Juan el Bautista

Juan el Bautista nació en el seno de unos padres justos y devotos de linaje sacerdotal en un pequeño pueblo de Judea, tradicionalmente identificada como Ein Karem, un moderno suburbio de Jerusalén.

Desempeñó un papel singular a principios del ministerio de Jesús. Cada evangelio proporciona información detallada sobre su ministerio. Juan el Bautista fue un profeta del Nuevo Testamento que habló a las personas sobre la venida de Jesús; también les dijo que tenían que
ser bautizados. Incluso bautizó a Jesús en el río Jordán. Juan sabía que Jesús había venido a la tierra para salvar a todas las personas y se aseguró de que todos los que caminaban con él lo supieran.

Los evangelios describen cómo Juan bautizó a personas que se arrepintieron de sus pecados en muchos lugares diferentes. El bautismo fue una parte muy importante del arrepentimiento, simbolizaba una renuncia a sus vidas pecaminosas y el deseo de ser incluido en el Reino del Mesías.

Juan predicó el arrepentimiento y el bautismo, fue muy crítico con los fariseos y saduceos. Profetizó de Jesúsdiciendo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mi, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; El os bautizará en Espiritu Santo y fuego”. (Mateo 3:11), y señaló a Jesús como el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo“(Juan 1:36).

La proclamación y el mensaje de Juan consistieron en tres partes: una advertencia sobre el juicio que traería el Mesías, un llamado a la gente a arrepentirse y una exigencia de que la gente muestre su arrepentimiento de manera concreta y práctica.

Muchos judíos estaban seguros de que el Mesías juzgaría y destruiría a los gentiles y a sus otros enemigos. Sin embargo, Juan el Bautista advirtió a las personas diciendo: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre….”. (Lucas 3: 8). Hizo hincapié en que la única forma de escapar de la destrucción era arrepentirse verdaderamente (Mateo 3: 2).

Juan dijo que este juicio sería hecho por el Mesías, quien bautizaría a la nación con el «Espíritu Santo y fuego» (Lucas 3:16). En el Antiguo Testamento, el fuego representaba la destrucción de la tierra al final de los tiempos (Malaquías 4: 1) y también simbolizaba el proceso de purificación (Malaquías 3: 1-4).

La venida del Espíritu Santo simbolizó la bendición de Dios que vendría durante los últimos tiempos (Isaías 32:15; Ezequiel 39:29; Joel 2:28). El juicio que predicó Juan fue doble: la destrucción inevitable para las personas no arrepentidas y una bendición para los justos debido a su arrepentimiento (Mateo 3:12).

Finalmente, Herodes Antipas detuvo, encarceló, y ejecutó a Juan.

Juan es a veces identificado con Elías (la forma griega de Elijah), como uno que prepara el camino (véase Malaquías 4:5-6). Algunos de los seguidores de Juan más tarde se convirtieron en discípulos de Jesús, y parece que otros continuaron siguiendo a Juan (Juan 1:35-42; Mateo 11:2-6; Lucas 7:18-23). Después de la muerte de Juan, los que no habían aceptado a Jesús continuaron sus actividades. Pablo puede haber tropezado con algunos de ellos en Efeso (Hechos 19:1-7).

Juan el Bautista simboliza para nosotros el final de la transición del Antiguo Testamento (o antiguo pacto) y el comienzo del Nuevo Testamento (nuevo pacto). El tiempo de la Ley y los profetas había pasado, y el tiempo del Mesías había llegado. Juan el Bautista, el último administrador legal del pacto Mosaico, tuvo un pie en cada dispensación. Jesús dijo de Juan el Bautista: “El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”. (Juan 5: 35).

No cabe duda alguna, Juan el Bautista fue único. Vistió en forma rara, se alimentó con cosas extrañas y presentó un mensaje poco usual a los habitantes de Judea que csalieron a su encuentro en regiones desoladas. Sin embargo, Juan no intentaba buscar provecho personal con su peculiaridad. El se propuso obedecer, sabía que tenía un papel específico que cumplir en el mundo: anunciar la venida del Salvador, y puso todas sus energías para cumplir la tarea.

Lucas nos dice que Juan estuvo en el desierto cuando recibió la palabra de Dios. Juan estaba listo y esperaba. El ángel que anunció su nacimiento a Zacarías dejó en claro que este niño sería nazareo, uno apartado para el servicio de Dios. Juan se mantuvo fiel a esa descripción.

Este hombre de aspecto salvaje no tenía poder ni
posición en el sistema político judío, pero habló con una
autoridad casi irresistible. La gente se conmovía con sus
palabras porque decía la verdad, los desafiaba a dejar el

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pecado y a bautizarse en señal de arrepentimiento.
Respondieron por cientos. Aunque las multitudes lo
rodeaban, no buscó ser el centro, nunca olvidó que su
papel principal era anunciar la venida del Salvador.

Las palabras de verdad que movieron a muchos al
arrepentimiento aguijonearon a otros, motivando
resistencia y enojo. Juan aun desafió al rey Herodes a que
admitiera su pecado. Herodías, la mujer con la que
Herodes se unió ilegalmente, decidió librarse de este
predicador solitario. A pesar de que lo mató, no le fue
posible detener su mensaje. Aquel al que Juan anunció ya
estaba en acción. Juan cumplió con su misión.

Dios nos ha dado un propósito para vivir y podemos
confiar que Él nos guiará. Juan no tenía la Biblia completa,
como la tenemos hoy, sin embargo, centró su vida a la luz
de lo que sabía de las Escrituras del Antiguo Testamento.
Asimismo, nosotros podemos descubrir en la Palabra de
Dios las verdades que Dios quiere que sepamos. Y a
medida que estas verdades obren en nosotros, otros irán
a Él. Dios puede usarnos a usted y a mi como lo hizo con
muchos hombres y mujeres que encontramos en la Biblia.
Debemos decirle que estamos a su entera disposición.

Puntos fuertes y logros:

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• El mensajero que Dios escogió para anunciar la
venida de Jesús
• Un predicador cuyo tema fue el arrepentimiento
• Un confrontador intrépido
• Conocido por su estilo de vida notable
• Inflexible

Debilidades y errores:
• Duda temporal acerca de la identidad de Jesús

Lecciones de su vida:
• Dios no garantiza una vida segura ni fácil a los que
le sirven
• Cumplir con los deseos de Dios es la inversión más
grande que se hace en la vida
• Defender la verdad es más importante que la vida
misma

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