La tierra se revuelve contra nosotros: los cristianos y el cuidado de la creación | Jaume Llenas

La exhortación

El calor extremo ha dejado de ser una incomodidad de verano para convertirse en un problema de salud pública que ya mata a miles de personas cada año. Jaume Llenas advierte de sus efectos sobre la vida y las infraestructuras, y recuerda que cuidar la creación no es una moda ecologista, sino un mandato de Dios.

La tierra se revuelve contra nosotros: los cristianos y el cuidado de la creación | Jaume Llenas
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Todos hablamos estos días del calor. Pero Jaume Llenas propone dejar la queja de siempre —ese «joe, qué calor» tan nuestro— y mirar de frente lo que hay detrás. Lo que antes se anunciaba como una amenaza lejana ya ha llegado: no hablamos de una emergencia por venir, sino de una disrupción que altera la vida de las personas y de nuestras sociedades. Y la Iglesia, dice, no puede quedarse mirando.

Ideas clave

  • El calor extremo ya no es una incomodidad: es la causa de miles de muertes al año en Europa, sobre todo entre mayores de 65 años.
  • La misma temperatura mata de forma muy distinta según la región: es ya un problema de salud pública y la nueva normalidad.
  • Las infraestructuras no se calcularon para este calor; puentes, vías y autopistas empiezan a resentirse.
  • Cuidar la creación no es ecología de moda, sino un mandato de Dios que la Iglesia debe abanderar.

Se acabó la polémica

Durante años, el debate se enredó en si el cambio climático era real o no. Los negacionistas repetían que siempre ha habido años más calurosos, que todo esto es normal. Esa discusión, sostiene Jaume Llenas, ha quedado atrás. Lo que se anunciaba con antelación —que el calentamiento de la Tierra tendría consecuencias serias para los seres humanos si no se revertía— está ocurriendo.

Primero se habló de una emergencia climática, luego de una crisis y ahora de un cambio que ya provoca trastornos concretos. La pregunta ha dejado de ser filosófica. Los efectos se cuentan, y algunos se cuentan en vidas.

Un anciano se refresca ante un ventilador durante una ola de calor
El 90 % de las víctimas del calor tiene más de 65 años: «Esto ya es un problema de salud pública», advierte Jaume Llenas. (Imagen ilustrativa: Pexels)

El calor ya mata

Una cosa son las incomodidades del calor, que sufrimos todos y para las que no hay otro remedio. Otra muy distinta es la mortalidad. Existe un sistema europeo de vigilancia, el EuroMOMO (mortality monitoring), que cuenta los fallecimientos que se producen por encima de lo habitual en un periodo dado. En España lo gestiona el Instituto de Salud Carlos III. Cuando las muertes de un mes o de un día superan con mucho lo esperado, salta la alarma.

En el verano de 2003 murieron en Europa unas 72.000 personas por causas atribuibles al calor. Aquello fue un caso aislado; lo grave es lo que llega después. A partir de 2020 y 2021 los picos de mortalidad por calor se han disparado, y no solo en el sur: golpean a toda Europa occidental. Solo en Alemania, en la semana del 24 al 30 de junio, murieron 5.000 personas más de las habituales; en el conjunto de aquel episodio de finales de junio, unas 10.000. El 90 % tenía más de 65 años.

La misma ola, distinto peligro

La afectación no es igual en todas partes. Llenas compara dos provincias, Córdoba y Asturias, y el contraste es enorme: la mortalidad se dispara a los 40 grados en Córdoba y a solo 26 en Asturias. Los cuerpos se adaptan, las casas están pensadas para el calor en el sur y no en el norte. Un día de 37 grados es casi fresco en Córdoba, pero en Asturias es un día de alta mortalidad.

Eso significa que ya no hablamos de un fenómeno de un año, sino de la nueva normalidad. Es un problema de salud pública, y como tal, dice Llenas, exige medidas públicas: igual que ante una epidemia se pide protegerse, aquí habrá que tomar precauciones. Le choca ver a alguien corriendo o pedaleando a las dos o las tres de la tarde con 37 o 38 grados. «Esa persona se está poniendo en auténtico riesgo», advierte, y reclama que las autoridades actúen para proteger la vida.

Puentes y vías que se deforman

Hay un segundo efecto, menos visible pero con potencial para volverse tan grave como el primero: nuestras infraestructuras no están preparadas. Llenas se apoya en la climatóloga Katharine Hayhoe —científica evangélica afincada en Texas y embajadora climática de la Alianza Evangélica Mundial, a quien escuchó en el Congreso de Lausana celebrado en Seúl en 2024— para recordar algo elemental: los cálculos de ingeniería con los que se construyeron autopistas, puentes y edificios se hicieron para otras temperaturas, no para las de ahora.

