Betesda significa «casa de misericordia» (del arameo bet ḥesdá). Era un estanque de Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, rodeado de cinco pórticos, donde se reunían enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Allí Jesús sanó a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo (Juan 5:1-15). Durante siglos hubo quien dudó de que aquel lugar existiera; la arqueología acabó encontrándolo exactamente como lo describe el evangelio. Esto es lo que significa su nombre, lo que ocurrió allí y lo que se ha descubierto.
Lo contamos también en vídeo, con las imágenes del yacimiento y la voz del Dr. Marcelo Alesso:
Qué significa «Betesda»
El nombre procede del arameo y se suele traducir como «casa de misericordia» o «casa de gracia» — un nombre muy apropiado para un lugar donde se amontonaban los enfermos esperando ser sanados, y donde la misericordia llegó en persona. Los manuscritos antiguos del evangelio recogen variantes del nombre (Betesda, Betzata, Betsaida), y en uno de los rollos de Qumrán aparece un lugar llamado Bet Eshdatayin, «casa de los dos estanques» — un detalle que encaja de forma llamativa con lo que después encontraron los arqueólogos: no una piscina, sino dos.
Dónde estaba el estanque
El evangelio de Juan lo sitúa con precisión: «Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos» (Juan 5:2). La puerta de las Ovejas estaba al norte del templo — por ella entraban los corderos destinados al sacrificio —, de modo que el estanque quedaba a pocos pasos del lugar más sagrado de Israel: los enfermos que nadie quería ver esperaban a las puertas de la casa de Dios.
El milagro: treinta y ocho años esperando
En aquellos pórticos «yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua» (Juan 5:3). Entre ellos había un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Cuando Jesús lo vio y supo que llevaba tanto tiempo así, le hizo una pregunta desconcertante: «¿Quieres ser sano?» (Juan 5:6).
La respuesta del hombre retrata su desesperanza: «Señor, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo» (Juan 5:7). Treinta y ocho años, y ni una sola persona que lo ayudara. Jesús no lo metió en el agua: no la necesitaba. «Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo» (Juan 5:8-9). Como en la sanidad del ciego Bartimeo, Jesús se detuvo ante la persona que la multitud había aprendido a no mirar.
Era sábado, y aquella sanidad desató el conflicto con los dirigentes judíos que recorre el resto del capítulo: «Por esto los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo» (Juan 5:16).
Una nota para el lector atento: el versículo que explica que «un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua» (Juan 5:4) no aparece en los manuscritos más antiguos del evangelio, y por eso muchas Biblias modernas lo imprimen entre corchetes o lo anotan al margen. Probablemente recoge la creencia popular de la época — la que explica por qué tantos enfermos esperaban junto al agua —, más que una afirmación del evangelista.
La arqueología encontró el estanque
Durante mucho tiempo, algunos críticos sostuvieron que un estanque «de cinco pórticos» era una invención del evangelista, un símbolo sin realidad física. Pero a finales del siglo XIX, las excavaciones junto a la iglesia de Santa Ana, al norte del templo — exactamente donde Juan 5:2 sitúa la puerta de las Ovejas —, sacaron a la luz dos grandes piscinas gemelas con restos de columnatas: cuatro pórticos rodeando el conjunto y un quinto sobre el dique central que separaba ambos estanques. Cinco pórticos, como escribió Juan.
El hallazgo se convirtió en uno de los ejemplos clásicos de cómo la arqueología ha respaldado la precisión del cuarto evangelio: quien escribió Juan 5 conocía la Jerusalén anterior a la destrucción del año 70, con sus detalles topográficos exactos.
El audio: las evidencias, explicadas
El Dr. Marcelo Alesso aborda el bloque dedicado al Nuevo Testamento, y nos presenta las evidencias arqueológicas de la existencia del estanque de Betesda. Puedes escucharlo aquí:
Qué enseña el episodio de Betesda
- Jesús va hacia el que nadie ayuda. El hombre llevaba treinta y ocho años sin tener «quien lo metiera en el estanque»; Jesús fue directamente a él.
- «¿Quieres ser sano?» no es una pregunta retórica. Hay resignaciones que se vuelven identidad; Jesús empieza por despertar de nuevo el deseo.
- La sanidad no vino del agua, sino de la Palabra. El estanque era la esperanza de todos; Cristo sanó con una orden, sin tocar el agua.
- El evangelio pisa suelo real. La puerta, el estanque y los cinco pórticos estaban donde Juan dijo que estaban. La fe cristiana habla de hechos ocurridos en lugares que se pueden excavar.
Este audio pertenece a la sección Historia y Arqueología de la Biblia, en El Pulso de la Vida. Si te interesan los protagonistas de estas historias, puedes leer nuestro índice de personajes bíblicos.