Abel – El personaje Bíblico (Rosa Mariscal)

El nombre  Abel, significa «El que estaba con Dios». Es el segundo hijo de Adán y Eva. Fue asesinado por su hermano Caín, lo suyo fue el primer asesinato que ocurrió en la tierra. Es evidente que bel no se crio en el mejor de los ambientes.

Abel nació casi al principio de la historia humana. Siglos después, Jesús dijo que había vivido en el tiempo de “la fundación del mundo” (Lucas 11:50, 51). Aunque el mundo acababa de empezar, la familia humana ya vivía circunstancias muy lamentables. Adán y Eva habían sido perfectos y habían tenido ante sí la perspectiva de vivir para siempre; pero habían cometido un grave pecado, y lo sabían: Habían desobedecido el mandamiento que Dios les había dado: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén.2: 16,17). Ellos comieron, y por eso fueron expulsados del paradisíaco  jardín del Edén. (Génesis 2:15–3:24).

Sin lugar a dudas, Caín y Abel están entre los personajes más conocidos de los que presenta la Biblia, especialmente porque mantenían el lazo de hermanos, hijos del primer hombre y de la primera mujer que creó Dios, Adán y Eva,  y por el triste y trágico final de Abel, quien moriría en manos de su propio hermano Caín, a causa de la envidia que éste último tenía.

Los hermanos desarrollaban tareas distintas.  Abel era pastor de  ovejas y  Caín labraba la tierra. “ Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Dios. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Dios con agrado a Abel y su ofrenda; pero no miró a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín, y decayó su semblante” ( Gn.4:3-5)    A partir de este momento decidió matar a su hermano menor.

La Biblia no dice por qué Dios rechazó la ofrenda de Caín. ”El comentario de Matthew Henry nos dice: “1.Había una diferencia en los caracteres de ambos. Caín era un malvado, y por tanto su ofrenda era una vana ofrenda (Is.1:13). Abel era un hombre justo (Mt. 23:35) 2. Había diferencia en las ofrendas presentadas (He. 11:4). 3. La gran diferencia fue que Abel ofreció con fe.

Dios se da cuenta del enfado de Caín, y habla con él para convencerle del pecado, de la locura de la furia de sus pensamientos, y de su descontento. Dios para llevar a Caín a su buen sentido le demuestra: 1.Que no tiene ninguna razón para estar enfadado con Dios: Dios pone delante de Caín vida y bendición; muerte y maldición,  para que él escoja. 2.Le demuestra también, que no tiene ninguna razón para estar enfadado con su hermano: No es su hermano quien le ha puesto en esta situación de enfado, sino su propia envidia, su orgullo, y la maldad de su corazón ( Gn.4:6,7)

Nos podemos preguntar ¿Cómo obtuvo la fe Abel? Seguramente al ir creciendo sus hijos, Adán y Eva tuvieron que haberles contado lo que ocurrió en el jardín del Edén, y por qué fueron expulsados de allí. Así que Abel tenía mucho en que meditar.

Si algo tiene el trabajo de pastor de ovejas es que tiene tiempo para meditar, y posiblemente Abel dedicó mucho tiempo a reflexionar en asuntos espirituales. La vida de un pastor exigía caminar mucho. Conducir a sus mansas ovejas por montañas y valles, a través de ríos…, siempre buscando la  hierba más verde, los mejores abrevaderos y los lugares de descanso más protegidos. Las ovejas parecían ser las más indefensas de todas las criaturas de Dios, como si hubiesen sido creadas con la necesidad de que el hombre las guiara y protegiera. ¿Quizás, se dio cuenta Abel de que él también necesitaba guía, protección y cuidado, de alguien mucho más sabio y poderoso que él? Seguro  que sus reflexiones, se volvían en conversaciones de este tipo, con su Creador y con ello su fe  aumentaba.