Las consecuencias ya se ven. En Alemania, con el calor de finales de junio, algunas autopistas se abombaron; en la ciudad de Leipzig los tranvías tuvieron que dejar de circular porque las vías se habían movido y era peligroso. Puentes, viaductos o vías del AVE podrían deformarse y provocar accidentes, sencillamente porque nunca se calcularon para este escenario. Londres ya ha empezado a monitorizar todas sus infraestructuras para anticiparse.

«La gente habla de ecología; los cristianos hablamos de cuidado de la creación, porque tenemos un mandato de Dios para hacerlo así.»
Jaume Llenas
Aparatos de aire acondicionado en la fachada de un edificio
«Tenemos que aislar nuestras casas y, si hace falta, instalar aire acondicionado», propone Llenas, siempre con energía de fuentes limpias. (Imagen ilustrativa: Pexels)

Adaptarse sin contaminar más

¿Qué hacer? Llenas pide planes de contingencia rápidos y urgentes, porque las olas de calor van a ser más frecuentes, más largas y más intensas. Él mismo lo comprobó en Bretaña, una región atlántica de clima suave donde rara vez se pasa de 25 grados y donde este verano se llegaba a 36 o 37: ni las casas ni los comercios estaban preparados. Como ciudadanos, dice, toca aislar y repensar nuestras viviendas y, donde haga falta, instalar aire acondicionado.

La objeción es obvia: ¿no empeorará eso el clima? No necesariamente. Si la electricidad deja de obtenerse de fuentes contaminantes y viene del viento o del sol, y si las casas se autoabastecen con placas solares, ese consumo no tiene por qué aumentar la contaminación. Harán falta ciudades con más sombra y una vida —horarios laborales incluidos— adaptada a esta nueva realidad para poder sobrevivir en ella.

Campo de placas solares
Adaptarse sin contaminar más: viento, sol y autoabastecimiento con placas para que el consumo no dispare la contaminación. (Imagen ilustrativa: Pexels)

No es ecología: es cuidado de la creación

Aquí está el núcleo de la exhortación. La Iglesia, dice Llenas, tiene que ser mucho más consciente del mandato que Dios le ha dado de cuidar la creación. «La gente habla de ecología; los cristianos hablamos de cuidado de la creación, porque tenemos un mandato de Dios para hacerlo así». No es una etiqueta de moda, sino una responsabilidad que nace del principio, cuando Dios puso al ser humano en el huerto «para que lo labrara y lo guardase».

La imagen que deja es la de una tierra que se agita, que se revuelve contra nosotros, como si la creación gimiera. El presentador, el Pr. Lucho, añade el paisaje de estos días: los incendios de Canadá, cuyo humo llegó a oscurecer el cielo de Nueva York, y un dato que hiela: por primera vez se han medido 38 grados en el Círculo Polar Ártico. «Esto es ciencia, no son opiniones», resume Llenas. Por eso, protejámonos —y cuidemos aquello que se nos ha confiado.

Referencias

  • Génesis 2:15 (RVR1960): «Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase».
  • Génesis 1:28 (RVR1960): mandato de administrar y cuidar la tierra como mayordomía, no como dominio destructor.
  • Romanos 8:19-22 (RVR1960): «Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora».
  • EuroMOMO (European mortality monitoring) e Instituto de Salud Carlos III (sistema MoMo), sistemas de vigilancia de la mortalidad citados por Jaume Llenas.
  • Katharine Hayhoe, climatóloga y embajadora climática de la Alianza Evangélica Mundial: «Faith and the Future of Creation», Cuarto Congreso de Lausana, Incheon (Seúl), 2024 — https://lausanne.org/video/faith-and-the-future-of-creation

Temas  Cambio climático · Cuidado de la creación · Fe y ciencia · Salud pública · La exhortación

Jaume Llenas

Sobre el autorJaume Llenas (Premià de Mar, 1960) estudió Derecho en la Universidad de Barcelona y Comercio Exterior en la UNED. Es coordinador nacional de los Grupos Bíblicos de Graduados (GBU) y del Movimiento de Lausana en España, y forma parte del equipo del Taller de Predicación. Durante diecisiete años fue secretario general de la Alianza Evangélica Española. Hoy impulsa la plantación de una nueva iglesia en El Masnou (Barcelona). Apasionado de la renovación de la Iglesia y de su conexión con la sociedad y el mundo del trabajo, firma La exhortación en El Pulso de la Vida.

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