El Congreso introduce en el Código Penal las llamadas terapias de conversión. El Dr. Pedro Tarquis analiza en Teide una ley tan genérica que puede castigar el acompañamiento pastoral pedido libremente, y la responde con un poema: «Lleno de nada».
Hay leyes que nacen para proteger y acaban imponiendo. Es la tesis que el doctor Pedro Tarquis, director de Areópago Protestante, defendió este miércoles en El pulso de la vida: la nueva penalización de las terapias de conversión, aprobada hace unos días en el Congreso, generaliza hasta tal punto que convierte en delito ayudar a quien pide ayuda.
Ideas clave
- La prohibición ya existía; ahora se criminaliza con penas de cárcel y multas.
- Se castiga incluso cuando la propia persona solicita el acompañamiento.
- En España: unas 20 denuncias, 5 con recorrido, 1 sola condena.
- FEREDE y la Alianza Evangélica han publicado comunicados críticos y respetuosos.
De la prohibición a la cárcel
El Congreso de los Diputados ha dado un paso más en la regulación de las llamadas terapias de conversión. La prohibición ya existía, incluida en su día en la ley trans; lo aprobado ahora las introduce en el Código Penal con penas concretas, «y penas muy fuertes, de cárcel, de multas», explica el doctor Pedro Tarquis, director de Areópago Protestante, en su espacio Teide de El pulso de la vida.
El detalle que a su juicio lo cambia todo: la norma castiga cualquier actuación dirigida a modificar la orientación o la identidad sexual incluso cuando la propia persona la solicita. «Aunque alguien pida a un médico, a un psiquiatra, a un psicólogo, a un pastor o a un sacerdote católico que le ayuden en esta área», detalla.

Abusos condenables, ley genérica
Tarquis no defiende lo indefendible, y lo subraya: existen casos de prácticas coercitivas y dañinas —descargas eléctricas, encierros, aislamiento— «contrarias al sentido común», que hay que condenar y que ya se condenaban. Pero recuerda las cifras: en España ha habido una veintena de denuncias, solo cinco siguieron adelante y una sola acabó en condena.
El problema, sostiene, es la generalización: llamar terapia de conversión a toda actuación, también al acompañamiento respetuoso. «Alguien que va a un pastor con dudas sobre su sexualidad y pide apoyo; simplemente decirle: vamos a orar para que Dios te ayude, para que tus sentimientos se ordenen. Ya eso entraría dentro de esta llamada terapia de conversión, que ni es terapia ni intenta convertir a nadie».

Un doble rasero
El director de Areópago Protestante señala la asimetría: la vía de exploración hacia la transición «no solo está abierta, sino que se impulsa», también en menores, mientras el camino inverso queda prohibido por completo, aunque la persona lo pida. Y recuerda el fenómeno de los detransicionadores en Reino Unido y Estados Unidos: personas conducidas a cirugías irreversibles que después denunciaron a sus gobiernos.
El doble rasero alcanza también a los colegios: «Cuando hay jóvenes de fe evangélica que dan testimonio de su fe, es muy frecuente que sufran bullying por sus ideas. Aquí sí que no hay nadie que los defienda».
«En nombre de la libertad»
Tarquis traza un paralelismo histórico incómodo: «En el nacionalcatolicismo se perseguía al que estaba en contra del catolicismo. Y de ahí hemos pasado a lo contrario: usted va a tener que aceptar mi ideología porque yo la impongo, en nombre de la libertad, pero censurando todo tipo de libertades y derechos».
Tanto FEREDE como la Alianza Evangélica Española han publicado comunicados que califica de sensatos y respetuosos: respeto a la libertad de expresión de todos, y desacuerdo con imponer por ley una visión de la sexualidad de la que nadie puede disentir. Callar no es opción, advierte: «El que calla, otorga».
«Es la imposición de una ideología en nombre de la libertad, pero censurando todo tipo de libertades y derechos.»

Llenos de nada
La sección se cierra en clave espiritual con el poema «Lleno de nada», del propio Tarquis, publicado en Protestante Digital: el retrato de un hombre «lleno de nada, entre el más absoluto vacío» frente al Rey que se vació por completo «para derramar amor y justicia» en un madero.
Estaba entero lleno de nada
entre el más absoluto vacío,
que siempre con nada llenaba
entre mil puntos suspensivos…
Compraba trozos de amor y afecto,
soñaba tronos de poder y gloria,
pero por la noche —ante el espejo—
he ahí un hombre solo que llora.
Mientras, un rey dejó cuanto tenía
vaciándose por completo entero
para derramar amor y justicia,
reguero de sangre en un madero.
Allí hubo perdón, y hubo castigo
que asumió quien no lo merecía.
Y hubo paz para el hombre vacío,
inundado en ríos de agua viva.
— Pedro Tarquis, «Lleno de nada» (Protestante Digital, Mirad@zul, 1 de julio de 2026). Reproducido con permiso del autor.
Frente a una sociedad guiada por sentimientos cambiantes, Tarquis apunta a la invitación de Jesús: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7:37-38, RVR1960). La verdad, concluye, no es un concepto ni unos valores: es una persona.
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Temas Pedro Tarquis · Teide · terapias de conversión · libertad religiosa · FEREDE · Alianza Evangélica
Sobre el autorPedro Tarquis (Tenerife, 1954) es médico y periodista, director de Areópago Protestante. Impulsor de Protestante Digital, Evangelical Focus y Evangélico Digital, preside la Comisión de Medios de la Alianza Evangélica Española y es vicepresidente del Consejo Evangélico de Madrid. Cada miércoles firma Teide, su espacio de actualidad y reflexión en El Pulso de la Vida.