¿Qué enseña la genealogía de Jesús sobre el Mesías? | Pastor Joaquín Yebra

Atrévete a preguntar · Pr. Joaquín Yebra|Redacción de El pulso de la vida · 2 de junio de 2026

Un oyente recién llegado al evangelio pregunta qué enseña la genealogía con la que arranca el Evangelio de Mateo. La respuesta del pastor Joaquín Yebra desplaza el foco: esa lista de nombres revela que Dios no es solo un Dios personal, sino el Dios de las generaciones.

La pregunta llega casi al final del programa: «¿Qué podría enseñarle a una persona recién llegada al evangelio sobre la genealogía de Jesús?». Yebra la sitúa enseguida en el Evangelio de Mateo y en sus catorce generaciones, y advierte que ahí no hay un simple registro familiar, sino una afirmación sobre quién es Dios.

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Catorce generaciones, un Dios que no es solo personal

Para Yebra, lo primero que enseña esa genealogía es una corrección de escala. Solemos pensar a Dios en clave íntima, «de persona a persona», y eso es verdad; pero las catorce generaciones de Mateo muestran algo más amplio. «Podríamos decir que el Señor eterno es el Dios de las generaciones —explica—. Él conoce también a las generaciones». El linaje de Jesús no es, por tanto, un apéndice anecdótico, sino la firma de un Dios que actúa a lo largo de toda la historia.

«El Dios del tamaño de nuestra cabecita»

De ahí salta a Juan el Bautista, el último profeta del antiguo pacto y heraldo del nuevo, que se dirige a su época y la llama «generación perversa». Dios —insiste el pastor— nos conoce generacionalmente: en el momento de la historia que nos ha tocado vivir, en la sociedad y en la extracción social de la que venimos, y en dimensiones que escapan a la sociología y a la psicología. Frente a la tentación de reducirlo a nuestra medida, lanza una imagen que se queda grabada.

«El Dios del tamaño de nuestra cabecita es un Dios muy pequeñito»

Pr. Joaquín Yebra

Pero no se queda ahí: invita a «pasmarnos ante la trascendencia de Dios», que va más allá de nuestra cabeza —y de la suma de todas las cabezas de todas las generaciones—, sin renunciar por ello a su inmanencia, esa cercanía por la que puede convertirnos en templos del Espíritu Santo.

Una simiente que atraviesa la historia

La genealogía también es, para Yebra, la historia de una simiente. Dios promete a Abraham bendición «en tu simiente», y ya en Génesis anuncia la simiente de la mujer que vencerá a la de la serpiente. Esa transmisión de generación en generación —reconoce— sigue siendo «misteriosa», y de ella se desprende una lección de humildad: no deberíamos atrevernos a juzgar a los que vivieron hace siglos, ni siquiera a nuestros padres o abuelos, porque solo Dios conoce todas las circunstancias de cada época.

El juicio, concluye, pertenece únicamente a Dios, que valorará a cada uno por lo que realmente conoció, no por lo que ignoraba. Así, lo que empieza como una lista de nombres difíciles de pronunciar termina dibujando a un Dios fiel que conduce su promesa —de generación en generación— hasta Jesús, el Mesías. Una reflexión emitida dentro de El pulso de la vida, dirigido y conducido por el Pr. Lucho.

Temas  Genealogía de Jesús · Evangelio de Mateo · Las generaciones · Abraham · Joaquín Yebra

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