Sin miramientos

Es evidente que una gran parte de la población es xenófoba, y que para ellos cualquier musulmán o persona proveniente de los países de Liga Árabe es salafista (islamistas radicales que quieren que se viva como se hacía cuando la religión musulmana fue fundada y que no permiten ningún tipo de renovación religiosa ni de avance social). Eso explica, entre otras razones, por ejemplo, el éxito de Nigel Farage y su brexit; lo corrobora que Trump plantease un intento de reforma migratoria injusta; y también, puede servir como guinda para este tétrico pastel el 33,90% de votos que obtuvo Marine Le Pen.

Nadie debería poner en duda que el Daesh es también una protuberante lacra para la mayoría de  musulmanes. Por ello hay que diferenciar claramente entre musulmanes integristas o fundamentalistas y el resto de musulmanes. Según el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET), 744 personas fallecieron en atentados yihadistas el pasado mes de julio, y la mayoría de ellas son oriundas de países dlonde la religión mayoritaria es la musulmana. También requiere atención la destrucción del patrimonio musulmán que el Daesh está llevando a cabo. Por ejemplo, hicieron explotar la gran mezquita de Al Nuri (cuya construcción se remontaba al siglo XII) el pasado junio.

Tampoco se puede desvincular al Daesh del resto del islam, porque como dice la activista Ayaan Hirsi Ali, a diferencia del cristianismo o el judaísmo,  no ha sido reexaminado, y para mayor inri, la religión y la política en los países islamistas están ligadas.

El Daesh es un leviatán sin pudor, cruel y que práctica una violencia visceral y sin miramientos, cuya ideología es producto de una visión integrista del islam, el wahabismo. Esta forma de entender el islam la divulga y financia Arabia Saudí. Gobierno con el que Occidente aún no rompe relaciones. España tampoco.

¿Cómo derrotamos a este monstruo? Quizá a escala individual adquiriendo conocimientos del asunto, para así saber reclamar a nuestros gobiernos intervenciones que de verdad mejoren el panorama. No consiste en cerrar fronteras, sino en mejorar la cooperación entre los servicios de investigación de todos los países que quieren luchar contra el yihadismo; y parar las relaciones comerciales y la venta de armas a Arabia Saudí. Eso son sólo algunas posibles maneras de mitigar un mal que difícilmente tiene una solución real. La inoculación de ideas a través de internet, o a través de imanes retrógrados, a la que se ven sometidos muchos jóvenes que terminan siendo lobos solitarios es otro problema a parte. Quizá deberíamos pensar, como defiende el excorresponsal Ramón Lobo, en no permitir que imanes que no han sido educados con nuestros valores democráticos más férreos promulguen sus cerriles enseñanzas en mezquitas europeas.

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