En el Kaleidoscopio Dorado, Mati comparte un poema de su autoría, «Mi promesa», sobre el amor que permanece cuando llega el olvido. Un canto a la compasión y al cuidado de los seres queridos.
«Si alguna vez olvidas quién eres y yo recuerdo quién soy, tendrás un lugarcito en mi trozo de mar.» Con esa promesa abre Mati el espacio de poesía del Kaleidoscopio Dorado, dedicado esta semana a una de las formas más calladas y más altas del amor: la de quien sigue cuidando cuando el otro ya no puede corresponder.
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Cuidar cuando llegan las tormentas
El espacio arranca reconociendo que la vida «no siempre es un camino fácil»: a veces el sendero se vuelve angosto y pedregoso, y es fácil tropezar. Pero, recuerda Mati, no estamos solos. Cuidar de los seres queridos «es humano y divino»; sostener a la persona que amas aun cuando vengan las tormentas, de fuera o de dentro, es «dulzura en estado puro».
Sobre esa idea se levanta el poema «Mi promesa»: un compromiso de permanecer junto al otro aunque la memoria se apague. «Te enseñaría todas las lunas que un día cazamos juntos y te encendería las estrellas aunque estuviera nublado», promete la voz del poema, que convierte la fragilidad en un refugio compartido.
El amor que resucita el alma
La promesa no esquiva la pérdida; la habita. «Seguramente ya no podríamos escalar montañas, pero sí podríamos mirar por la ventana y soñarlas.» Frente a la tragedia, el poema reivindica el gozo como «una fortaleza» y el cariño como «el mejor refugio».
Y desemboca en una confesión sencilla: «Solo el amor es el que resucita el alma, devuelve la fe y nos recuerda que hay esperanza.» Una declaración que el espacio enlaza con la promesa de plenitud del Salmo 16.
La Palabra que sostiene la promesa
El Kaleidoscopio acompaña el poema con varios textos bíblicos sobre la compasión y el cuidado mutuo. «Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo» (Salmo 16:11); «soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor» (Efesios 4:2); «sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente» (1 Pedro 3:8).
El cierre es a la vez exhortación y despedida: no acostarse hoy sin decir un «te quiero», que la compasión y el amor viajen siempre en «nuestra pequeña mochila», cargada de gozo, paciencia, esperanza y fe. Porque, recuerda Mati, la mayor bendición de todas es abrir un poquito el corazón y dejar entrar a Jesús: «Dios hará el resto».
«Solo el amor es el que resucita el alma, devuelve la fe y nos recuerda que hay esperanza.»
Temas Poesía · Amor · Compasión · Esperanza