Cuidando su rebaño podía mirar a la distancia donde se veía un leve resplandor. Él sabía que allí estaba una espada envuelta en llamas que giraba y giraba sin cesar, bloqueando el camino al jardín de Edén. Sus padres habían vivido allí, pero ahora ni ellos ni nadie podían entrar. Podemos imaginarnos a Abel levantando los ojos al cielo, pensando y hablando con el Creador  del mundo, del cual sus padres le habían hablado. 

La fe de Abel posiblemente  descansaba sobre tres bases:

1.La creación de Dios.

Es cierto que Dios había pronunciado una maldición sobre la tierra. “ Dios dijo al hombre: maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo” (Gn.3:17,18) Aun así, él veía que la tierra producía con generosidad para el sustento de la familia. 

Además,  Dios no maldijo a las aves, ni a los peces, ni a ninguno de los  animales;  tampoco maldijo las montañas, los lagos, los ríos,  los mares; ni el cielo, las nubes, el Sol, la Luna y las estrellas. Dondequiera que Abel miraba, veía prueba del profundo amor, la inmensa sabiduría y bondad de Dios, el Creador de todas las cosas (Romanos 1:20). Y cada vez que meditaba agradecido en la creación de Dios, su fe se fortalecía. Contemplar la creación dio a Abel base sólida para tener fe en un Creador amoroso.

2. La Palabra de Dios.

Dios dijo que la tierra produciría espinos y cardos, y Abel podía ver claramente el cumplimiento de esas palabras en los espinos y cardos que crecían. Dios dijo, a Eva: “Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos”. Y seguro que cada vez que Eva iba a tener un hijo, Abel se daba cuenta de que la palabra de Dios se cumplía. También se cumplía lo que Dios había dicho: “…Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. (Gn.3:16-19) Dios dijo, que Eva sentiría una necesidad grande, de recibir la atención y el amor de su esposo, y que Adán, a su vez, la dominaría. Y no hay duda de que Abel presenció en más de una ocasión esta lamentable realidad. Vez tras vez, comprobó que todo lo que Dios dijo  se cumplía. Por tanto, disponía de buenas razones para tener fe en la Palabra de Dios sobre la “descendencia” de la mujer, que un día arreglaría todos los males que se originaron en el jardín de Edén (Génesis 3:15).

3. Los siervos de Dios.

Dentro de su familia, Abel no encontró a nadie que fuera un buen ejemplo. Pero los seres humanos no eran las únicas criaturas inteligentes que había en la Tierra en aquel tiempo. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del jardín de Edén, Dios se aseguró de que ni ellos ni ninguno de sus descendientes pudieran entrar en aquel Paraíso terrenal. Para vigilar la entrada, apostó allí a unos querubines —ángeles de muy alto rango— y “la hoja llameante de una espada” que giraba continuamente (Génesis 3:24).

Imaginemos a Abel, mirando a aquellos querubines materializados en cuerpos humanos. No hay duda de que la apariencia de esos ángeles reflejaba su inmenso poder. Y la espada que echaba llamas y giraba sin cesar también sería sobrecogedora. ¿Vio alguna vez que los querubines se aburrieran y abandonaran su puesto? No. Día y noche, año tras año, década tras década…, aquellas inteligentes y poderosas criaturas se mantuvieron en su lugar. Abel pudo ver que  Dios tenía siervos justos y perseverantes. En los querubines vio una clase de lealtad y obediencia a Dios que no veía en su familia. Seguro que el ejemplo de estos ángeles fortaleció su fe.

Al meditar en la creación, la Palabra de Dios, y el ejemplo de los siervos de Dios, la fe de Abel se fortalecía cada vez más. ¡Cuánto aprendemos de Abel!  Con las maravillas de la creación que nos rodean, la Biblia completa a nuestra disposición y un sinnúmero de ejemplos humanos de fe, ¿qué impide que tengamos una fe sólida en Dios. Abel tuvo una fe tan ferviente y profunda que  dice la Biblia: y muerto, aún habla por ella.(Hebreos 11:4)

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