Åsa Larsson, la escritora que dejó la iglesia y no pudo dejar la Biblia | El sueño se ha acabado

El sueño se ha acabado con José de Segovia

En «Aurora Boreal», la novela que abrió el fenómeno del Nordic noir escrito por una mujer, aparece mutilado el predicador más popular de Suecia dentro de la iglesia de cristal que él mismo fundó. José de Segovia repasa la historia y se detiene en lo que la autora conoce de primera mano: la puerta de atrás por la que se sale de una congregación.

Åsa Larsson, la escritora que dejó la iglesia y no pudo dejar la Biblia | El sueño se ha acabado
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En el auge de lo que se ha dado en llamar el Nordic noir, el género negro escandinavo, hay un apellido que lo ha marcado todo: Larsson. Pero no es el de Millennium. Es el de otra Larsson, Åsa, una abogada sueca cuyo primer libro, «Aurora Boreal», lleva una cantidad increíble de ediciones en prácticamente todos los idiomas del planeta. Y su asunto, como señala José de Segovia en este programa de «El sueño se ha acabado», no es un asunto cualquiera: lo que ocurre dentro de una iglesia evangélica, en un pequeño pueblo en medio del Círculo Polar.

Ideas clave

  • «Aurora Boreal» arranca con el asesinato del predicador más popular de Suecia dentro de la iglesia de cristal que él mismo fundó en Kiruna.
  • Åsa Larsson se crió en el laestadianismo y militó cinco años en una iglesia libre carismática: no describe de oídas, lo vivió.
  • «Le echo la culpa a la Biblia», dice la autora: el Antiguo Testamento, con su sangre y su culpa, la empujó a escribir novela negra.
  • José de Segovia se detiene en «la puerta de atrás»: contamos cuántos entran en nuestras congregaciones, pero no cuántos salen ni por qué.

«Hay tormentas en el sol»: el predicador de la iglesia de cristal

El protagonista muerto es Viktor Strandgård, un predicador evangélico popularísimo que ha levantado una iglesia espectacular, con paneles de cristal desde los que se ve el cielo estrellado. Partiendo de una congregación de origen pentecostal, ha logrado atraer también a muchos luteranos —la iglesia tradicionalmente oficial de Suecia— e incluso a los bautistas de la localidad, por medio de la renovación carismática.

En la novela se cuenta lo que en la película apenas se insinúa: que Strandgård es hijo de un político democristiano, que nueve años antes sufrió un accidente de bicicleta y fue reanimado de lo que parecía una muerte segura, y que aquella experiencia le llevó a creer que había estado en el cielo, donde vio a Jesús y a los ángeles. El libro que escribió sobre ello se convirtió en un éxito enorme en Suecia. Su visión, explica José de Segovia, es que si las congregaciones se unen ocurrirán señales y prodigios: de ahí las reuniones de oración con el pastor luterano, el bautista y el pentecostal del pueblo, y de ahí esa iglesia unida cuyo nombre se traduce literalmente como «la fuente de nuestra fortaleza».

Su hermana Sanna encuentra el cadáver y la sospecha cae sobre ella. Desesperada, llama a su amiga de adolescencia, la abogada Rebecka Martinsson, que vuelve de Estocolmo a su ciudad natal dispuesta a averiguar quién es el culpable. En la investigación solo cuenta con la complicidad de una inteligente policía embarazada, Anna-Maria Mella, porque en Kiruna mucha gente tiene algo que ocultar.

La escritora sueca Åsa Larsson
Åsa Larsson, autora de «Aurora Boreal», fotografiada en Madrid. «Suelo echarle la culpa a la Biblia», dice sobre su vocación de novelista negra. Foto: Asís G. Ayerbe, CC BY-SA 3.0 (Wikimedia Commons).

La autora sabe de lo que habla

Aunque algunas descripciones de la novela hablan de una secta, no hay duda de que se trata de una iglesia evangélica, y de que la autora proviene de ese medio. «Lo conoce demasiado bien para estar hablando de algo que simplemente ha estudiado e investigado por referencias», dice José de Segovia. Ella misma lo confiesa una y otra vez en sus entrevistas: se educó en el laestadianismo, el movimiento luterano conservador que se aparta tanto del ritualismo formal de la iglesia luterana como de la mentalidad liberal racionalista en la que también cayó el protestantismo. Su abuelo era predicador; antes había sido campeón de esquí y ganado una medalla de oro olímpica en 1936.

