo bromeaba— de pasar por encima de su propia abuela por la reelección. Colson acabó imputado y camino de prisión por su papel en las tramas sucias de la administración.
Y fue entonces, cuando todo se le venía encima, cuando su vida dio un vuelco. Un amigo le puso en las manos «Mero cristianismo», de C. S. Lewis. Colson se rindió, se declaró creyente y entró en la cárcel convertido en otro hombre. De aquella experiencia salió su libro «Nací de nuevo» y, sobre todo, Prison Fellowship, el ministerio con presos que marcó el resto de su vida.
«El poder promete salvarnos y siempre defrauda; el único que halló algo firme fue el que dejó de fiarse de sí mismo.»
Lo que queda cuando el poder se derrumba
José de Segovia mira a trasluz esta doble historia —la del escándalo y la de la conversión— para hacernos una pregunta incómoda: ¿en qué habíamos puesto la esperanza? El poder promete salvarnos y siempre defrauda. La cámara de Pakula lo sabe, y por eso su película no termina en triunfo, sino en la fría constatación de que la mentira tiene fecha de caducidad.
La paradoja es que el personaje más oscuro de la trama fue el único que encontró algo firme bajo los pies. No en la política, ni en la ambición, sino en un perdón que no había ganado. Ahí, dice Segovia, empieza otra historia: la del hombre que deja de fiarse de sí mismo para fiarse de Dios.
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