Luego vinieron las que en Suecia llaman iglesias libres, nombre que designa a todas las congregaciones protestantes fuera del luteranismo. En una de ellas, de carácter claramente carismático, estuvo la autora ya de adulta al menos cinco años, en la década de los ochenta. Allí conoció, ha contado, a gente muy agradable y también a gente que daba miedo; había mucha represión emocional, sometimiento de muchas formas, y rozaba el fenómeno sectario.

Estamos, por tanto, ante el testimonio de alguien que ha sido evangélica y que conoce el lado más oscuro de ese mundo. Un detalle revelador: en los agradecimientos del libro reconoce toda la asesoría que ha recibido, incluso legal, a pesar de ser ella misma abogada; pero sobre los ambientes eclesiales no la informó nadie. Esos los conocía ya.

La iglesia de Kiruna, en el norte de Suecia
La iglesia de Kiruna, en la Laponia sueca. En la novela, el predicador levanta una iglesia de cristal «desde la que se ve el cielo estrellado». Foto: Arild Vågen, CC BY-SA 4.0 (Wikimedia Commons).

«Le echo la culpa a la Biblia»

En una entrevista con el productor finlandés Marko Kulmala que se escucha traducida en el programa, a Larsson le preguntan qué la llevó a escribir sobre crímenes, y a veces de forma bastante violenta. La respuesta sorprende: «Suelo echarle la culpa a la Biblia, porque de adolescente y de joven fui miembro de una iglesia libre en Suecia, y además mis dos abuelas me criaron a base de Biblia infantil. Y el Antiguo Testamento tiene muchísima sangre y muchísimo drama desde la primera página».

«Hoy ya no leemos tanto la Biblia, pero leemos novela negra —continúa—, y creo que dentro de la novela negra nos encontramos con todas esas mismas situaciones: la muerte, la culpa y el castigo, los problemas morales, las preguntas éticas. Así que no creo que haya un paso tan largo entre el Antiguo Testamento y las historias de asesinatos».

Y pone un ejemplo que vale por todo el programa: Caín y Abel. «Es una novela negra buenísima en, no sé, veintitrés frases. Ahí está todo: está ese asesinato horrible, y está también cómo intenta escaparse diciendo ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?, y Dios le responde ¿qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra. Y luego Dios se vuelve, siente compasión de Caín y le pone esa marca de protección para que nadie lo mate».

La ciudad minera de Kiruna en invierno
Kiruna en invierno, con la mina al fondo. «Todo el casco antiguo se está hundiendo por la mina», cuenta Larsson: «Kiruna es sin duda un personaje más en mis libros». Foto: Leonhard Lenz, CC0 (Wikimedia Commons).

Kiruna, «un personaje más en mis libros»

Preguntada por Óscar López en «Página Dos» (La 2, TVE) por qué toda la acción transcurre en Kiruna, Larsson responde que la violencia, la religión y las duras condiciones climatológicas de allí marcan mucho sus historias. «Kiruna es una ciudad apasionante. Está situada a unos 200 kilómetros al norte del Círculo Polar. Como autora, doy gracias a Dios por un lugar como ese para ubicar mis libros. Es una comunidad minera que se mueve debido a la mina; todo el casco antiguo se está hundiendo por la mina. Decidí convertir a mi ciudad natal en una víctima de un crimen. Kiruna es sin duda un personaje más en mis libros».

José de Segovia subraya la paradoja: en una época en la que el mundo evangélico habla de misión urbana y de la importancia de las grandes ciudades, esta historia nos traslada a lo contrario, a una aldea donde la iglesia de un predicador ha tenido una repercusión de alcance nacional.

Y ahí cambia también la temperatura del relato. La novela negra escandinava suele ser fría, casi inhumana, con personajes difíciles de acompañar, y transcurre en grandes ciudades. Al llevar a su abogada de vuelta al pueblo donde se crió, todo se vuelve más cercano: hay un ambiente más cálido, empatía, y esa policía embarazada que recuerda al Fargo de los Coen y que acaba haciendo buenas migas con la protagonista. Hay violencia en el crimen, sí, pero pesa más lo que se descubre del ser humano y de su propio corazón.

La puerta de atrás de la iglesia

«Lo que hace para mí este libro fascinante —dice José de Segovia— es que es el testimonio de una persona que ha estado un tiempo en la iglesia y luego se ha apartado. El mundo evangélico está lleno de estadísticas de cuántos llegan a nuestras congregaciones, cuántos asisten a los cultos, qué gente se ha convertido. Pero ¿qué ocurre con la puerta de atrás? ¿Con todos los que estaban y ya no están?».

Como la protagonista, y como la propia escritora, muchos viven una experiencia de conversión en la adolescencia que les hace conocer un cristianismo vivo, incluso en sociedades tan secularizadas como la escandinava. En España, recuerda De Segovia, tanto el pentecostalismo como buena parte de las iglesias bautistas nacen precisamente de la misión sueca. Y sin embargo la puerta de atrás sigue ahí.

Su diagnóstico es sobrio: la mayor parte de los que se van no rechazan el cristianismo por una cuestión intelectual. No es un argumento lo que les ha llevado a esa puerta, sino una experiencia personal. En la novela, Rebecka dice que ahora es una infiel porque los pastores y el consejo de ancianos la invitaron a dejar la congregación; y lo que descubrimos después es que el pastor que fue su maestro abusó de ella y que la que tuvo que marcharse de Kiruna fue ella.

El poder del ministerio

Lo notable, señala José de Segovia, es que el predicador muerto no es un farsante ni un manipulador que busque aprovecharse de su influencia espiritual: «es un hombre humano, lleno de contradicciones y debilidades, que sin embargo tiene una experiencia espiritual auténtica». Las miserias están alrededor, en ese círculo de ancianos con espíritu de competición que sufren la misma debilidad que su líder, y en el espíritu elitista que hace creer a una congregación que está «en el mover del Espíritu» de una manera que otros no están. Hablan, decía Lutero, como si se hubieran tragado el Espíritu de Dios con plumas y todo. Así no surge la humildad, sino la soberbia.

Cuando Larsson escribía la novela, Suecia se estremecía con el caso de Knutby: un pastor que convenció a la niñera de su hijo para que asesinara a su mujer y poder casarse así con otro miembro de la congregación. Es un caso extremo, claro, pero muestra hasta dónde se puede llegar con esa desorientación que acaba haciendo que no nos sintamos responsables de lo que hacemos.

De ahí la advertencia más dura del programa: «la obsesión que se vive en el mundo evangélico por el liderazgo no es del todo sana». Si algo enseña la Biblia es que ser utilizado por Dios no es lo mismo que conocer a Dios o servirle; la Escritura está llena de personas infieles y paganas de las que Dios se sirvió para cumplir su propósito, y eso no las hizo santas ni fieles. Muchos miran a sus pastores como ídolos, los colocan sobre un pedestal y luego dicen haber perdido la fe cuando aquellos les decepcionan; pero a quien servían en realidad era a un hombre o a una organización. Jeremías lo dijo sin rodeos: «Maldito el varón que confía en el hombre».

«Muchas veces, detrás del ansia de un ministerio de poder, lo que se busca es el poder del ministerio.»
José de Segovia

Cuando el sueño se ha acabado

El programa se cierra con la propia Larsson volviendo, una vez más, a la Biblia. «Uno lee los salmos conocidos por aquello de el Señor es mi pastor, pero si sigue leyendo un poco más, el salmista dice dichoso el que agarre a los niños pequeños del enemigo y les estrelle la cabeza contra las rocas. Y ese deseo violento ha estado siempre dentro de nosotros. Creo que de eso van las buenas novelas negras: de que la línea que separa el bien del mal no pasa entre un hombre y otro, sino justo por el medio de nuestro corazón».

La conclusión de la escritora, comenta José de Segovia, no puede ser más clara: dónde buscar el origen del mal sino en el corazón humano. Es exactamente lo que enseña la Escritura, y es a la Escritura a donde ella sigue volviendo a pesar de haber dejado la iglesia. Pero si algo dice el Evangelio es que «el buen pastor su vida da por las ovejas» (Juan 10:11). Nos hemos ido apartando poco a poco, hemos llegado a ser como ovejas descarriadas, y lo que hemos perdido es su persona y su compañía.

«Lo que Larsson y su protagonista necesitan es conocer a Jesucristo. Él es el verdadero pastor», concluye. «Esa es la realidad que encontramos cuando el sueño se ha acabado: dejamos las fantasías y las ilusiones de lado y nos enfrentamos a la realidad de nuestra vida, mirando a nuestro propio corazón, pero sobre todas las cosas a ese Dios que puede librarnos y salvarnos de nuestra triste condición».

Sobre el programa

En esta entrega de «El sueño se ha acabado» se escuchan escenas de la versión doblada al castellano de la película basada en el libro, estrenada en España en 2007 y protagonizada por la sueca Izabella Scorupco; no hay que confundirla con la producción norteamericana «Aurora Borealis», de dos años antes. Se oye también a la propia autora en la entrevista de Óscar López para «Página Dos» (La 2, TVE) y en una reveladora conversación con el productor finlandés Marko Kulmala sobre su relación con la Biblia.

Hay incluso un guiño de familia literaria: hay quien piensa que el apellido de la protagonista, Martinsson, es un homenaje a Martin Beck, el policía de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, el matrimonio que en los años setenta fundó la novela negra escandinava con fuerte crítica social.

El texto y la locución son de José de Segovia. La música es original de Daniel Panduro, autor también del diseño sonoro y de la realización técnica del programa.

Referencias

  • Åsa Larsson, Aurora boreal (Solstorm, 2003), primera novela de la serie de la abogada Rebecka Martinsson.
  • Solstorm (2007), adaptación cinematográfica sueca de la novela, estrenada en España como «Aurora Boreal» y protagonizada por Izabella Scorupco.
  • Entrevista de Óscar López a Åsa Larsson en Página Dos (La 2, TVE).
  • Entrevista del productor finlandés Marko Kulmala a Åsa Larsson (en inglés, traducida en el programa).
  • Génesis 4:9-15 (RVR1960): «¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? […] La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra».
  • Salmo 23:1 y Salmo 137:9 (RVR1960), los dos pasajes que la autora contrapone.
  • Jeremías 17:5 (RVR1960): «Maldito el varón que confía en el hombre».
  • Juan 10:11 (RVR1960): «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas».
  • Isaías 53:6 y 1 Pedro 2:25 (RVR1960), sobre las ovejas descarriadas y «el Pastor y Obispo de vuestras almas».
  • Mateo 24:13 y Marcos 13:13 (RVR1960), sobre la perseverancia como señal de la fe.
  • El caso de Knutby (Suecia, 2004), asociado en el programa al clima eclesial que describe la novela.
  • La expresión sobre quienes hablan «como si se hubieran tragado el Espíritu Santo con plumas y todo» se atribuye a Martín Lutero.
Aurora boreal sobre Kiruna, en la Laponia sueca
«Hay tormentas en el sol. Dicen que eso es lo que causa la aurora boreal. Pero yo sé que eso es la puerta del cielo», dice el predicador en la primera escena de la película. Foto: Martin Eklund, CC0 (Wikimedia Commons).

Temas  Åsa Larsson · Aurora Boreal · Novela negra · Kiruna · José de Segovia · Iglesia y abuso de poder

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José de Segovia

Sobre el autorJosé de Segovia Barrón (Madrid, 1964) es periodista, teólogo y pastor. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, estudió Teología Sistemática en la Universidad de Kampen (Holanda) y Estudios Bíblicos en la escuela de Welwyn (Inglaterra). Es pastor de la Iglesia Reformada de Madrid, en el barrio de El Salvador (Ciudad Lineal), y presidió la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española entre 2001 y 2015. Enseña en la Facultad Internacional de Teología IBSTE (Castelldefels), el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos de Barcelona, la Facultad de Teología UEBE de Alcobendas y la escuela de Welwyn. Desde 2002 firma una columna semanal en Protestante Digital y ha publicado una docena de libros sobre cine, música, arte y fe. En El Pulso de la Vida firma Al trasluz, Ruta 66 y El sueño se ha acabado.

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